La soberanía del conocimiento en disputa: la guillotina del saber

Abstract Este artículo analiza las profundas transformaciones políticas, epistemológicas y jurídicas impulsadas por la emergencia de «la nueva tecnología oligárquica» (Goldstein, 2024), utilizando como caso de estudio empírico la operación clandestina conocida como «Proyecto Panamá» de la firma de inteligencia artificial Anthropic. Se examina cómo la destrucción física y sistemática de millones de libros para entrenar modelos algorítmicos avanzados representa una ruptura radical con el paradigma epistemológico moderno establecido por el Iluminismo, donde el saber era concebido como un bien público, universal y emancipador.

El escrito explora el impacto estructural de esta oligarquía tecnológica en el marco de la postdemocracia, sosteniendo que la privatización del espacio público y la erosión de los derechos de propiedad intelectual de los autores debilitan la capacidad de la ciudadanía crítica. Finalmente, se aborda la crisis de la soberanía estatal en la era digital, demostrando cómo las plataformas transnacionales operan bajo una lógica paraestatal que elude los marcos regulatorios locales, dejando al Estado-Nación como una cáscara vacía e incapaz de tutelar el acervo cultural y los derechos fundamentales de sus ciudadanos.

Palabras clave: Tecnología Oligárquica, Postdemocracia, Iluminismo, Proyecto Panamá, Soberanía Estatal, Propiedad Intelectual.

1. Las plataformas como oligarquías

Ariel Goldstein sostiene que empresas como Meta (Facebook/Instagram), X (ex Twitter), Alphabet (Google) y Amazon ya no operan simplemente como prestadoras de servicios de comunicación, sino como una nueva oligarquía transnacional (Goldstein, 2024). Cuando Goldstein analiza lo que denomina la nueva tecnología oligárquica, o el poder del Big Tech en alianza con sectores de la nueva derecha radical, no estudia las herramientas técnicas de forma aislada, sino como estructuras de poder concentrado que reconfiguran el espacio público y desafían la soberanía de los Estados (Goldstein, 2024).

Su poder radica en el monopolio de los algoritmos y la extracción masiva de datos, fenómeno caracterizado como el «capitalismo de plataformas» (Goldstein, 2024). Al controlar los canales exclusivos por donde circula la información, estas corporaciones tienen la capacidad unilateral de moldear las percepciones colectivas, decidir qué discursos son visibles y cuáles son censurados o cancelados.

El espacio público tradicional —que la Ilustración concibió como un foro de debate racional regulado por el derecho— ha sido privatizado. La deliberación democrática actual ocurre dentro de infraestructuras corporativas cerradas que operan bajo una lógica mercantil de maximización del engagement, es decir, la retención de la atención a través de la polarización y la indignación (Goldstein, 2024).

Goldstein (2024) desglosa este fenómeno en tres dimensiones político-estratégicas:

a. Alianza con la nueva derecha radical: El autor analiza cómo líderes del populismo de derecha a nivel global (como Donald Trump, Jair Bolsonaro o Nayib Bukele) han sabido capitalizar la arquitectura de estas redes para puentear a las instituciones tradicionales, tales como los partidos políticos, los parlamentos y el periodismo profesional (Goldstein, 2024). Las redes se convierten en el instrumento para instalar discursos de sospecha contra las instituciones del propio Estado.

b. El desafío a la soberanía estatal: Estas megacorporaciones tecnológicas actúan con una lógica paraestatal. Sus directivos, denominados los «barones digitales», acumulan un poder de veto político superior al de muchos Estados soberanos (Goldstein, 2024). Tienen la capacidad de suspender las cuentas de mandatarios en ejercicio o de alterar el flujo informativo de una campaña electoral completa sin rendir cuentas ante ningún poder judicial local.

c. La fragmentación social (efecto burbuja): El algoritmo oligárquico segmenta a los ciudadanos en cámaras de eco. Al eliminar la existencia de un suelo informativo común, se desarticula la posibilidad de construir consensos nacionales básicos, debilitando el espíritu de cohesión democrática (Goldstein, 2024).

“La soberanía del siglo XXI no se medirá únicamente por el control del territorio, sino también por la capacidad de una nación para preservar, producir y proteger su conocimiento”, GB (R) PhD. Oscar Armanelli.

2. ¿Qué fue el «Proyecto Panamá»?

El Proyecto Panamá representa la materialización fáctica, exacta y cruda de lo que Goldstein (2024) teoriza: cómo las megacorporaciones tecnológicas desafían la ley, la soberanía estatal y privatizan el acervo cultural de la humanidad.

