Organizar un evento no se trata simplemente de proporcionar comida y un lugar; es una oportunidad para comunicar cuidado, respeto y atención al detalle. Uno de los aspectos más cruciales de la planificación de eventos es el arte de colocar cada uno de los instrumentos necesarios para el evento y crear mesas para cada momento en particular.
Esta tarea aparentemente cotidiana es, de hecho, un lenguaje no verbal que dice mucho sobre las intenciones del anfitrión, la naturaleza del evento y la consideración por los invitados.
Una mesa para cada momento
El tipo de evento a menudo dicta cómo se organiza una mesa. Una gala formal requiere una configuración elaborada con múltiples platos, mientras que una reunión informal puede optar por una disposición más simple y relajada. Comprender los matices de cada disposición garantiza que el ambiente se adecue perfectamente al propósito del evento.
En un entorno formal, la mesa es un poco más sobria y fina, donde se deben evitar colores fuertes. En estas ocasiones es mejor recurrir a colores más oscuros, que denoten y remarquen la seriedad del encuentro.
En este sentido, en este tipo de circunstancias la porcelana, el cristal delicado y una variedad de cubiertos se organizan meticulosamente. Cada pieza tiene su lugar designado, creando una elegante puesta en escena.

Por otro lado, una disposición informal debe abrazar la simplicidad. Se suele buscar que el montaje desprenda una sensación de comodidad y relajación, permitiendo a los invitados apreciar del encuentro y disfrutar de la compañía Para este tipo de encuentros, que están caracterizados por situaciones amistosas y familiares, se recomiendan colores vivos e incluso se pueden acompañar con decoraciones florales relajadas.
La disposición de los elementos
A la hora de montar una mesa, se debe partir de la premisa de la funcionalidad. Es decir, cada elemento debe ser útil y debe estar predispuesto en el lugar indicado para cumplir su rol. Se debe evitar que los invitados se sientan incómodos producto de la distribución de las cosas en la mesa.
Luego de resolver la funcionalidad, debemos pasar a lo estético. En lo ideal es recomendable que cada una de las cosas y utensilios predispuestos en la mesa pertenezcan a una misma colección. En caso de que no sea posible, se debe buscar que los elementos tengan similares características de diseño, colores y estética.
En síntesis, la funcionalidad y la estética no las podemos pensar por separado. Estas dos características son claves para generar el ambiente específico que estemos buscando en crear en cada uno de nuestros encuentros.
Costumbres culturales y consideraciones
Los diseños e influencias de las colocaciones de mesa trascienden la mera estética; también respetan las costumbres culturales y regionales. Reconocer estos matices es una muestra de sensibilidad cultural e invita a los invitados a sentirse a gusto, sabiendo que sus tradiciones son reconocidas y respetadas.
En culturas asiáticas, por ejemplo, la ubicación de palillos y la disposición de platos tienen un gran significado simbólico. De manera similar, en las culturas occidentales, la disposición de utensilios indica el progreso de la comida. Al adherirse a estas costumbres, los anfitriones demuestran un profundo respeto por la herencia de sus invitados y crean un ambiente inclusivo.

Así también, la distribución de los lugares asignados para cada uno de los invitados adquiere gran relevancia. De hecho, en la cultura asiática, el respeto por las personas de mayor edad o incluso la superioridad jerárquica se ven reflejadas en la distribución de los asientos para el encuentro.
Los colores y la comunicación
Más allá de los elementos tangibles, los esquemas de color desempeñan un papel vital en la transmisión del estado de ánimo y el tema del evento. Los tonos pasteles suaves evocan la frescura de la primavera, mientras que los tonos profundos sugieren el calor del invierno.
En cambio, los colores vibrantes preparan el escenario para la celebración, mientras que los tonos apagados crean una atmósfera de sofisticación y moderación. La cuidadosa selección de colores transforma la mesa en una armonía visual, complementando las ofertas culinarias y estableciendo el tono para el evento. Es una forma sutil pero poderosa de expresión que comunica a los invitados de manera muy significativa..
No es solo “poner la mesa”
En el ámbito de la planificación de eventos, la colocación de mesas es a menudo una forma pasada por alto pero poderosa de expresión. Comunica hospitalidad, atención al detalle y sensibilidad cultural. Crea un ambiente donde los invitados no solo se sienten bienvenidos, sino también apreciados.
La disposición de platos, cubiertos y copas es más que una consideración práctica; es una forma de arte que transforma una comida en una experiencia, una reunión en un recuerdo. Podemos afirmar que es un lenguaje que se expresa sin sonidos, pero que comunica de manera poderosa y silenciosa.
Solana Gassiebayle es una apasionada del arte de ornamentar mesas y encuentros. Es coautora del libro “Reuniones en Sudamérica: Paisajismo de Mesas e Inspiraciones Florales” y cofundadora de Duggan Society, un viaje para redefinir el arte de ser anfitrión.













