Entre las promesas de paz y las tensiones, Lee Jae-myung redefine el rumbo de la política exterior de Corea del Sur

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En una elección presidencial anticipada, Corea del Sur eligió como nuevo presidente a Lee Jae-myung, del progresista Partido Democrático, marcando un punto de inflexión en la política nacional e internacional del país.

Las elecciones anticipadas fueron el resultado directo del juicio político contra Yoon Suk-yeol, quien desató una crisis institucional al declarar de forma abrupta la ley marcial a comienzos de diciembre de 2024, en el contexto de una creciente confrontación con los partidos opositores. La decisión sacudió al país y provocó una ola de incertidumbre política que impactó profundamente en la ciudadanía. Con más del 49% de los votos y una participación ciudadana de casi el 80%, Lee asume el poder con un mandato sólido y el apoyo de una mayoría legislativa, derrotando a Kim Moon-soo, del conservador Partido del Poder Popular (PPP).

Más allá de la crisis institucional que desencadenó esta elección, lo que está en juego es el rumbo internacional de una de las democracias más vibrantes de Asia y un actor estratégico en el equilibrio de poder y económico del noreste asiático. ¿Qué representa Lee Jae-myung para la política exterior surcoreana?

Un giro en el enfoque diplomático: entre el pragmatismo, la reconciliación y la autonomía

La presidencia de Lee Jae-Myung implica potenciales transformaciones en los cinco pilares fundamentales de la política exterior surcoreana: Corea del Norte, Japón, China, Rusia y Estados Unidos.

El nuevo mandatario ha prometido una diplomacia «basada en el pragmatismo y la autonomía estratégica», con el objetivo de reducir la dependencia de Seúl respecto a Washington sin poner en riesgo la histórica alianza bilateral. Aunque su discurso se ha moderado desde la campaña presidencial de 2022 —cuando defendía una mayor independencia frente a las grandes potencias—, su visión continúa contrastando con la línea pro-estadounidense y pro-japonesa del depuesto presidente Yoon Suk-yeol.

¿Quién es Lee Jae-myung, el presidente electo de Corea?

Uno de los ejes centrales de su agenda internacional es el relanzamiento del diálogo con Corea del Norte. Fiel a la tradición diplomática del Partido Democrático, que lideró en el pasado iniciativas como la Sunshine Policy durante los gobiernos de Kim Dae-jung, Roh Moo-hyun y Moon Jae-in, Lee propone impulsar nuevos mecanismos de cooperación económica intercoreana, reencuentros familiares y una desmilitarización progresiva en la frontera. “La paz es el único camino sostenible para la seguridad de la península”, afirmó durante una entrevista el pasado jueves.

No obstante, a diferencia de sus antecesores progresistas, Lee asume el poder en un escenario regional particularmente volátil. Corea del Norte ha intensificado sus pruebas de misiles en los últimos meses y ha endurecido su retórica contra Seúl y Washington, lo que complica las perspectivas de una distensión inmediata. En ese sentido, el propio Lee ha reconocido que será “muy difícil” concretar una cumbre con Kim Jong-un en el corto plazo, lo que sugiere que no emprenderá medidas abruptas para relanzar el acercamiento con Pyongyang.

Ajustes estratégicos en los principales pilares de la diplomacia surcoreana

En el frente japonés, Lee propone revertir el acercamiento diplomático promovido por Yoon, recuperando una postura más firme ante los crímenes del imperialismo japonés durante la ocupación de la península. Mientras Yoon impulsó una alianza trilateral con Tokio y Washington, priorizando la cooperación estratégica sobre las disputas históricas, Lee sostiene que dicha postura debilita tanto la soberanía nacional como la memoria colectiva respecto al pasado colonial japonés.

Pese a ello, ha prometido no romper los lazos trilaterales establecidos y se ha mostrado dispuesto a “solidificar” la cooperación entre Seúl, Washington y Tokio —una postura que no difiere demasiado de la mantenida por los conservadores, aunque sí difiere en tono y prioridades.

En relación con China y Rusia, Lee plantea una diplomacia más equilibrada y cooperativa. Lee ha expresado su rechazo al despliegue del sistema de defensa antimisiles estadounidense THAAD en territorio surcoreano —una decisión adoptada por un gobierno anterior que, según él, deterioró significativamente las relaciones con Pekín—, y aboga por una política exterior más equilibrada hacia China.

Además, ha criticado la política exterior de su predecesor respecto a la guerra en Ucrania, sugiriendo que Corea del Sur no debería haberse alineado tan abiertamente con Kiev, y que habría sido preferible un enfoque menos intervencionista respecto a Moscú.

Bajo esta lógica, Lee busca delinear una política que, sin romper alianzas clave, establezca límites claros cuando los intereses estratégicos de Washington entren en conflicto con los objetivos de distensión intercoreana.

A pesar de sus críticas pasadas, Lee Jae-myung ha asegurado que mantendrá la alianza con Estados Unidos como pilar de la defensa nacional, especialmente ante la amenaza norcoreana. Sin embargo, ha sugerido revisar ciertos acuerdos de defensa que, en su opinión, limitan la soberanía surcoreana. Entre ellos se encuentra la ya nombrada cuestión del THAAD (el sistema de defensa antimisiles), que genera fricciones tanto con China como con sectores internos que lo ven como un factor de desestabilización regional.

Lee reafirma que Estados Unidos debe seguir siendo el principal aliado estratégico de Corea del Sur, pero insiste en que es necesario un mayor margen de maniobra para la política exterior nacional. En un debate reciente, declaró: “La alianza entre Corea del Sur y Estados Unidos es la base de nuestra diplomacia”. Sin embargo, también calificó el proteccionismo económico estadounidense como un desafío y aseguró que no buscará antagonizar «innecesariamente» a China o Rusia.

La llegada de Lee Jae-myung al poder abre una etapa incierta pero potencialmente transformadora para Corea del Sur. Su promesa de una diplomacia más autónoma, menos subordinada a Washington y más abierta al diálogo con Pyongyang, podría reconfigurar no solo la política exterior del país, sino también el delicado equilibrio geopolítico del noreste asiático. Sin embargo, el escenario que enfrenta está lejos de ser favorable: una península dividida, tensiones globales en aumento y una oposición interna aún fuerte podrían poner a prueba cada una de sus decisiones.

El nuevo presidente surcoreano enfrenta ahora el reto de sostener el delicado equilibrio geopolítico del país en un escenario regional agitado, donde las tensiones estratégicas y comerciales no parecen dar respiro.

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Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrano, con experiencia en investigación, redacción y diplomacia. Se especializa en analizar y comunicar dinámicas geopolíticas de Asia Oriental, con un fuerte interés en los derechos humanos en Corea del Norte y las relaciones intercoreanas. 

Ha trabajado en la Embajada de Malasia, en la Cámara de Comercio Argentina para Asia y el Pacífico, y en el CESIUB (Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Belgrano), donde desarrolló ensayos y análisis profundos sobre Asia Oriental. 

Habla inglés y japonés, lo que le permite abordar temas internacionales desde una perspectiva global.