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Introducción.
En el umbral del segundo cuarto del siglo XXI, el orden internacional asiste a una metamorfosis sin precedentes en la naturaleza de la competencia entre grandes potencias. Durante décadas, el Estrecho de Taiwán y el Mar del Sur de China han sido considerados el epicentro de una posible colisión cinética entre Estados Unidos y la República Popular China. Sin embargo, la coyuntura de 2026 revela que este modelo de confrontación territorial y convencional está sufriendo un agotamiento material y estratégico.
La presente investigación propone que la administración de Donald Trump ha iniciado un proceso de “Enroque Estratégico”. Ante la imposibilidad industrial de sostener una disuasión multiteatro – agravada por los frentes abiertos en Ucrania y la guerra en Irán-, Washington parece estar ejecutando un repliegue táctico en sus posiciones periféricas tradicionales, como la OTAN y la defensa convencional de Taiwán. Este repliegue no constituye un retorno al aislacionismo, sino una concentración de recursos hacia una ventaja estructural definitiva, el dominio de la inteligencia artificial biológica y la consolidación de una infraestructura nuclear en la Luna.
A través de la lente del Realismo Ofensivo de John Mearsheimer y la Teoría del Cambio Hegemónico de Robert Gilpin, este trabajo analiza cómo el espacio exterior ha dejado de ser un dominio de exploración científica para convertirse en el nuevo high ground o cima dominante. En este nuevo escenario, el equilibrio de poder no se medirá únicamente por la masa de flotas navales, sino por la capacidad de proyectar energía nuclear en el entorno cislunar y de controlar los algoritmos de frontera que redefinen la bioseguridad global.
Bajo la premisa de una “tregua del miedo”, este estudio explora si la transición hacia la frontera exosférica ofrece una vía para gestionar la rivalidad sistémica o si, por el contrario, acelera una transición hegemónica violenta hacia el horizonte de 2032.
Para ello proponemos la siguiente pregunta de investigación: ¿De qué manera la transición de una competencia cinética en el Indopacífico hacia una carrera tecnológica-nuclear en el espacio exterior altera el equilibrio de poder entre Estados Unidos y China en el horizonte 2026-2032?
Para el desarrollo del tema tomaremos para hacer nuestro marco teórico en una tríada realista confirmada por el realismo ofensivo de Mearsheimer donde el espacio como un teatro de suma cero para la hegemonía regional y global. La segunda teoría es la del Cambio de Hegemonía de Gilpin, donde la innovación tecnológica (nuclear y digital) como motor para redistribuir el prestigio y el poder mundial y la tercera es el realismo estructural de Waltz, que aborda los límites de la capacidad industrial y la vulnerabilidad de la sobreextensión (overstretch).

Nuestra hipótesis de trabajo es: “La administración Trump está ejecutando un sacrificio táctico de posiciones periféricas (flexibilización en Taiwán y tensiones con la OTAN) con el fin de concentrar recursos en una ventaja estratégica estructural (el dominio nuclear lunar y la IA). Este desplazamiento busca forzar a China a competir en un terreno donde la capacidad de innovación privada estadounidense compensa la superioridad de masa y cercanía geográfica que China posee en el Mar del Sur.”
Para su validación utilizaremos como variable independiente el desplazamiento de la frontera tecnológica (IA aplicada a la bioseguridad, propulsión nuclear lunar, inteligencia artificial táctica) y como variable dependiente la reconfiguración del equilibrio de poder (el estatus de Taiwán como moneda de cambio, la solidez de la OTAN, el control de las cadenas de suministro de tierras raras).
Proponemos estructurar el trabajo en tres apartados, el primero abordamos el agotamiento del modelo cinético, para analizar como la guerra en Irán y la escasez de interceptores Patriot demuestran que EE. UU. no puede sostener tres frentes (Europa, Medio Oriente, Asia) simultáneamente. En el segundo tratamos la luna como el “high ground” para determinar el análisis de la energía nuclear lunar no como exploración, sino como base de operaciones para la negación del espacio (A2/AD orbital) y finalmente el tercero la IA y el nuevo riesgo biológico, donde el modelo Mythos y la capacidad de transformar la biología en un arma, redefiniendo el concepto de «superioridad tecnológica.
