Google y Microsoft compiten por arrendar el centro de datos que SoftBank Group construye en Piketon, Ohio, en lo que Masayoshi Son describió como «la mayor inversión en un solo lugar en la historia de la humanidad». La primera ronda de licitación se cierra el 30 de abril y los ganadores —que podrían ser uno o varios operadores— asumirán el costo de los semiconductores y sistemas alojados en la instalación, estimado en 300.000 millones de dólares. Junto a Google y Microsoft también compiten Nvidia, Meta y OpenAI.
El proyecto, que también involucra a un consorcio de 21 empresas japonesas y estadounidenses, tiene una escala sin precedentes: 10 gigavatios de capacidad —suficientes para alimentar a 7,5 millones de hogares simultáneamente— distribuidos en un predio de 3.700 acres, el equivalente a unas 1.500 hectáreas, ubicado sobre un antiguo complejo de enriquecimiento de uranio del Departamento de Energía de Estados Unidos, a 110 kilómetros al sur de Columbus.
Los números detrás del proyecto
La inversión total se divide en dos grandes bloques. Los primeros 200.000 millones de dólares cubrirán la construcción del centro de datos y el desarrollo de la red eléctrica, bajo la dirección de SoftBank y el consorcio asociado. Los 300.000 millones restantes corresponden al costo de los semiconductores y sistemas que se instalarán en la instalación, que será absorbido por los operadores que arrienden el espacio de manera long-term. Son proyectó además que la inversión total a 20 años en el sitio alcanzará los 1,5 billones de dólares.
La fuente de energía es parte central del proyecto. El centro de datos se construye sobre el mismo predio que una planta termoeléctrica de gas de 9,2 gigavatios, cuyo inicio de obras se celebró en una ceremonia el 20 de marzo con la presencia de Son, el secretario de Comercio Howard Lutnick y el secretario de Energía Chris Wright. Ese proyecto energético forma parte del compromiso de inversión de 550.000 millones de dólares que Japón asumió con Estados Unidos en el marco del acuerdo arancelario bilateral. El gobierno japonés aporta 33.300 millones de dólares para la planta de energía. La capacidad de autogenerar la electricidad que consume el centro de datos es precisamente el principal argumento de venta de SoftBank ante los potenciales operadores, en un contexto en que la explosión de la demanda energética de los centros de datos es uno de los principales cuellos de botella de la expansión de la infraestructura de IA en Estados Unidos.
El mapa estratégico de SoftBank
Para Son, el proyecto de Ohio es una pieza clave de una apuesta más amplia que busca posicionar a SoftBank como el arquitecto de la infraestructura de IA de la próxima década. El conglomerado japonés ya forma parte del programa Stargate, la iniciativa que busca construir infraestructura de computación en Estados Unidos para OpenAI, y al mismo tiempo está ampliando su inversión directa en OpenAI de manera independiente. La concentración de exposición en una sola empresa ha generado alarma entre algunos analistas del mercado.
El proyecto de Ohio se desarrolla bajo un marco separado de Stargate. La participación de Google, Microsoft y otros gigantes tecnológicos en la licitación busca exactamente eso: diversificar el riesgo de SoftBank respecto a su dependencia de OpenAI, distribuyendo los contratos de arrendamiento entre múltiples operadores con distintos perfiles de negocio.
El contexto de riesgo se amplió en las últimas semanas: el plan de expansión de infraestructura en Europa de OpenAI —que la compañía persigue de manera independiente— fue pospuesto por el aumento de los costos de materiales y la escasez de financiamiento. Para SoftBank, hacer avanzar el proyecto de Ohio se volvió aún más importante como mecanismo de diversificación ante esa señal de fragilidad en su principal socio de IA.
Un centro de datos sobre un sitio nuclear
El emplazamiento elegido no es convencional. El sitio de Portsmouth, en Piketon, albergó durante décadas una planta de enriquecimiento de uranio del Departamento de Energía que procesó material para el programa de armas nucleares de Estados Unidos durante la Guerra Fría y fue clausurada en 2001. La instalación tiene líneas de alta tensión ya existentes que la nueva infraestructura puede aprovechar, y el suelo es propiedad del gobierno federal, lo que facilitó el esquema de arrendamiento público-privado.
SB Energy, la filial de SoftBank que lidera el proyecto, formalizó el acuerdo con el Departamento de Energía a través de ese esquema. El Departamento de Energía publicó el 7 de abril un reporte especial detallando la iniciativa y destacando la transformación del sitio —de instalación nuclear de la Guerra Fría a mayor centro de datos de IA del mundo— como un símbolo del nuevo ciclo industrial estadounidense.
Japón en el centro de la infraestructura de IA de Estados Unidos
El proyecto de Piketon es también un indicador del lugar que ocupa Japón en la reconfiguración de la relación económica con Estados Unidos bajo la administración Trump. El compromiso de inversión de 550.000 millones de dólares —del cual el centro de datos de SoftBank representa la pieza más visible— fue sellado durante la visita de la primera ministra Sanae Takaichi a Washington, donde Son compartió una cena en la Casa Blanca con Trump y los principales miembros del gabinete económico. La envergadura del proyecto convierte a SoftBank en el actor privado japonés con mayor presencia en la agenda industrial de la administración republicana, un papel que Son ha cultivado desde la primera presidencia de Trump en 2016 con compromisos de inversión sucesivos que en esta ocasión alcanzaron una escala sin precedentes.
Colaboradora en ReporteAsia.