Tal como reveló la investigación judicial desclasificada y difundida por The Washington Post, la empresa de inteligencia artificial Anthropic, creadora del modelo Claude, ejecutó una operación multimillonaria de bajo perfil denominada en código «Proyecto Panamá» (Albergotti, 2025). El objetivo interno del plan, redactado textualmente en sus documentos confidenciales, era «escanear destructivamente todos los libros del mundo» (Albergotti, 2025). Compraron millones de libros físicos de segunda mano a bibliotecas y librerías icónicas, los trasladaron a galpones industriales, les rebanaron el lomo con guillotinas hidráulicas y pasaron las páginas sueltas por escáneres de alta velocidad para alimentar y entrenar su software, destruyendo y descartando luego el papel físico (Albergotti, 2025).

Este hito encaja perfectamente en tres ejes del pensamiento de Goldstein (2024) sobre la tecnología oligárquica:

a. El desprecio corporativo por la legalidad y la soberanía estatal: Goldstein (2024) resalta que estas corporaciones operan bajo una lógica paraestatal, dictando sus propias reglas por encima de los marcos regulatorios nacionales. En el Proyecto Panamá, los documentos filtrados demuestran que la empresa sabía que su accionar era éticamente fronterizo, escribiendo explícitamente: «No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto» (Albergotti, 2025). Intentaron ampararse en vacíos legales del Fair Use norteamericano, operando en la clandestinidad informativa hasta que una demanda de derechos de autor los obligó a pagar un acuerdo de 1.500 millones de dólares (Albergotti, 2025). Esto demuestra el poder corporativo de actuar de facto por sobre la tutela legal del Estado.

b. El extractivismo cultural: En el Proyecto Panamá ocurre un proceso de extractivismo cultural latente. El cofundador de Anthropic admitió en los documentos internos que necesitaban los libros debido a que la inteligencia artificial debía aprender «cómo escribir bien» y estructurar el pensamiento humano, en lugar de imitar «la jerga de internet de baja calidad» (Albergotti, 2025). Es decir, la corporación tecnológica guillotina físicamente los libros —los soportes tradicionales del saber que el Estado promovía históricamente en las bibliotecas públicas— para encerrar ese conocimiento dentro de una matriz algorítmica de propiedad privada. El ciudadano ya no acude al texto democratizado por el Estado; ahora debe pagar una suscripción corporativa para acceder al saber procesado por la oligarquía tecnológica.

c. La afinidad con la desestatización de la cultura: Goldstein (2024) describe la afinidad de estos sectores tecnológicos con posturas antiestatales radicales y visiones extremas de mercado, las cuales guardan puntos de contacto con los principios de la Escuela Austríaca de Economía (Nogales Lozano, 2023). El Proyecto Panamá opera bajo la premisa de que el mercado privado de plataformas es más eficiente para compilar y procesar el saber del mundo que las instituciones educativas, los ministerios de educación o las universidades públicas tradicionales, justificando el desmantelamiento simbólico de la cultura escrita oficial.

3. Conclusión teórica: La episteme guillotinada en la era de la postdemocracia

El cruce analítico entre la conceptualización de la «nueva tecnología oligárquica» y la ejecución fáctica del «Proyecto Panamá» nos posiciona ante un punto de inflexión civilizatorio. No estamos presenciando una mera evolución de los soportes técnicos de la información, sino una reconfiguración radical de las estructuras del poder global, del estatuto legal del saber y de la viabilidad de las soberanías estatales.

a. El impacto en la postdemocracia y el espacio público

La privatización algorítmica de la deliberación colectiva vacía de contenido las instituciones democráticas tradicionales, transformándolas en lo que Colin Crouch define como postdemocracia: regímenes donde las formas formales del sistema (elecciones, parlamentos) permanecen intactas, pero el poder real y la dirección de la agenda pública se desplazan hacia una élite tecnocrática y corporativa transnacional.

Tal como reveló la investigación judicial desclasificada y difundida por The Washington Post, la empresa de inteligencia artificial Anthropic, creadora del modelo Claude, ejecutó una operación multimillonaria de bajo perfil denominada en código «Proyecto Panamá».