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El agotamiento del modelo cinético: Capacidad industrial y límites de la disuasión multiteatro
Aquí analizamos la arquitectura de seguridad global de los Estados Unidos en el umbral de 2026, caracterizada por un punto de saturación operativa. Se postula que la acumulación de conflictos regionales ha degradado la capacidad de Washington para mantener una disuasión creíble en el Indopacífico, forzando un viraje estratégico hacia nuevos dominios.
El despliegue militar estadounidense en Medio Oriente, bajo la denominada Operación “Furia Épica”, ha funcionado como un sumidero de recursos críticos, afectando la disponibilidad de activos en el teatro de operaciones asiático. Según informes recientes, este conflicto ha obligado a la redistribución de grupos de portaaviones y sistemas de defensa aérea desde el Pacífico hacia el Golfo Pérsico (The Economist, 2026c).
Desde una perspectiva realista, esta situación ilustra lo que Waltz (1979) define como la vulnerabilidad estructural: el poder nacional no reside únicamente en el inventario nominal, sino en la capacidad de despliegue y sostenimiento simultáneo. La escasez de interceptores Patriot es el síntoma más agudo de este agotamiento; la base industrial de defensa no logra abastecer tres frentes activos —Ucrania, Irán y Taiwán— simultáneamente, lo que erosiona la percepción de invulnerabilidad de la potencia hegemónica.
La erosión del modelo cinético se manifiesta con particular énfasis en el Estrecho de Taiwán; la existencia de una mora en la entrega de equipamiento militar valuada en 32.000 millones de dólares (The Economist, 2026c) no constituye meramente un problema logístico, sino un dato político de primer orden.
Fraga (2026) sostiene que esta inconsistencia entre las promesas de defensa y la capacidad real de entrega debilita la ambigüedad estratégica. La decisión de la administración Trump de retrasar deliberadamente un paquete adicional de 13.000 millones de dólares sugiere una transición desde el compromiso incondicional hacia un uso de la isla como activo de negociación. En términos de Gilpin (1981), Estados Unidos estaría realizando un cálculo de costo-beneficio para evitar una guerra de desgaste convencional que su economía de guerra no puede garantizar hoy frente a un rival paritario.
Mientras Estados Unidos enfrenta una crisis de sobreextensión imperial (imperial overstretch), China ha consolidado una ventaja de concentración geográfica e industrial. Durante la vigencia de la denominada “tregua de miedo”, Beijing ha optimizado su capacidad de producción de misiles antibuque y sistemas de saturación de drones, aprovechando la cercanía de sus bases continentales (The Economist, 2026a).
Asimismo, el deterioro de las alianzas tradicionales —específicamente con la OTAN— introducido por la política arancelaria de la administración Trump (Fraga, 2026), elimina el multiplicador de fuerza que históricamente permitió a Estados Unidos delegar la seguridad regional. Sin un frente unido con Europa y con arsenales mermados por la guerra en Irán, el modelo de disuasión convencional en el Pacífico entra en una fase de obsolescencia operativa.
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La Luna como el «High Ground» estratégico: energía nuclear, disuasión orbital y la nueva frontera A2/AD
Examinamos el desplazamiento de la competencia por la hegemonía hacia el espacio exterior y se argumenta que el despliegue de infraestructura nuclear lunar no responde a un interés exploratorio científico per se, sino a la necesidad de establecer un sistema de Negación de Área y Denegación de Acceso (A2/AD) en el entorno cislunar, reconfigurando la estructura del poder mundial.
La instrucción de la administración Trump a la NASA y al Pentágono para desarrollar reactores de fisión antes de 2030 marca un punto de inflexión. Según Fraga (2026), la energía nuclear es la única alternativa viable para sostener una base permanente en el polo sur lunar, dadas las condiciones extremas y los ciclos de oscuridad que invalidan la energía solar.
Desde la teoría del cambio de hegemonía, este avance representa lo que Gilpin (1981) denomina la innovación tecnológica como motor de la redistribución del poder. Al dominar la fuente energética en la Luna, Estados Unidos busca recuperar el prestigio perdido en los conflictos cinéticos terrestres, estableciendo una plataforma logística que China todavía no puede disputar en términos de madurez tecnológica nuclear.

