El concepto de conflicto global segmentado propone un ejercicio de descripción. El mismo puede desagregarse en tres grandes espacios que proyectan inseguridad sobre el sistema internacional, diferenciables según indicadores de riesgo en niveles de crisis, conflicto y guerra.
El conflicto Euro-Atlántico – Euroasiático con espacio de batalla en Ucrania y potenciales áreas de contacto militar entre Rusia y la OTAN, es el más peligroso; el área Asia-Indo-Pacífico es el espacio potencial de decisión; y las regiones de conflicto permanente en Medio Oriente, son las de mayor inestabilidad. En conjunto, conforman los planos segmentados de este escenario de conflicto global. Los cuadros de conflictos armados severos, casos de las Guerras Mundiales del siglo XX, modelos de guerrassistémicas masivas, fueron resultado de la agregación de conflictos regionales.
En Medio Oriente convergen siete ejes de conflictos:
El estado de guerra interna en el Islam derivado de la fractura histórica del mismo entre sunnitas y chiítas, que se conecta con los frentes de guerra de la Jihad sunnita contra aliados occidentales (redes sobrevivientes de Al Qaeda y del Estado Islámico), y los frentes de la Jihad chiíta contra Occidente. Las manifestaciones del antagonismo entre Irán y los Estados Árabes del Consejo de Cooperación Golfo, dan estructura a la geografía regional del conflicto.
Antagonismo dominante, el nuevo libro de Héctor Arrosio y Sergio Skobalski
Las microguerras entre Israel y Actores No Estatales Violentos (Hezbollah, Hamas, Hutíes, milicias chiítasiraquíes sostenidas y armadas por Irán), con riesgo de desborde regional, constituyeron los aceleradores de la estrategia de guerra proxy de Teherán contra Tel Aviv, que entre 2023 y 2025 escalaron al estado de guerra entre Israel e Irán. Haciendo visible una lucha armada encubierta iniciada en la década de 1980.
El área geoestratégica de indeterminación está dada por la lucha política en Siria y por las dinámicas del Espacio de Batalla Siria – Irak, donde aún se desarrolla la Operación Inherent Resolve liderada por EEUU. Normalmente donde hay una operación militar abierta, hay operaciones encubiertas, precedentes y paralelas de distinto alcance.
Las prácticas de conservar a enemigos A para que combatan a enemigos B, perfeccionar operaciones F3EA (Find-Fix-Finish, Exploit, Assess: Buscar-Arreglar-Eliminar, Explotar y Evaluar) para decapitación de organizaciones terroristaso cúpulas de comando de orden de batalla estatales; y seguir jugando con los enfoques de disgregación del oponente, implican estrategias que, a veces, se salen de control.
Estos cursos de acción fueron aplicados entre 2011 y 2018 en el espacio Siria-Irak: los resultados fueron la irrupción letal del Estado Islámico; la intervención de Rusia en apoyo de al-Assad y la expansión de expansión de la influencia militar de Irán hasta 2024. La historia reciente demuestra que, la respuesta de los actores regionales puede variar, desde acciones de terrorismo expedicionarioa ataques de microactores de impacto masivo que produjeron masacres en grandes áreas urbanas: Buenos Aires 1992 y 1994; Nueva York y Washington 2001; Madrid 2004, Londres 2005; Bombay 2008; y París 2015, por citar los casos más emblemáticos.
El “ataque de terminación” de EEUU contra el Programa Nuclear Iraní paralizó la dinámica del conflicto, generandoun efecto de disuasión de supremacía sobre los actores regionales y los actores euroasiáticos, aliados y socios de Irán, caso de Rusia, China y Corea del Norte, este último de histórica gravitación en el desarrollo del programa misilístico de Teherán. No obstante, manejar conceptos no implica dominar conflictos armados: el “ataque de terminación” podría ser condicional y provisorio.
La disuasión de supremacía implica combinar voluntad de escalada con elección racional de contención. Los resultados están en proceso de evaluación, y la dinámica de la confrontación puede definirse como en estado de espera militar y trayectoria con espacios de incertidumbre.Colocada en perspectiva, la denominada “Guerra de los Doce Días” es una confrontación inconclusa.
Las capacidades expedicionarias de EEUU sobre la región con el despliegue permanente de unidades del Comando Central, y el apoyo directo de los Comandos Europa e Indo-Pacífico, funcionan como una variable de decisión temporaria. La resultante no es la estabilidad regional sino la profundización del torbellino de violencia y a la vez el control de la tensión del conflicto. En tales condiciones no es posible un escenario de normalidad geopolítica.
