El anuncio fue realizado por Mao Ning, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China. Ella explicó que, a partir de ahora, no se permitirán más adopciones internacionales, salvo en casos excepcionales en los que los niños sean adoptados por parientes consanguíneos o hijastros. Sin embargo, el gobierno no proporcionó detalles sobre cómo se implementará la medida ni cómo afectará a las adopciones que actualmente se encuentran en proceso.
Este cambio repentino ha generado incertidumbre entre muchas familias extranjeras que han estado esperando años para completar la adopción de un niño chino. El Departamento de Estado de Estados Unidos ya ha expresado su preocupación por la medida, indicando que cientos de familias se verán afectadas por esta decisión. Si bien China ha garantizado que seguirá procesando los casos en los que ya se hayan emitido autorizaciones de viaje, muchas familias aún no saben cómo les impactará la medida.
La alarmante crisis demográfica tras décadas de políticas sobre el hijo único
La decisión de suspender las adopciones internacionales llega en un contexto en el que China enfrenta una crisis demográfica sin precedentes. En 2023, el país registró una disminución en su población por segundo año consecutivo, con una caída de casi 2,1 millones de personas y solo 9,02 millones de nacimientos, la cifra más baja desde que existen registros. Estos datos muestran un colapso en la natalidad que ha llevado al gobierno chino a replantear sus políticas de población.
Durante décadas, China aplicó la estricta política del hijo único, que limitaba a las familias a tener un solo hijo. Esta medida, que comenzó a finales de los años 70, fue una respuesta a las preocupaciones sobre el rápido crecimiento demográfico del país, que para ese entonces estaba cerca de alcanzar los mil millones de habitantes. La política también provocó un aumento en las adopciones internacionales, especialmente de niñas, ya que muchas familias chinas preferían tener un hijo varón.
Con el tiempo, la política del hijo único fue flexibilizándose. En 2021, el gobierno permitió que las parejas pudieran tener hasta tres hijos. Sin embargo, estas decisiones no han logrado revertir el declive de la natalidad. Las autoridades chinas ahora buscan fomentar un aumento en los nacimientos, pero el impacto de décadas de restricciones aún se siente en la estructura demográfica y social del país.
La influencia del confucianismo
Uno de los factores clave que explica la preferencia por los hijos varones en China es la influencia del confucianismo, una antigua filosofía que ha moldeado la estructura social y familiar en la región. Según las enseñanzas confucianas, la familia es la base de la sociedad, y el linaje y la continuidad de la familia dependen de los hijos varones. En este contexto, los varones son los responsables de perpetuar el apellido familiar y asegurar la línea de descendencia.
Además, esta corriente de pensamiento refuerza una estructura patriarcal, en la cual el hombre es el principal proveedor y protector de la familia, mientras que las mujeres históricamente han sido consideradas secundarias, con un papel más limitado al ámbito doméstico y al cuidado del hogar. Este sistema patriarcal alimentó la creencia de que los hijos varones eran más valiosos y útiles para las familias, tanto social como económicamente.
La política del hijo único exacerbó la preferencia por los hijos varones. Dado que las familias urbanas y rurales solo podían tener un hijo (con algunas excepciones), se enfrentaban a una decisión crítica sobre el género de su único descendiente. Esto llevó a muchas familias a preferir tener un hijo varón para cumplir con las expectativas culturales, sociales y económicas ya mencionadas.
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Sobre el programa de adopciones internacionales
El programa de adopciones internacionales de China comenzó en 1992, y desde entonces ha permitido que miles de niñas y niños chinos encontraran hogares en el extranjero. Según cifras del profesor Peter Selman, de la Universidad de Newcastle, entre 2004 y 2022 se registraron más de 89.000 adopciones en más de 20 países. Estados Unidos se destacó como el principal destino, con más de 82.600 adopciones desde China, seguido de España, que acogió a cerca de 18.000 niños.
El pico de adopciones se alcanzó en 2005, cuando casi 8.000 niñas y niños chinos fueron adoptados por familias estadounidenses. No obstante, en los últimos años, el número de adopciones internacionales ha disminuido significativamente. En 2018, las autoridades chinas registraron solo 15.000 niños que esperaban para ser adoptados, en comparación con los 44.000 que había en 2009.
A lo largo de los años, China también ha reforzado su sistema de protección para personas con discapacidad, lo que ha contribuido a la disminución en el número de adopciones internacionales. Además, la pandemia de COVID-19 suspendió temporalmente el programa, lo que provocó un freno aún mayor en el flujo de adopciones.
El cambio en las políticas de población tras la era del hijo único
La decisión de suspender las adopciones internacionales marca el fin de una era en la política de población de China. «En cierto modo, es el cierre de uno de los capítulos más vergonzosos de la política del hijo único», señaló Wang Feng, profesor de sociología en la Universidad de California, Irvine, en una entrevista con The New York Times. Según Wang, el gobierno chino permitió las adopciones internacionales como una forma de lidiar con las consecuencias de su estricta política de control de natalidad.
Se podría decir que, en parte, como consecuencia de estas medidas, hoy en día el país enfrenta un panorama demográfico completamente diferente. La cifra de huérfanos en China ha disminuido drásticamente, pasando de 570.000 en 2012 a solo 158.000 en 2021, según datos de Statista. La suspensión de las adopciones internacionales refleja el cambio de prioridades del gobierno, que ahora se centra en revertir la disminución de su población.
Una nueva fuente de tensión diplomática entre China y Occidente
La medida no solo afecta a las familias extranjeras que esperaban adoptar a niños chinos, sino que también pone de manifiesto las tensiones diplomáticas entre China y Occidente. Las relaciones entre Pekín y Estados Unidos han sido tensas en los últimos años, y esta decisión podría agregar una nueva capa de complejidad a las ya complicadas relaciones diplomáticas entre ambos países.
Mientras tanto, países como Noruega, Dinamarca y Países Bajos ya han comenzado a revisar sus propios programas de adopción internacional, lo que podría indicar un cambio global en la forma en que los países abordan las adopciones transnacionales.













