El primer ministro Anutin Charnvirakul confirmó que impulsará una reforma integral a la ley de armas de fuego después de que un adolescente de 14 años matara a siete personas —sus dos abuelos y cinco trabajadores de una escuela cerca de Bangkok— antes de suicidarse. El episodio, el peor tiroteo masivo en el país desde 2022, reabrió de forma abrupta un debate que Tailandia arrastra desde hace años: cómo regular la posesión civil de armas en la nación con mayor proporción de tenencia de todo el sudeste asiático.
Un país con 15 armas cada 100 habitantes
El dato que explica por qué este ataque golpeó tan fuerte en la discusión pública es también el que expone la magnitud del desafío regulatorio: Tailandia tiene unas 15 armas de fuego por cada 100 residentes, muy por encima de países vecinos como Malasia, donde la proporción no llega a una por cada 100 habitantes. Esa brecha convirtió al país en un caso atípico dentro de la región, y cada episodio violento reciente —incluyendo la masacre de una guardería en 2022— volvió a poner el foco sobre la facilidad de acceso a armamento legalmente registrado.
En este caso, el arma utilizada por el adolescente pertenecía a su abuelo. Según el coronel Thadsakorn Konthong, jefe de la comisaría de Bang Bua Thong, las pericias iniciales detectaron indicios de que el joven había buscado específicamente el arma dentro del dormitorio del hombre, lo que sugiere premeditación en al menos la primera etapa del ataque, cometida en la vivienda familiar alrededor de las 5 de la madrugada.
Un antecedente que ya había endurecido la ley
Anutin no llega a este anuncio sin experiencia previa en la materia: como ministro del Interior, ya había promovido un endurecimiento de los controles de armas tras un tiroteo masivo anterior. Esa reforma previa no impidió el ataque de Bang Bua Thong, lo que agrega presión política sobre el nuevo paquete de medidas que el primer ministro adelantó tras visitar la escuela Debsirin Nonthaburi, escenario del segundo tramo del ataque.
Un estudiante de 14 años abrió fuego en una escuela de Tailandia y dejó al menos ocho muertos
El foco de la nueva ley estará puesto en restringir el porte de armas por parte de civiles en espacios públicos, un punto que hasta ahora había quedado relativamente laxo pese a los controles sobre registro y compraventa. «Como sea posible, tenemos que crear una atmósfera de seguridad», dijo Anutin, en lo que se perfila como el eje central de la iniciativa: no tanto restringir quién puede poseer un arma, sino dónde y cómo puede portarla.
La secuencia que expuso el vacío regulatorio
La cronología del ataque —del hogar familiar a las aulas de una escuela secundaria en menos de cuatro horas, con al menos 26 disparos efectuados en el establecimiento educativo y 23 heridos— funcionó como evidencia concreta de un patrón que las autoridades tailandesas vienen advirtiendo: el riesgo no está solo en la adquisición de armas, sino en el acceso doméstico de menores a armamento legalmente poseído por adultos de su entorno. Ese matiz es el que probablemente empuje a los legisladores a discutir, además del porte público, medidas sobre almacenamiento seguro en los hogares donde hay armas registradas.
Por ahora, el Gobierno no precisó plazos legislativos ni el articulado específico de la reforma, pero el hecho de que la propuesta llegue de la mano del propio jefe de Gobierno —y no de una comisión legislativa aislada— anticipa que buscará avanzar con relativa celeridad en un Parlamento que ya mostró disposición a modificar esta legislación tras el precedente de 2022.
Colaboradora en ReporteAsia.