Frente al enfoque de infraestructura estadounidense, China ha optado por una estrategia de saturación y normativa. Beijing considera que el control de la órbita es la condición sine qua non para la superioridad en todos los demás dominios de la guerra (Fraga, 2026).
Esta postura se alinea con el realismo ofensivo de Mearsheimer (2001), quien sostiene que las potencias siempre buscarán ser el hegemón regional para asegurar su supervivencia. Para China, el espacio es su región extendida. El despliegue de decenas de miles de satélites en órbita terrestre baja (LEO) y el desarrollo de tecnologías de doble uso —como brazos robóticos capaces de desplazar satélites adversarios— son intentos claros de alcanzar una posición de fuerza que obligue a Estados Unidos a retroceder en el Pacífico (The Economist, 2026a).
Un componente esencial de la estrategia china es la dimensión normativa, a través del concepto de “Near Space”, Beijing busca crear un marco regulatorio intermedio que le permita operar con mayor libertad táctica (Fraga, 2026).
Esta guerra legal busca socavar la legitimidad de las bases estadounidenses permanentes. Como advierte The Economist (2026c), el riesgo es que el espacio se convierta en un entorno de “feckless ambiguity” (ambigüedad irresponsable), donde la falta de reglas claras facilite un error de cálculo que escale a un conflicto cinético total. La Luna y la órbita ya no son zonas neutrales, sino el nuevo centro de gravedad de la disuasión estratégica del siglo XXI.
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La Inteligencia Artificial y el nuevo riesgo biológico: El modelo Mythos como multiplicador de amenazas asimétricas
Aquí analizamos el impacto de los modelos de IA de frontera (frontier models) en la seguridad nacional. Se sostiene que la capacidad de procesamiento de datos biológicos por parte de sistemas como Mythos redefine el concepto de superioridad tecnológica, desplazando el riesgo desde la ciberseguridad hacia una bioseguridad de escala existencial.
La aparición de modelos capaces de realizar ingeniería inversa de tipos celulares a partir de datos de ADN en bruto marca el fin de la exclusividad humana en la alta investigación biológica. Según informes estratégicos recientes, la IA ha superado a los expertos humanos en tareas críticas de procesamiento de datos biológicos complejos (The Economist, 2026b).
Desde la perspectiva del realismo ofensivo, esta capacidad tecnológica no es un avance neutral. Mearsheimer (2001) argumenta que las potencias buscan constantemente ventajas que les permitan alterar el equilibrio de poder. En este contexto, el dominio de la “IA biológica” otorga una capacidad de ataque asimétrico sin precedentes, donde la síntesis de virus o la creación de neurotoxinas novedosas por parte de actores individuales o estatales, lo que diluye la eficacia de los sistemas de defensa convencionales.
A diferencia de la ciberseguridad, donde el software puede ser parcheado tras un ataque, la biología humana presenta una rigidez que impide una respuesta reactiva eficaz. The Economist (2026b) advierte sobre la ausencia de un dividendo del defensor en este campo; una vez liberado un patógeno diseñado por IA, la letalidad puede ser de escala global antes de que se desarrolle una contramedida.
Fraga (2026) vincula esta amenaza con la conducta de la administración Trump, que alterna entre la agresión retórica y la negociación táctica (ej. el caso de Irán). El riesgo radica en que el control de estas tecnologías es poroso. Los intentos actuales de capar o filtrar datos peligrosos en los entrenamientos de los modelos han demostrado ser insuficientes, ya que una IA con capacidades de razonamiento desde principios fundamentales puede deducir el conocimiento elidido (The Economist, 2026b).
La posibilidad de que un solitario misántropo o un grupo insurgente acceda a capacidades de destrucción masiva a través de modelos de código abierto (open-source) altera la premisa básica de la estabilidad internacional. Si la disuasión clásica (Waltz, 1979) se basa en actores estatales racionales que temen la destrucción mutua asegurada, la atomización del poder biológico asistido por IA invalida el cálculo de costos y beneficios.