En el caso de Irán aplica un compás de espera, reagrupación de activos estratégicos, cursos de acción retenidos de terrorismo expedicionario, y la continuidad deldesarrollo clandestino nuclear y misilístico. La probabilidad de que Irán se retire del Tratado de No Proliferación Nuclear implicaría la decisión política de acelerar el proceso para alcanzar el objetivo militar de desarrollar armas atómicas en el corto plazo. Tal decisión abriría en Medio Oriente el temido escenario de “Cuarto Régimen Nuclear”.
Cirus Vance, quien fue secretario de Estado de los EEUU durante la Administración Carter, lideró un equipo de investigación de desarrollos estratégicos prospectivos,sobre diagnósticos y escenarios de proliferación y confrontación nuclear, que sirvieron de base a las políticas de estado futuras. Se establecieron cuatro Regímenes Nucleares.
Geopolítica de la disonancia: la OTAN frente a los nuevos ejes de inestabilidad
El “Primer Régimen Nuclear” era el del equilibrio de capacidades propio de las superpotencias durante la Guerra Fría. El “Segundo Régimen Nuclear” apuntó a generar instituciones de control, regulación y restricción para reducir la dependencia respecto de las armas nucleares y desarrollar políticas de contraproliferación. Este escenario desarrollado durante los ’80 y los ’90 del pasado siglo, debía abrir paso al “Tercer Régimen Nuclear”: el de la eliminación gradual de los arsenales nucleares.
El peor escenario prospectado fue el de un “Cuarto Régimen Nuclear” caracterizado por la proliferación de los arsenales nucleares, la desarticulación de las instituciones internacionales de control, y la nuclearización regional. Proliferación nuclear fuera de control e incentivos de voluntad de escalada, serían los conceptos centrales de este escenario. La Administración G.W. Bush contempló este riesgo en 2006, cuando evaluó que el costo de un ataque al programa nuclear de Irán, sería menor al costo de un Irán con armas nucleares. Evaluación que se tradujo en planificación de opciones militares, sin decisión política para su ejecución, hasta 2025, con el ataque limitado de la Administración Trump.
El “Cuarto Régimen Nuclear” en Medio Oriente implicaría que no sólo Israel e Irán estarían equipados con armas atómicas, sino que Arabia Saudita y Turquía reclamarían un derecho similar. Actualmente Arabia Saudita postula por la desnuclearización regional, pero Riad tiene antecedentes de posiciones opuestas como respuesta enfrentar un escenario de Irán con armas nucleares. Al respecto cabe destacar que las Fuerzas Armadas Sauditas poseen, desde fines de la década de 1980 y gestionada en estricto secreto, una fuerza de misiles de alcance medio DF-3 e intermedio DF-21 suministrados por China, lo cual significa que en caso de adquirir armamento nuclear cuenta con los vectores necesarios para su uso militar.
Este escenario, denominado también “Mundo Proliferante”, contemplaba un potencial encadenamiento regional, donde actores con capacidades potenciales para desarrollar armas nucleares desarrollarían contextos para las decisiones políticas habilitantes: Alemania en Europa; Japón y Corea del Sur en el Nordeste Asiático; Australia en el Indo-Pacífico; Brasil en América del Sur. La variación concomitante de mayor peligrosidad trascendía a los Estados, era la evaluación de un escenario donde actores no estatales accedían a la posesión de armas nucleares.
Este riesgo real tiene un test actual y decisivo en Medio Oriente, y la urgencia de un nuevo consenso e impulso político internacional a las instituciones históricas de control y a las políticas de contraproliferación: el Tratado de No Proliferación Nuclear y los cinco sistemas de control, el Comité Zanger de 1971, el Grupo de control de Suministros Nucleares, el Grupo Australia, el Régimen de Control de Tecnología Misilística, y el Acuerdo Wassenaarde control de tecnologías de uso dual.
Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Lic. en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino. Asimismo, es miembro del Consejo Asesor Académico de la Facultad del Ejército, es profesor en el doctorado en Defensa de dicha entidad, profesor invitado en la Universidad de Cuyo y de la Universidad Católica de Córdoba, e integra el Consejo Asesor de la Fundación CIEPEI (Centro de Investigación en Estudios Políticos Económicos e Internacionales).
Magister en Ciencia Política por la Facultad de Derecho y Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.















