En el sudeste asiático y en países como China, Japón y Corea del Sur, la contaminación por plásticos podría aumentar casi un setenta por ciento para 2050 en comparación con los niveles de 2022 si no se implementan medidas efectivas para frenar el problema. Así lo advierte un informe reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que describe a la región como un foco crítico de contaminación plástica debido a la persistencia de prácticas de gestión inadecuadas.
Según el documento, en 2022 se filtraron al medio ambiente 8,4 millones de toneladas de plásticos, una cifra que refleja la magnitud del desafío. La quema a cielo abierto y el vertido sin control continúan siendo prácticas habituales en la mayoría de los países de la ASEAN y en China, especialmente en zonas rurales, lo que agrava los impactos ambientales y sanitarios. El estudio subraya que esta contaminación afecta directamente a ríos y mares, y que las partículas de microplástico ya forman parte de la cadena alimentaria humana y animal.
Las proyecciones del organismo señalan que, de no revertirse la tendencia, en 2050 podrían liberarse 14,1 millones de toneladas anuales de plásticos al medio ambiente, con alrededor de 5,1 millones de toneladas llegando a ríos, costas y océanos. El panorama es desigual, pues mientras algunos países cuentan con sistemas más sólidos de gestión de residuos, otros carecen de infraestructura y políticas efectivas para reducir la demanda de plásticos o mejorar su reciclaje.
El crecimiento poblacional y la urbanización acelerada han sido factores determinantes en el aumento del consumo de plásticos. Entre 1990 y 2022, el uso en estos trece países pasó de 17 a 152 millones de toneladas, con más de la mitad destinada a aplicaciones de corta duración como envases y embalajes. Este patrón de consumo implica que gran parte de los productos se conviertan rápidamente en desechos, lo que explica que los residuos plásticos regionales hayan pasado de 10 a 113 millones de toneladas en ese mismo periodo.
El informe señala que más de la mitad de los plásticos utilizados en la región tienen una vida útil inferior a cinco años, lo que acelera su llegada a vertederos o su dispersión en el medio ambiente. Sin embargo, plantea que aún hay margen para actuar. Políticas ambiciosas como prohibiciones de plásticos de un solo uso, la aplicación de impuestos y el fortalecimiento del reciclaje podrían reducir el consumo en un 28 por ciento, aumentar la tasa de recuperación hasta el 54 por ciento y disminuir en un 97 por ciento la mala gestión de residuos.
En paralelo, continúan las negociaciones para alcanzar un tratado internacional jurídicamente vinculante contra la contaminación por plásticos. Esta semana se reanudaron en Ginebra las conversaciones que el año pasado en Busan, Corea del Sur, quedaron estancadas debido a desacuerdos entre los países sobre cómo limitar la producción y gestionar los desechos. El resultado de estas discusiones podría marcar un punto de inflexión en la lucha contra una de las amenazas ambientales más persistentes y globales de nuestro tiempo.













