India y Estados Unidos en el nuevo tablero estratégico global

La reconfiguración del orden mundial en la pospandemia, combinada con el estancamiento del conflicto en Ucrania y la desaceleración económica de China, está transformando las relaciones internacionales y forzando a las grandes potencias a rediseñar sus estrategias. Uno de los vínculos más afectados por estos cambios es el que une a India y Estados Unidos. Lo que hasta hace poco era considerado un eje estable dentro de la arquitectura del Indo-Pacífico, hoy se ve condicionado por intereses divergentes, decisiones unilaterales y prioridades reajustadas.

De socio clave a socio condicionado

Durante las dos primeras décadas del siglo XXI, India fue considerada un aliado natural para Washington en su objetivo de contener la expansión china. Su peso demográfico, su acelerado crecimiento económico —que la ha posicionado como la quinta economía mundial en términos nominales según el FMI—, y su capacidad militar —la cuarta más grande del mundo en efectivos— ofrecían ventajas estratégicas difíciles de ignorar.

La revitalización del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD), la integración al Comando INDOPACOM y los proyectos de cooperación tecnológica e industrial reflejaban un esfuerzo conjunto por consolidar a India como contrapeso de Beijing en Asia.

Sin embargo, los tiempos han cambiado. La nueva doctrina estadounidense, particularmente bajo la segunda administración Trump, gira en torno a dos ejes: la transferencia de responsabilidades de seguridad regional a sus aliados y el uso intensivo de herramientas económicas —como los aranceles— para proteger su base industrial y renegociar reglas del comercio global. Esta lógica, enfocada más en resultados inmediatos que en alianzas simbólicas, ha generado fricciones con socios que, como India, no terminan de alinearse con las expectativas de Washington.

Un giro en la estrategia de presión

El 6 de agosto de 2025, Estados Unidos anunció un nuevo paquete arancelario del 25% sobre productos indios, elevando la carga total al 50%, una de las más elevadas aplicadas a un socio comercial no hostil. La medida respondió a la persistencia de Nueva Delhi en mantener su comercio energético con Rusia, en abierta contradicción con los esfuerzos de Washington por aislar al Kremlin.

Este tipo de presión —complementada por las dificultades para cerrar un acuerdo comercial bilateral y por diferencias sobre el rol estadounidense en el diálogo India–Pakistán— evidencia que Estados Unidos está dispuesto a recalibrar alianzas si no encuentra reciprocidad estratégica.

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La autonomía estratégica de India y su costo

India no ha permanecido inmóvil. La decisión del primer ministro Narendra Modi de participar en la próxima cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en Beijing, así como las visitas de altos funcionarios a Moscú, sugieren una reafirmación del principio de autonomía estratégica, pilar de la política exterior india desde la Guerra Fría.

Esta posición, sin embargo, enfrenta tensiones crecientes. La India moderna busca proyectarse como potencia global y mantener su soberanía decisional, pero los márgenes para la ambigüedad estratégica se han reducido en un sistema internacional más polarizado. Washington exige definiciones más claras, mientras que Moscú y Beijing amplían su coordinación en áreas sensibles, desde energía hasta seguridad regional.

Estados Unidos, China e India en el triángulo estratégico

Para Washington, China sigue siendo el principal desafío estructural. No obstante, tras años de tensiones comerciales, competencia tecnológica y conflictos diplomáticos, la Casa Blanca explora vías de contención que incluyen también fórmulas de coexistencia. En este escenario, algunos sectores del poder estratégico estadounidense consideran la posibilidad de relajar la presión sobre Beijing a cambio de concesiones, como la reducción de su amenaza militar en el Indo-Pacífico o señales de moderación sobre Taiwán.

Lo que hasta hace poco era considerado un eje estable dentro de la arquitectura del Indo-Pacífico, hoy se ve condicionado por intereses divergentes

De concretarse algún tipo de entendimiento de ese tipo, la relación con India podría perder centralidad. No porque carezca de valor, sino porque sus decisiones recientes revelan un compromiso relativo con los objetivos estadounidenses. La lógica de Washington es clara: no habrá beneficios automáticos si no hay alineamiento funcional.

Perspectivas estratégicas

India y Estados Unidos no están destinados a enfrentarse ni a distanciarse de forma irreversible. Ambos comparten intereses vitales en materia de ciberseguridad, desarrollo tecnológico, estabilidad regional y acceso a recursos estratégicos. Sin embargo, la naturaleza de su vínculo está mutando: ya no se trata de una alianza estratégica incondicional, sino de una asociación evaluada bajo criterios de rendimiento concreto.

Para India, el desafío es doble: reafirmar su autonomía sin perder influencia, y mantener su rol global sin descuidar las tensiones con sus socios tradicionales. Para Estados Unidos, el futuro de su relación con Nueva Delhi dependerá de cuán útil —y alineada— resulte la India dentro del nuevo marco de poder global.

En este contexto de alianzas flexibles y prioridades cambiantes, la asociación indo-estadounidense deberá reinventarse si quiere sobrevivir como un vínculo de valor estratégico y no como un recuerdo de una era geopolítica que ya comenzó a desvanecerse.

Sergio Skobalski
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Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Lic. en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino. Asimismo, es miembro del Consejo Asesor Académico de la Facultad del Ejército, es profesor en el doctorado en Defensa de dicha entidad, profesor invitado en la Universidad de Cuyo y de la Universidad Católica de Córdoba, e integra el Consejo Asesor de la Fundación CIEPEI (Centro de Investigación en Estudios Políticos Económicos e Internacionales).