Tailandia, la economía más expuesta de Asia a la crisis de Ormuz

El cierre del estrecho de Ormuz no golpea a todas las economías asiáticas por igual. Entre las grandes naciones del Sudeste Asiático, Tailandia ocupa el lugar más vulnerable: es el país de la región con mayor déficit energético en proporción a su economía, y la crisis desatada por el conflicto en Medio Oriente lo expone de manera simultánea en tres frentes: energía, agricultura e industria.

La peor posición de la región

Según análisis de Nomura, Tailandia tiene el mayor nivel de importaciones netas de petróleo en Asia, equivalentes al 4,7% de su PIB, y cada aumento del 10% en el precio del crudo deteriora su cuenta corriente en 0,5 puntos porcentuales. Medido en términos de déficit energético como porcentaje del producto interno bruto, encabeza el índice regional con un 7,4%, por delante de Corea del Sur con 5,7%, Singapur, Vietnam y Taiwán. Desde el inicio del conflicto, su bolsa acumula una caída del 10,7%.

El país no produce petróleo en cantidades suficientes para cubrir su demanda interna. Su producción de crudo se ubica en torno a los 158.000 barriles diarios, cifra muy inferior a su consumo real, que históricamente supera el millón de barriles por día. La diferencia se cubre con importaciones, en su mayoría originadas en el Golfo Pérsico y transportadas precisamente por Ormuz.

Agricultura bajo amenaza

El impacto no se limita al combustible. Tailandia depende del estrecho de Ormuz para el 70% de sus importaciones de urea, el fertilizante clave para su producción agrícola. Se trata de una vulnerabilidad estructural que pocos análisis incorporan: un país que figura entre los mayores exportadores mundiales de arroz, caucho y productos alimenticios procesa su producción con insumos que llegan por la misma ruta bloqueada. El encarecimiento o la escasez de fertilizantes tiene un efecto en cadena que puede extenderse durante meses, mucho después de que los precios del crudo se estabilicen.

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Medidas de emergencia

El gobierno tailandés reaccionó con rapidez, aunque con recursos limitados. Ante la imposibilidad de cubrir la demanda con fuentes habituales, reactivó centrales eléctricas de carbón que permanecían fuera de servicio, una decisión que sacrifica los compromisos ambientales del país en nombre de la estabilidad energética inmediata. En paralelo, impulsó iniciativas de teletrabajo para funcionarios públicos como medida de ahorro de combustible. A fines de marzo, estaciones de servicio comenzaron a cerrar por falta de gasoil en distintas partes del territorio.

El cuadro recuerda, en escala menor, lo ocurrido durante la crisis energética de 2021, pero con una diferencia cualitativa: en aquel momento se trataba de un problema de precios; ahora es de disponibilidad física.

Industria y tecnología en alerta

Los sectores más vulnerables son los de productos químicos, petroquímicos, electrónica, piezas de automóviles y algunos productos agrícolas procesados, precisamente los rubros que sostienen las exportaciones tailandesas y su integración en las cadenas de valor regionales. Las proyecciones del sector privado estiman que la economía tailandesa crecerá apenas entre 1,6% y 2% en 2026, frente al 2% registrado en 2025, con muchas industrias operando por debajo del 60% de su capacidad instalada.

La crisis de Ormuz convierte a Tailandia en un caso de estudio sobre la fragilidad energética de las economías exportadoras del Sudeste Asiático: países que construyeron décadas de crecimiento sobre cadenas de suministro globales ahora descubren que esas mismas cadenas pueden cortarse en un punto geográfico que queda a miles de kilómetros de sus fronteras.

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Co-fundador de Reporte Asia.