Como consecuencia, la competencia entre EE. UU. y China en este ámbito se ha vuelto una carrera por el “control del algoritmo”. Beijing, mediante su red de vigilancia y control de datos masivos, busca una resiliencia que Occidente, con sus sistemas abiertos, encuentra difícil de replicar. La “caja negra” de las redes neuronales representa hoy el territorio más peligroso de la nueva Guerra Fría tecnológica.
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Conclusiones: La reconfiguración del poder global ante el agotamiento de la disuasión convencional
La presente investigación ha permitido identificar una transición sistémica en la competencia hegemónica entre Estados Unidos y la República Popular China. A través del análisis de la coyuntura estratégica de 2026, se concluye que el equilibrio de poder no está siendo simplemente disputado, sino redefinido en sus dimensiones fundamentales.
Se ha demostrado que el modelo de disuasión cinético de Estados Unidos padece una crisis de sobreextensión (overstretch). La incapacidad de la base industrial estadounidense para sostener simultáneamente el suministro en Ucrania, Medio Oriente y el Estrecho de Taiwán (The Economist, 2026c) confirma la tesis de Waltz (1979) sobre los límites del poder estructural cuando la logística no acompaña a la voluntad política. El “backlog” de defensa en Taiwán es la prueba empírica de que la disuasión convencional ha llegado a su límite de sostenibilidad.
El desplazamiento hacia la infraestructura nuclear lunar no constituye una carrera espacial romántica, sino una aplicación de la teoría de Gilpin (1981). Ante la vulnerabilidad en la superficie terrestre, Estados Unidos busca establecer una ventaja de prestigio tecnológico que obligue a China a renegociar las reglas del orden internacional. La Luna se perfila como la cima dominante (high ground) desde la cual se ejercerá el control de la economía y la seguridad orbital del siglo XXI (Fraga, 2026).
La convergencia entre la Inteligencia Artificial y la bioseguridad, ejemplificada por el modelo Mythos, introduce una variable de inestabilidad que el realismo clásico no contemplaba: la atomización de la capacidad destructiva. Cuando la superioridad tecnológica permite a actores individuales o grupos insurgentes acceder a armas biológicas de escala omnicida (The Economist, 2026b), la disuasión estatal pierde su anclaje racional. La competencia hegemónica es ahora una carrera por el control ético y técnico del algoritmo.
Se confirma la hipótesis de que la administración Trump está dispuesta a realizar concesiones tácticas en teatros periféricos o tradicionales (como la OTAN o Taiwán) a cambio de consolidar un monopolio en las tecnologías de ruptura. China, por su parte, apuesta a la resiliencia y a la saturación orbital para neutralizar esta ventaja. En este escenario, la estabilidad global de los próximos años no dependerá de un gran pacto, sino de la capacidad de ambas potencias para gestionar una “tregua de miedo” mientras se redefinen los límites de lo humano, lo terrestre y lo soberano.
En el marco de la Ciencia Política y la estrategia de Defensa, la validación no es meramente estadística, sino que se basa en la congruencia empírica (los hechos que vemos en las noticias de 2026) y la inferencia lógica. Recordemos que las variables eran: variable independiente (VI): desplazamiento de la frontera tecnológica (IA Biológica, Energía Nuclear Lunar) y la variable dependiente (VD): reconfiguración del equilibrio de poder (Estatus de Taiwán, fragilidad de la OTAN), donde podemos observar que a medida que aumenta la inversión y el foco en la VI, se produce un cambio proporcional o un «sacrificio» en la VD, la hipótesis se considera validada.
Trump visita China para su primera cumbre con Xi Jinping desde 2017
Comencemos con la prueba de congruencia basada en tres puntos:
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El sacrificio de la capacidad cinética (VD)
Los datos de The Economist (2026c) sobre el retraso de $32.000 millones en armas para Taiwán y los ataques de Trump a los aliados de la OTAN (Fraga, 2026) validan que el compromiso con el orden tradicional está disminuyendo. ello nos lleva a validar que el sistema estadounidense está aceptando una degradación en su capacidad de defensa convencional terrestre.
