La variante Cicada del COVID, identificada como BA.3.2, ha sido detectada en aumento durante los primeros meses de 2026 en Estados Unidos y otros países. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) la han incluido entre las variantes a vigilar, en medio de señales de una transmisión que se acelera tras meses de silencio epidemiológico.
Cicada: el origen de una variante que resurgió
La variante Cicada del COVID fue detectada por primera vez en Sudáfrica en noviembre de 2024, aunque su circulación se mantuvo baja hasta mediados de 2025. El virus, identificado técnicamente como BA.3.2, comparte parte de su estructura con las variantes derivadas de Ómicron, pero presenta un perfil genético con entre 70 y 75 mutaciones. Esa cifra, superior a la de otras cepas recientes, es uno de los factores que ha despertado el interés de la comunidad científica.
Su nombre, «Cicada» (cigarra en inglés), no es casual. Los investigadores eligieron esa denominación por la naturaleza de estos insectos que pasan largos periodos bajo tierra antes de emerger súbitamente. De forma similar, la variante BA.3.2 permaneció durante meses apenas visible en la vigilancia genómica global y ahora reaparece con mayor frecuencia, de acuerdo con los reportes más recientes de los CDC.
Qué se sabe hasta ahora sobre su propagación global
Hasta marzo de 2026, la variante se ha detectado en más de 20 países. En regiones de Europa central y del sur, representa hasta el 30% de las muestras secuenciadas. En Estados Unidos, los expertos señalan un aumento sostenido en la detección en aguas residuales: 132 ubicaciones en al menos 25 estados muestran presencia del genoma de Cicada.
Según el informe de los CDC del 19 de marzo, BA.3.2 constituye alrededor del 3,7% de las muestras analizadas. Aunque sigue lejos de dominar el panorama —la variante XFG concentra cerca del 53% y LF.7 un 10,3%—, los virólogos advierten que su rápido ascenso podría anticipar un cambio en las proporciones durante el verano.
En términos de expansión, la versión norteamericana parece seguir patrones similares a los de anteriores olas de reinfección leve, caracterizadas por curvas lentas pero persistentes. Por ahora, los datos no apuntan a una mayor gravedad clínica, pero sí a una mayor habilidad para evadir parcialmente la inmunidad conferida por vacunas o infecciones previas.
¿Por qué la variante Cicada preocupa a las autoridades sanitarias?
El grupo de vigilancia genómica de la OMS añadió recientemente a Cicada en su lista de variantes «bajo monitoreo». Ese estatus implica que aún no hay evidencia de un impacto sustancial sobre la salud pública global, pero que existen indicios de cambio en comportamiento virológico.
El Dr. Robert Hopkins Jr., director médico de la Fundación Nacional para las Enfermedades Infecciosas, explica que la preocupación radica en su amplio número de mutaciones. “Cuantas más alteraciones acumula el virus en la proteína de la espiga, mayor es el potencial de escapar a los anticuerpos neutralizantes inducidos por vacunación o infecciones pasadas”, declaró a USA Today. Si bien aún no se ha observado un aumento significativo de hospitalizaciones, las bajas tasas de refuerzo vacunal y la reducción de las estrategias comunitarias de prevención en varios países podrían favorecer su diseminación.
Cómo se detectó por primera vez en Estados Unidos
El primer caso confirmado de BA.3.2 en territorio estadounidense fue notificado en enero de 2026, aunque el virus había sido identificado seis meses antes en un viajero procedente del extranjero. Desde entonces, las autoridades sanitarias han intensificado la vigilancia mediante pruebas clínicas y, sobre todo, mediante el monitoreo de aguas residuales. Esa metodología, consolidada desde 2022, permite anticipar tendencias de circulación viral con semanas de anticipación.
En paralelo, laboratorios universitarios están colaborando con los CDC para secuenciar muestras y determinar diferencias en las proteínas clave del patógeno. Estos esfuerzos permiten estimar la capacidad del virus para adherirse a las células humanas y replicarse más eficientemente, dos aspectos que inciden directamente en su potencial de transmisión.
Cuáles son los síntomas más frecuentes
Los primeros reportes clínicos asocian a Cicada con síntomas similares a los de otras variantes posteriores a Ómicron. Entre ellos se encuentran la congestión nasal, el dolor de cabeza, la fatiga, los estornudos, la tos y la alteración del gusto o el olfato. Algunos pacientes mencionan un dolor de garganta intenso, descrito coloquialmente como “garganta cuchilla de afeitar”, pero sin complicaciones respiratorias graves.
Médicos de hospitales en Texas y Nueva York señalan que los casos ambulatorios predominan en jóvenes y adultos con pauta de vacunación incompleta. La mayoría se recupera en una semana sin mayores consecuencias. Sin embargo, los expertos reiteran la recomendación de mantenerse alerta ante signos de dificultad respiratoria o fiebre persistente.
¿Podrían las vacunas actuales proteger contra Cicada?
Los investigadores coinciden en que las vacunas vigentes probablemente ofrecen una protección moderada frente a la infección sintomática provocada por BA.3.2, pero conservan su eficacia ante cuadros graves y hospitalizaciones. Hopkins subraya que el número elevado de mutaciones podría disminuir la respuesta inmunitaria neutralizante generada por los refuerzos desarrollados para variantes previas como JN.1. No obstante, mantener actualizados los esquemas vacunales continúa siendo la herramienta más efectiva para reducir la carga de enfermedad y mortalidad.
De acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, los refuerzos distribuidos a finales de 2025 siguen ofreciendo entre un 60% y un 70% de protección frente a hospitalización, incluso ante variantes con mutaciones extensas. Las farmacéuticas están ajustando nuevas formulaciones adaptadas a los sublinajes emergentes, aunque aún no se prevé una campaña global específica para Cicada.
Cómo varía la respuesta de los sistemas de salud
Las distintas estrategias nacionales frente a las nuevas variantes reflejan niveles variables de preparación. En países europeos, como Alemania y España, los programas de vigilancia genómica mantienen sistemas automáticos de alerta temprana. En Estados Unidos, los CDC dependen cada vez más del análisis de aguas residuales, menos costoso y más representativo que la notificación clínica individual.
América Latina enfrenta un desafío distinto. Tras la reducción de los fondos destinados a la pesquisa de SARS-CoV-2, varios países limitan su seguimiento a episodios de brotes en hospitales. Esto podría demorar la identificación de mutaciones relevantes y su impacto sanitario real.
La OMS insiste en que la transparencia de los datos genómicos es crucial para evitar escenarios como los de 2021 y 2022, cuando el retardo en la comunicación internacional dificultó las respuestas coordinadas. Por ahora, Cicada sirve de recordatorio de que la pandemia, aunque controlada, aún no ha terminado.
Qué indican los expertos sobre las perspectivas a corto plazo
El modelo de proyección del Centro de Control de Enfermedades estima que la proporción de casos atribuibles a Cicada podría duplicarse hacia julio de 2026, si las tendencias actuales continúan. Este margen de crecimiento coincide con la estacionalidad de repuntes veraniegos observada en años anteriores. No obstante, el comportamiento del virus podría variar según las tasas locales de vacunación y la movilidad de la población durante las vacaciones.
Los epidemiólogos advierten que, más que un riesgo de colapso hospitalario, el principal desafío radica en el aumento del ausentismo laboral y educativo por infecciones leves. Este patrón ya fue observado durante las olas de Ómicron y continúa reproduciéndose en escenarios de baja cobertura de refuerzo.
Cómo influye la fatiga pandémica en la respuesta social
El mantenimiento de medidas preventivas se ha vuelto irregular. A nivel urbano, el uso voluntario de mascarillas en transporte público ronda el 30% y las campañas de ventilación adecuada prácticamente han desaparecido en escuelas y oficinas. Esta falta de atención facilita, según advierten los especialistas, que variantes como Cicada encuentren oportunidades de propagación incluso en contextos de baja carga viral general.
Organismos comunitarios, como la Red Americana de Salud Pública, recomiendan restablecer campañas breves de comunicación centradas en el autocuidado: quedarse en casa si se presentan síntomas, mantener el esquema de vacunación actualizado y practicar testeo diagnóstico rápido. Aunque simples, esas medidas son las que más impacto demostraron durante los periodos de rebrotes.
La importancia del seguimiento genómico continuo
Los genetistas del consorcio GISAID destacan que la clave para controlar la evolución del SARS-CoV-2 radica en mantener un flujo continuo de secuenciación y compartir los datos de forma abierta. Variantes como Cicada no surgen de la nada; son producto de la persistencia del virus en regiones menos monitorizadas. El intercambio internacional de muestras y la inversión en capacidades de laboratorio siguen siendo fundamentales para detectar cambios en tiempo real.
Los CDC confirmaron que actualizarán semanalmente los informes de prevalencia de Cicada y otras variantes vigiladas. La OMS, por su parte, planea revisar su clasificación cada dos meses, en función del crecimiento de casos y la evidencia de escape inmunitario.
Qué esperar de la gestión de riesgo en los próximos meses
La actual situación recuerda la fase intermedia de 2023, cuando la atención pública hacia el COVID había disminuido, pero emergieron subvariantes con ligeros aumentos en transmisibilidad. Los analistas de salud global consideran que, con una adecuada vigilancia y el retorno parcial de medidas de control básico, los impactos de Cicada podrían mantenerse limitados.
Las autoridades de Estados Unidos y Europa ya han reactivado sus protocolos de preparación hospitalaria ante un posible aumento estacional de casos respiratorios. Aunque el escenario base no prevé un repunte drástico, la experiencia indica que la adaptabilidad de los sistemas será clave para evitar sorpresas.
Un recordatorio de la persistencia viral
Más allá de su incidencia inmediata, la presencia de la variante Cicada del COVID pone de relieve la evolución constante del SARS-CoV-2 y la necesidad de sostener la vigilancia epidemiológica. Incluso con un nivel de inmunidad poblacional alto, los cambios en el virus pueden modificar las reglas del control en cuestión de meses. La historia reciente demuestra que la complacencia es el mayor riesgo.
Para los expertos, mantener el registro de datos, la cooperación científica y la comunicación transparente son las herramientas decisivas para anticipar las siguientes etapas. Cicada, más que una amenaza, funciona hoy como una advertencia: el ciclo del virus continúa, aun cuando el mundo haya pasado página de la emergencia sanitaria.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.













