¿El final del nearshoring? Trump amenaza con subir tarifas a México y China

Trump México

La reciente victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos ha puesto en vilo a las cadenas de suministro globales, particularmente a aquellas que dependen del nearshoring en México y las operaciones financiadas por empresas chinas. La propuesta del mandatario electo de imponer un arancel del 25% a las importaciones mexicanas, y hasta del 100% para bienes producidos en fábricas con capital chino, amenaza con desmantelar el modelo que, en los últimos años, ha redefinido las relaciones comerciales en América del Norte.

Un cambio de viento en Monterrey

En Monterrey, uno de los principales centros industriales de México, los efectos de las amenazas de Trump ya comienzan a sentirse. Durante los últimos años, esta ciudad había sido testigo de un auge de inversiones chinas motivadas por las tensiones comerciales entre Pekín y Washington. Empresas chinas, atraídas por los beneficios del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), construyeron fábricas a una velocidad vertiginosa, aprovechando que los productos fabricados en México podían entrar al mercado estadounidense sin aranceles.

Sin embargo, ese entusiasmo ha comenzado a menguar. Las delegaciones chinas que solían visitar diariamente los parques industriales de Monterrey ahora han reducido sus viajes, y muchas empresas han optado por adoptar una postura de cautela. “Trump habla mucho; depende de cómo lo haga”, comentó el gerente de una fábrica financiada con capital chino en Monterrey, quien pidió no ser identificado.

La incertidumbre no solo afecta a las empresas que ya operan en México, sino también a las que consideraban expandirse. Según Jorge Guajardo, exembajador de México en China y socio en DGA Group, las condiciones actuales desaconsejan nuevas inversiones. “Durante seis años promoví la llegada de inversiones chinas a México, pero ahora mi consejo es ‘deténganse y esperen’”, afirmó.

La paradoja del nearshoring

Curiosamente, el modelo de nearshoring que ahora enfrenta riesgos fue en parte una consecuencia directa de las políticas proteccionistas de Trump durante su primer mandato. La guerra comercial entre China y Estados Unidos empujó a muchas empresas chinas a trasladar su producción a México para eludir los altos aranceles impuestos a los productos fabricados en China. Este movimiento permitió a las empresas mantener acceso competitivo al mercado estadounidense mientras reducían costos logísticos.

Este cambio llevó al surgimiento de una nueva etiqueta: “Hecho por China” en lugar de “Hecho en China”. Sin embargo, la posibilidad de que Trump cumpla sus amenazas de imponer aranceles significativos a las importaciones mexicanas podría eliminar las ventajas competitivas del modelo, obligando a las empresas a reconsiderar sus estrategias de producción y exportación.

Aunque las tarifas propuestas son un golpe directo al comercio, sus implicaciones van más allá de los costos. La incertidumbre genera un efecto dominó en la toma de decisiones empresariales, retrasando inversiones, expandiendo plazos de ejecución y, en algunos casos, llevando a empresas a considerar otros destinos para su producción.

Además, las tensiones comerciales entre Estados Unidos, México y China no se desarrollan en un vacío. La creciente competitividad global por el dominio de las cadenas de suministro ha llevado a otros países a reforzar sus políticas de atracción de inversiones. En este contexto, el retorno de Trump al poder podría catalizar una reconfiguración de las rutas comerciales en América del Norte y Asia.

Las políticas de Trump no solo afectan a las empresas extranjeras que operan en México, sino también a la economía mexicana en su conjunto. Los aranceles propuestos podrían encarecer los productos exportados a Estados Unidos, lo que impactaría negativamente a los sectores que han impulsado el crecimiento económico en regiones clave del país. A su vez, esto podría debilitar la competitividad de México en comparación con otros países emergentes.

En términos políticos, las medidas plantean un desafío para la administración mexicana, que ha apostado por el fortalecimiento del comercio trilateral bajo el T-MEC. Además, México se enfrenta a la difícil tarea de balancear su relación con Estados Unidos, su principal socio comercial, mientras mantiene su apertura hacia las inversiones chinas, que han demostrado ser un motor de desarrollo en años recientes.

¿Un retroceso para el comercio global?

La amenaza de Trump de aumentar aranceles también se inscribe en una tendencia más amplia de retroceso en la globalización. Durante años, las economías se integraron bajo la premisa de que las fronteras comerciales debían abrirse para fomentar el crecimiento y la competitividad. Sin embargo, las tensiones geopolíticas, exacerbadas por la pandemia y las rivalidades entre potencias, han cuestionado esta narrativa.

Para las empresas chinas que buscan expandirse en América Latina, la postura de Trump es un recordatorio de que los riesgos políticos son tan importantes como los costos económicos. Y para México, el desafío será adaptarse rápidamente a un panorama comercial que parece cada vez más fragmentado e impredecible.

En última instancia, el futuro del nearshoring en México dependerá de cómo se desarrollen las políticas comerciales de Trump y de la capacidad de las empresas para sortear los desafíos que estas impongan. Lo que es seguro es que, bajo el mandato del presidente electo, el comercio trilateral enfrentará nuevas presiones, y el sueño del nearshoring podría llegar a su fin antes de lo previsto.

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