Tensiones entre Estados Unidos, Corea y Japón respecto de Irán

Trump Irán

Washington y Tokio atraviesan uno de sus momentos diplomáticos más complejos desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, a partir de la cuestión Irán. La decisión del primer ministro japonés Shigeru Ishiba de ausentarse de la cumbre de la OTAN en los Países Bajos, sumada a su silencio ante los recientes ataques estadounidenses a instalaciones nucleares en Irán, son solo los síntomas más visibles de una relación bilateral que, según observadores, ha perdido sincronía.

La alianza entre Estados Unidos y Japón, considerada un pilar del orden regional en Asia-Pacífico, enfrenta señales de desajuste a medida que Washington eleva las exigencias en materia de gasto militar sin una coordinación clara. Según informó el medio Nikkei Asia, funcionarios estadounidenses estarían solicitando a Tokio elevar su presupuesto de defensa hasta un 3,5% del PBI, en medio de una revisión de los acuerdos comerciales bilaterales. Pero ni el pedido ha sido formalizado, ni el contexto doméstico japonés es propicio para asumir un cambio de tal magnitud sin un debate interno.

Fuentes del gobierno japonés han manifestado su desconcierto por la falta de una estrategia coherente por parte de Washington. La cifra inicial mencionada fue de 3%, pero tras una reunión entre el secretario de Defensa Pete Hegseth y su par australiano en Singapur, comenzó a circular el umbral del 3,5% como «requisito plano» para los aliados asiáticos. Mientras tanto, un portavoz del Pentágono elevó la vara a un 5%, alineándose con el objetivo anunciado por la OTAN para gasto militar e infraestructura.

En este escenario de presiones cruzadas, Tokio ha optado por tomar distancia. La ausencia de una reunión bilateral en formato 2+2 entre ministros de Relaciones Exteriores y Defensa de ambos países, durante la próxima cumbre del Diálogo Quad, es una clara muestra de que el gobierno japonés ha decidido esperar. Fuentes diplomáticas sugieren que el primer ministro Ishiba quiere postergar cualquier movimiento significativo hasta después de las elecciones para la cámara alta del parlamento, previstas para el 20 de julio.

Zack Cooper, analista del American Enterprise Institute, señaló que la administración Trump ha mostrado una actitud «inconsistente» hacia Japón, y que esta incertidumbre representa un desafío para la estabilidad de la alianza. «La cancelación de la visita de Ishiba a la OTAN y la ausencia de la reunión 2+2 conforman una señal preocupante. Sugiere que Tokio prefiere adoptar una postura de espera frente a la administración estadounidense», afirmó.

El telón de fondo de estas fricciones es la creciente tensión geopolítica en Asia. El Departamento de Defensa de EE. UU., impulsado por el subsecretario Elbridge Colby, considera 2027 como un año clave, dado que el presidente chino Xi Jinping habría ordenado que el Ejército Popular de Liberación esté preparado para una operación sobre Taiwán. Desde esa perspectiva, la administración Trump busca acelerar el fortalecimiento de capacidades militares entre sus aliados, especialmente en el Indo-Pacífico.

Sin embargo, la forma en que se están comunicando esas exigencias genera malestar. Funcionarios japoneses aseguraron que no han recibido solicitudes formales con cifras concretas y que, en cualquier caso, una decisión de esa envergadura debe tener respaldo soberano y consenso interno. Actualmente, Japón destina un 1,8% de su PBI a defensa y prevé alcanzar el 2% para el año fiscal 2027.

Este desacuerdo también se refleja en la cumbre de la OTAN que se celebrará esta semana en La Haya. Allí, Estados Unidos busca consolidar un nuevo compromiso de gasto militar entre sus aliados europeos y asiáticos, elevando el estándar al 5% del PBI. Pero tres de los cuatro países del Indo-Pacífico invitados —Japón, Corea del Sur y Australia— han declinado asistir, citando prioridades internas y la incertidumbre provocada por los recientes bombardeos estadounidenses en Irán.

En el caso de Corea del Sur, será el asesor de Seguridad Nacional Wi Sung-lac quien asista en representación del presidente Lee Jae Myung. Se esperaba que el mandatario surcoreano utilizara la cumbre para sostener un primer encuentro bilateral con Trump y tratar temas sensibles como los aranceles y el despliegue militar. Sin embargo, el temor a un mayor conflicto en Medio Oriente inclinó la balanza hacia la cautela.

El contexto se torna aún más complejo con la revisión de la posición global de las tropas estadounidenses, que podría conllevar un retiro parcial de los 28.500 soldados desplegados en Corea del Sur. El embajador Matthew Whitaker, representante de EE. UU. ante la OTAN, aseguró que cualquier movimiento se hará sin afectar las capacidades defensivas de la región, pero no descartó reasignaciones hacia Guam u otros puntos del Indo-Pacífico.

Por su parte, Seúl ha convocado reuniones de emergencia para evaluar los impactos económicos de la ofensiva sobre Irán, ante el riesgo de alteraciones en los mercados energéticos y financieros. Corea del Sur depende casi por completo de importaciones de energía, principalmente del Medio Oriente, y un aumento prolongado de las tensiones podría comprometer su seguridad energética y comercial.

A pesar de la gravedad de la situación, Estados Unidos insiste en que el nuevo objetivo de gasto del 5% representa una renovación del compromiso colectivo frente a amenazas como la agresión rusa y la creciente influencia china. «No se trata solo de un número. Es una señal clara de que la alianza permanece unida y lista para el futuro», afirmó Whitaker.

No obstante, las señales actuales apuntan a que los socios asiáticos de Washington están optando por la cautela tras el ataque a Irán. La suma de inconsistencias, presiones sin coordinación y un escenario internacional inestable están empujando a Tokio, Seúl y Canberra a buscar espacios de mayor autonomía estratégica. La próxima cumbre del Diálogo Quad y las elecciones legislativas en Japón podrían marcar un punto de inflexión en esta compleja relación transpacífica.

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Colaboradora en ReporteAsia.