El gobierno surcoreano activará esta semana un tope máximo al precio de la nafta, una medida sin precedentes desde la liberalización del mercado de combustibles en 1997 que genera debate sobre sus efectos en refinadoras, estaciones de servicio y consumidores.
El gobierno de Corea del Sur implementará esta semana un techo al precio de los combustibles, en lo que constituye la primera intervención directa del Estado en los precios de mercado desde la liberalización del sector en 1997. El mecanismo, contemplado en la Ley de Negocios de Petróleo desde 1970 pero nunca antes activado, tomó forma ante la escalada del precio de la nafta, que pasó de 1.693 won por litro el 28 del mes pasado a 1.907 won esta semana. El Ministerio de Comercio, Industria y Recursos trabaja a contrarreloj para establecer la reglamentación, aunque los detalles operativos aún no están definidos.
Cómo se fijará el precio máximo
El director de la Oficina de Políticas de la Presidencia, Kim Yong-beom, adelantó que el gobierno evalúa recalcular el tope cada dos semanas, siguiendo el modelo croata. El precio máximo se calcularía tomando el promedio reciente del mercado spot de Singapur —referencia para las transacciones de productos petroleros en Asia— y sumándole un margen fijo.
Un punto crucial aún sin resolver es si el tope se aplicará a los precios mayoristas de las refinadoras o a los precios minoristas de las estaciones de servicio. Controlar solo el mayorista preserva la autonomía de más de 10.000 estaciones, pero dificulta el impacto directo en el bolsillo del consumidor. Controlar el minorista estabiliza el precio final, pero presiona las finanzas de los pequeños operadores. El gobierno inclinaría la balanza hacia el control mayorista para aliviar los costos de las estaciones.
Lecciones del exterior y efectos no deseados
La experiencia croata es el principal punto de referencia. Allí, el tope bimestral se aplicó al 94% de las estaciones y comprendió tanto precios mayoristas como minoristas, sin compensaciones adicionales para refinadoras ni operadores. El resultado fue que varias estaciones suspendieron temporalmente sus actividades en protesta.
En Rumanía, en 2021, los retrasos de meses —y eventualmente más de un año— en las compensaciones gubernamentales durante un esquema similar generaron crisis de liquidez en los proveedores, una advertencia que los operadores surcoreanos ya comenzaron a citar.
Son Yang-hoon, profesor emérito de la Universidad de Incheon, advirtió que aislar las pérdidas atribuibles a la política de precio de otras variables del mercado —fluctuaciones del crudo, márgenes de refinación, costos de inventario— es prácticamente imposible, lo que complica enormemente el diseño de un esquema de compensación justo.
Riesgos de desabastecimiento y distorsiones
Economistas alertan sobre efectos secundarios. Si las refinadoras deben vender localmente a precios regulados mientras importan crudo caro, podrían desviar volúmenes hacia mercados externos. El gobierno prevé contrarrestar esto con regulaciones de abastecimiento obligatorio, aunque los críticos señalan que estas medidas no evitarían reducciones en la producción.
El profesor Seok Byung-hoon, de la Universidad Ewha, planteó que las refinadoras podrían reducir tasas de utilización para evitar pérdidas, y reclamó medidas de mediano y largo plazo: diversificación de rutas de importación e incentivos económicos para que las empresas prioricen el mercado doméstico sobre las exportaciones.
También hay cuestionamientos de equidad: el profesor Yoo Seung-hoon, de la Universidad Nacional de Ciencia y Tecnología de Seúl, señaló que los fondos de compensación provienen de impuestos, lo que implica que quienes no usan automóvil terminarían subsidiando a quienes sí lo hacen.
Co-fundador de Reporte Asia.