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La apuesta por la ventaja estructural (VI)
Simultáneamente, la instrucción de Trump para instalar reactores nucleares en la Luna y el presupuesto de $30.000 millones para la NASA/Pentágono validan el desplazamiento hacia la nueva frontera tecnológica, ello nos valida que hay un flujo de capital y voluntad política que se mueve desde la superficie (fuerzas terrestres/navales dispersas) hacia el dominio tecnológico-espacial.
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La IA como el «game changer«
La existencia del modelo Mythos y su capacidad para guiar a novatos en laboratorios biológicos (The Economist, 2026b) valida que la tecnología ha alcanzado un punto de ruptura. Esto justifica por qué una potencia preferiría negociar Taiwán, ello está dado porque en un mundo de IA biológica, el control de una isla geográfica es menos relevante que el control del código genético y algorítmico.
La hipótesis se valida positivamente, por los hechos de mayo de 2026 donde demuestran que Estados Unidos no puede mantener el equilibrio cinético (por falta de masa industrial y sobreextensión). De esta forma Estados Unidos elige no priorizar la resolución de ese conflicto convencional, apostando a una asimetría tecnológica que le devuelva la hegemonía mediante el control del espacio y la IA.
Estamos ante un enroque estratégico; Trump sacrifica’peones territoriales (Taiwán/OTAN) para posicionar su reina tecnológica (IA/Nuclear Lunar) en el tablero global del 2030. Basado en el rigor de la teoría realista y los datos de mayo de 2026, la apreciación más ajustada es la siguiente: no se debe esperar un acuerdo de paz duradero ni un retorno al libre comercio, sino una gestión de la desconfianza. La reunión próxima entre Trump y Xi será un ejercicio de realismo transaccional donde ambos líderes buscarán ganar tiempo:
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Trump intentará proyectar una victoria política mediante compromisos de compra (carne, soja, aviones) para calmar su base interna, mientras en secreto utiliza a Taiwán como moneda de cambio para frenar el avance tecnológico chino.
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Xi Jinping buscará estabilidad y predictibilidad para seguir fortaleciendo su autonomía en semiconductores y su despliegue en el «Near Space«, evitando una escalada arancelaria mientras EE. UU. esté distraído en el Golfo Pérsico.
En resumen, se espera una tregua técnica cosmética. El conflicto no se resuelve, solo se traslada de la superficie terrestre (aranceles y barcos) hacia la infraestructura invisible del futuro (la Luna y la Inteligencia Artificial). Como diría Mearsheimer, es el comportamiento típico de dos grandes potencias que se preparan para una competencia de suma cero.
Referencias bibliográficas
Fraga, R. (9 de mayo de 2026). Estados Unidos y China miran al largo plazo: Washington y Beijing aceleran la competencia por la supremacía en el espacio y la tecnología nuclear lunar. Infobae. Disponible en: https://www.infobae.com/opinion/2026/05/09/estados-unidos-y-china-miran-al-largo-plazo/
Gilpin, R. (1981). War and Change in World Politics. Cambridge University Press.
Mearsheimer, J. J. (2001). The Tragedy of Great Power Politics. W. W. Norton & Company.
The Economist. (9 de mayo de 2026a). Not so great expectations: Avoiding a grand breakdown is now the best thing on offer. The Economist, 459(9492), 18-20. Disponible en: https://www.economist.com/weeklyedition/2026-05-09
The Economist. (9 de mayo de 2026b). Petrifying dishes: AI will soon add biology to its list of superhuman abilities. The Economist, 459(9492), 13-14. Disponible en: https://www.economist.com/weeklyedition/2026-05-09
The Economist. (9 de mayo de 2026c). Pacific insecurity: We need to talk about Taiwan. The Economist, 459(9492), 20-21. Disponible en: https://www.economist.com/weeklyedition/2026-05-09
Waltz, K. (1979). Theory of International Politics. McGraw-Hill.
GB (R) PhD Oscar Armanelli
Ciencia Política UB
Defensa Nacional UNDEF
Profesor Universitario UA
Mg. Historia, Estrategia, Geopolítica, Ciencias Militares y Operaciones de Paz ACAGÜE Chile