El Proyecto Panamá demuestra que la oligarquía tecnológica ya no necesita negociar consensos con las instituciones democráticas. Al operar en la clandestinidad informativa para capturar el acervo bibliográfico global, las corporaciones de Silicon Valley configuran un nuevo orden donde el debate racional es sustituido por una arquitectura mercantil diseñada para la polarización. La postdemocracia encuentra su infraestructura perfecta en estas plataformas cerradas, donde la ciudadanía es reducida a una masa de usuarios pasivos cuya atención es extraída y monetizada.

b. El quiebre con el Iluminismo y la construcción del conocimiento

La Ilustración concibió el conocimiento como un faro universal y democratizador; el saber, plasmado en el soporte físico del libro, debía ser accesible, transparente y estructurado bajo las reglas de la lógica y la validación científica mutua para emancipar al individuo del dogmatismo. La construcción del conocimiento en la modernidad era un proceso público y acumulativo.

El Proyecto Panamá rompe de manera violenta con esta tradición histórica. El acto simbólico y material de rebanar el lomo de los libros con guillotinas hidráulicas representa la destrucción del modelo ilustrado. El saber ya no se acumula en bibliotecas públicas para la lectura crítica y la emancipación humana; el saber físico se destruye deliberadamente para ser atomizado en variables matemáticas (tokens) y encerrado dentro de una matriz algorítmica de propiedad privada. Se transita de las luces del debate abierto a la caja negra del algoritmo secreto, donde la verdad ya no se descubre mediante la razón, sino que emerge como una predicción estadística probabilística controlada por una corporación.

c. La aniquilación del derecho de propiedad de los autores

Uno de los pilares jurídicos del orden republicano y liberal moderno ha sido la protección de la propiedad intelectual como garantía de autonomía del pensador frente al poder. El Proyecto Panamá atenta de forma directa contra este precepto al institucionalizar un mecanismo de extractivismo cultural pirata.

Al ampararse de manera forzada en los vacíos legales del Fair Use norteamericano para procesar millones de páginas sin el consentimiento ni la compensación a sus creadores, la tecnología oligárquica busca hacer desaparecer el derecho de autor. La justificación de las corporaciones es de un utilitarismo extremo: la necesidad técnica de entrenar el software para que «aprenda a pensar como un humano» legitima la expropiación fáctica del trabajo intelectual. Si el autor pierde la propiedad sobre su obra, se extingue la viabilidad económica de la creación independiente, subordinando la producción cultural futura al financiamiento y los estándares ideológicos de las propias megaplataformas.

d. La nueva construcción del saber y la evaporación de la soberanía estatal

¿Cómo construimos el conocimiento hoy y dónde queda la soberanía del Estado? El saber contemporáneo ya no se construye de forma descentralizada a través de la herencia escrita y las instituciones de la comunidad; se centraliza y privatiza. Construimos conocimiento delegando nuestra capacidad cognitiva en intermediarios tecnológicos artificiales. El acceso al pensamiento humano acumulado durante siglos queda mediado por una interfaz de pago que traduce, sesga y dosifica la información según los intereses comerciales y de control social de la firma propietaria.

En este escenario, la soberanía estatal queda severamente jaqueada y en vías de evaporación fáctica. El Estado-Nación moderno, delimitado por fronteras geográficas y regulado por el derecho positivo, carece de la competencia territorial y tecnológica para someter a la legalidad a corporaciones transnacionales que operan en el ciberespacio. Los barones digitales ejercen un poder de veto y una capacidad de acción unilateral —como comprar galpones clandestinos para guillotinar el patrimonio bibliográfico del mundo— que supera los mecanismos de control de los poderes judiciales locales. Cuando la infraestructura del saber, el control de los datos de la población y el monopolio de la circulación de las ideas quedan en manos de una oligarquía tecnológica privada ajena a todo escrutinio democrático, la soberanía estatal se transforma en una cáscara vacía, incapaz de tutelar los derechos fundamentales de sus ciudadanos.

«No asistimos solamente a una revolución tecnológica; asistimos a una disputa histórica por la propiedad del saber, la autonomía de los ciudadanos y la soberanía de los Estados.»

 

 

 

Referencias bibliográficas

Albergotti, R. (25 de julio de 2025). Inside «Project Panama»: How tech giants destructively scanned the world’s libraries for AI training. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com

Goldstein, A. (2024). La nueva tecnología oligárquica: Plataformas, desinformación y las transformaciones del espacio público. Editorial Debate.

Nogales Lozano, F. (2023). Construyendo una educación libre a partir de principios teóricos de la Escuela Austríaca de Economía. Unión Editorial.

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GB (R) PhD Oscar Armanelli
Ciencia Política UB
Defensa Nacional UNDEF
Profesor Universitario UA
Mg. Historia, Estrategia, Geopolítica, Ciencias Militares y Operaciones de Paz ACAGÜE Chile