Cuando el calor del verano japonés se vuelve sofocante, la gastronomía del país ofrece alternativas refrescantes y originales. Entre ellas, destaca el nagashi somen, una experiencia culinaria en la que los fideos deben ser atrapados con palillos mientras flotan en una corriente de agua.
Este peculiar estilo de comer somen, un tipo de fideo fino de trigo, ha llamado la atención tanto de locales como de turistas ya que, además de ser una experiencia gastronómica, resulta un momento de particular entretenimiento.
Orígenes y características del somen
Antes de adentrarnos en el mundo del nagashi somen, es importante conocer su base: el somen. Se trata de un fideo blanco y muy delgado hecho con harina de trigo, con un diámetro inferior a 1.3 mm.
Su cocción es rápida y suele servirse frío con un caldo ligero conocido como tsuyu, que combina sabores de salsa de soja, cebolleta, jengibre y katsuobushi (escamas de bonito seco). Durante el verano, incluso se acostumbra a enfriarlo con hielo.
Existen otras variedades de fideos similares, como el hiyamugi, más grueso que el somen, y el udon, mucho más robusto. La principal diferencia entre ellos radica en el proceso de elaboración: mientras que el somen se estira, el hiyamugi y el udon se cortan. Esta distinción, aunque sutil, define la textura y el método de consumo de cada tipo de fideo.

La experiencia del nagashi somen
El nagashi somen (que en español se traduce literalmente como «fideos somen que fluyen») sin dudas lleva la experiencia de comer fideos a un nivel completamente nuevo.
La dinámica es simple: los fideos se sueltan en una corriente de agua fría que fluye a través de un canal de bambú. Los comensales, armados con palillos, deben atrapar los fideos antes de que sigan su camino corriente abajo. Una vez capturados, los sumergen en el caldo tsuyu y los degustan de inmediato.
Esta es una tradición antigua que no solo resulta divertida, sino que también permite disfrutar de los fideos en su estado más fresco. La corriente de agua mantiene el somen a una temperatura ideal y evita que se pegue. Sin embargo, requiere cierta destreza: si no se es rápido con los palillos, los fideos pueden escapar y terminar en el plato del vecino.

Dónde disfrutar del nagashi somen
En Japón, muchos restaurantes y destinos turísticos ofrecen nagashi somen, especialmente en verano. Uno de los lugares más icónicos para disfrutarlo es Kibune, un pequeño pueblo en las montañas al norte de Kioto. En este idílico paraje, los restaurantes se encuentran junto al río Kibune-gawa, lo que le permite a los comensales disfrutar de la brisa y el sonido del agua mientras atrapan sus fideos. Seguramente, sentarse en un tatami a pocos centímetros del agua es una de las experiencias más relajantes del viaje a Japón.
Otro destino famoso es Ibusuki, en la isla de Kyushu, conocida por sus baños de arena volcánica y sus restaurantes en plena naturaleza. Entre ellos, destaca Tosenkyo, un establecimiento que popularizó el nagashi somen en 1962. En este lugar, los fideos flotan en agua proveniente del manantial Tosenkyo Kyoden Yusui, que emana a unos refrescantes 13 grados. La pureza y frialdad del agua potencian la experiencia y en los alrededores se encuentra un santuario donde los visitantes agradecen a los dioses por la bendición de contar con un manantial de agua ideal para esta tradición.

Nagashi somen en casa
Aunque la experiencia en un restaurante es incomparable, muchos japoneses recrean el nagashi somen en casa durante el verano. Para ello, instalan un canal inclinado de bambú en el jardín o incluso en la calle.
Un chorro de agua fría fluye por la estructura y un «maestro de ceremonias» se encarga de soltar puñados de fideos previamente cocidos en la corriente. Los participantes se colocan a los lados del bambú, provistos de palillos y un cuenco con tsuyu, listos para capturar los fideos al vuelo.
Además, para aquellos que no cuentan con espacio para un canal de bambú, existen pequeñas máquinas domésticas que crean una corriente circular de agua.













