Por estas fechas llega a su fin la versión anime del manga Shikanoko Nokonoko Koshitantan (traducida al español como Mi amiga Nokotan es un ciervo), creación del misterioso(a) mangaka Oshioshio. Es difícil encontrar un símil en tiempos recientes para el revuelo causado por esta obra que con sólo doce episodios en su primera temporada ha atraído las miradas incluso de públicos no especializados en el manganime, o incluso neófitos absolutos que han apreciado, para bien y para mal, el humor absurdo y las historias random que estructuran (a su modo) el argumento.
La historia es la siguiente, más o menos: Torako Koshi es una estudiante de preparatoria que oculta un pasado oscuro como yanki (o delincuente juvenil), algo que si se descubre destruiría su reputación como alumna modelo y su vida en general según la estricta organización social japonesa. Una mañana, rumbo al instituto, se encuentra con la inusual escena de otra joven vestida con el uniforme escolar que cuelga de unos cables eléctricos. Pronto se percata de qué es lo que la sostiene a ellos: la chica está dotada de astas, como las de los ciervos macho. Luego de rescatarla, sale corriendo a la escuela donde no tardará en descubrir que la chica-ciervo es una alumna recién transferida que se presenta como Noko Shikanoko y que para colmo se sentará junto a Torako en su salón. A partir de aquí empieza una serie de aventuras en las que Noko arrastrará a su nueva amiga quien, temerosa porque la joven cierva, por motivos desconocidos, sabe de su secreto, se convierte en cómplice de una serie de acontecimientos tan sinsentido como inexplicables desde la lógica convencional.
No se me malinterprete: esta no es una comedia al uso ni siquiera para los estándares del humor japonés en el sentido de que pueda contener (que los contiene) grandes cantidades de referencias que no salen del archipiélago y por tanto son ininteligibles en cualquier versión doblada, sino que la estructura misma de la historia se sostiene en anécdotas rápidas que no tienen conexión entre sí a lo largo de la docena de capítulos de la serie. A lo que asistimos aquí es a la demostración de un humor que se desencadena a partir del vínculo entre el absurdo de situaciones alocadas con la estética kawaii de personajes y situaciones, pendulando entre un surrealismo propio de la animación cómica hacia lo que de plano podríamos definir como un dadaísmo posmo (y kawaii también) que se burla de sus propias referencias culturales así como del propio campo del manganime, algo que muchos fanáticos no se han tomado nada bien.
Llama la atención encontrarse con los comentarios que algunos espectadores colocan en X acerca del pésimo gusto que encuentran en la cantidad de chistes sobre la virginidad de Koshi y que corren a cargo de Shikanoko como una muestra de la truculenta capacidad que tiene la cierva para leer la mente y el pasado de su amiga. Esto puede colar como un comentario sobre la sensibilidad actual en torno al abordaje de temas delicados por parte de la comedia y en torno a la idea moral que los consumidores actuales (al menos varios segmentos) tienen sobre lo que se puede incluir entre los chistes y burlas filtrados por los escritores en la trama.
Otro ejemplo es lo mucho que la cierva, junto con el ambiente completo del anime, se ríe de los esfuerzos, por demás encomiables como los de cualquier alumna dedicada, que Torako consagra a ser una estudiante modélica y orgullosa lo que, más allá de que eso sea motivado por la necesidad de ocultar su pasado delincuencial, es lo que se espera tradicionalmente de los esforzados estudiantes japoneses, cuantimás de una presidenta de consejo escolar (seito kaichō) que tiene que ser ejemplo para todos sus compañeros. Y este es precisamente otro de los puntos donde se han levantado ámpulas por parte usuarios japoneses que denuncian el absurdo de una historia que, afirman, no se sostiene más que por el humor aleatorio y las escenas que, yuxtapuestas sin ningún interés por conectarlas entre sí, demuestran del primer capítulo al último que la estructura aristotélica se ha ido de sabático (a final de cuentas, ¿no es esa una de las grandes herencias de los paradigmas literarios del siglo pasado?) y sólo queda dejarse llevar por el flujo simbólico armados con su ramen favorito, unos Pockys, una cerveza Kirin bien helada o al menos unos cuantos Ramunes, por ejemplo.
El trabajo de armar un Club de Ciervos (Shika-bu) de actividades para después de la escuela, una trivia donde se ventilan vergonzosos detalles de la intimidad de Koshi, una chica que no puede parar de comer el arroz que ella misma cosecha, las desapariciones/transformaciones de Shikanoko devenida ciervo (al menos desde las visiones de Koshi), el proyecto de participar en un concurso de ciervos al estilo del Tokyo Idol Festival, la desquiciada actuación del club en el encuentro deportivo del colegio, la persecución de Shikanoko a manos de un cazador originario de Hokkaido y hasta la revelación de Shikanoko como una Diosa Ciervo en un templo sintoísta por año nuevo.
Este anime es un caso de éxito de una viralización por redes sociales luego de que a finales de mayo pasado el equipo de marketing diseñara una estrategia en la que liberaron el pegadizo tema musical de la serie (Shikairo days) en un video de YouTube que incluye la escena donde Koshi Torako canta y baila frente a ciervo. Con una duración de una hora de repeticiones en bucle (hay incluso una versión de diez horas seguidas), el video causó furor en TikTok por considerarse un meme fuera de contexto cuya gracia radicaba precisamente en esa característica.
A manera de colofón, sólo queda decir que cada cosa que podamos decir sobre Shikanoko y su pandilla es una invitación a creerlo por nosotros mismos. Un anime hecho por japoneses con humor japonés (suena lógico, ¿no?) para que todos los demás nos admiremos de nuestro propio absurdo en la era de la posmodernidad más cruel pero al mismo tiempo jocosa y dicharachera como este anime y la vida misma.
Mario Bogarín , es un escritor, sociólogo, investigador y catedrático universitario mexicano especializado en estudios sobre la teoría estética del arte posmoderno y las culturas populares japonesas contemporáneas.














