Desde que eliminó la política de hijo único en 2015, China viene luchando para revertir el acelerado envejecimiento poblacional. Año tras año, pese a las amplias medidas gubernamentales para contrarrestar la tendencia, el problema se agrava con cifras cada vez más decepcionantes.
El número de nacimientos en China se desplomó a un mínimo histórico en 2025. Hubo una disminución de aproximadamente 10 millones desde el pico alcanzado en 2016 y una reducción del total de nacimientos a más de la mitad en menos de una década. El año pasado sólo nacieron 7,92 millones personas, un 17% menos que los 9,54 millones de 2024, según datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística de China. Fue la cifra más baja de nacimientos desde que comenzaron los registros en 1949, quebrando el mínimo histórico anterior de 2023.
La población total de China también se redujo en 3,39 millones en 2025, llegando a los 1.404,9 millones de habitantes, desde los 1.408,3 millones del año anterior. En cifras absolutas, esto marcó el descenso anual demográfico más pronunciado del que se tenga registro, con excepción de la devastadora hambruna que diezmó a la población china entre 1959 y 1961.
Si de algo no se puede culpar al gobierno chino es de no ocuparse del tema. La reversión del envejecimiento ha sido una de las máximas prioridades del gobierno de Xi Jinping en la ultima década. China ha desplegado una amplia gama de incentivos regulatorios y financieros, junto con agresivas campañas publicitarias de promoción de la natalidad, incluso apuntando a las mujeres solteras. China incluso ha adoptado medidas el año pasado para dificultar los procesos de divorcio.
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Por caso, China lanzó en 2025 un programa nacional de subsidio para el cuidado infantil que ofrece hasta 10.800 yuanes (unos USD1.500) por año por cada niño menor de tres años. Se trató de la medida pro natalista de mayor alcance desde que China permitió a las familias tener hasta tres hijos, en 2021.
Sin embargo, el problema no es sólo monetario. En China se está dando un profundo cambio cultural producto del acelerado desarrollo económico que ha experimentado el país, algo no muy diferente a lo sucedido en otras naciones desarrolladas, tanto de Asia como de Occidente. Siendo históricamente una sociedad muy tradicional, marcada por los principios y valores confucianos, ahora en China se afianza la creciente reticencia de los jóvenes a casarse y tener hijos. En cambio, fijan nuevas prioridades en materia de desarrollo profesional y de consumo, con la conformación de una familia quedando en segundo plano.
Pero quizás lo más importante: Las mujeres chinas son cada vez más independientes y privilegian su carrera profesional por sobre el costo percibido de dejar el empleo por la maternidad. No tanto por los ingresos resignados (el sistema de licencias y beneficios ha mejorado notablemente), sino por el miedo a perder terreno en un país donde el mundo laboral es híper competitivo. La mujer china se preocupa cada vez menos por la presión familiar y social que históricamente ha representado el hecho de llegar soltera y sin hijos a la edad de 30 años.
En cuanto a las cifras de matrimonios, en China se registraron 6,106 millones en 2024, una caída de más del 20% interanual y el nivel más bajo desde 1980. Pero durante los tres primeros trimestres de 2025 se registró un aumento interanual del 8,5% en los registros de matrimonio, uno de los pocos datos que resultan alentadores para las perspectivas del gobierno.
En definitiva, es evidente que el problema demográfico de China es muy complejo y ni siquiera el poderoso Estado chino está logrando revertirlo pese a los amplios esfuerzos. Esto implica que se requerirán reformas estructurales mucho más profundas, a partir de un enfoque multicausal y mucha creatividad para encontrar nuevas alternativas de abordaje.
Director del Observatorio Sino-Argentino. Docente de la Especialización sobre China Contemporánea de la UCA. Master of China Studies y profesor visitante de la Universidad de Zhejiang (China).














