El fenómeno The Hum: ciencia detrás del misterioso zumbido global

El fenómeno The Hum, un zumbido de baja frecuencia escuchado por millones en distintos países, sigue intrigando a científicos y ciudadanos. Desde los primeros reportes en los años 70 hasta las investigaciones más recientes en 2026, las causas detrás de este sonido sin fuente aparente continúan sin consenso claro.

Un sonido que el mundo aprendió a oír sin saber de dónde viene

Desde mediados de la década de 1970, ciudadanos de distintos países comenzaron a reportar la presencia de un zumbido incesante, descrito como un tono bajo o vibración sin fuente visible. A este fenómeno se le llamó The Hum, y a lo largo de los años ha desconcertado tanto a la población general como a la comunidad científica. Se estima que entre 2% y 4% de las personas en el mundo aseguran haberlo escuchado alguna vez. El patrón común es inquietante: el sonido se percibe en interiores, suele intensificarse durante la noche y parece continuar aunque se busquen posibles fuentes externas.

El caso que marcó un punto de inflexión ocurrió en Bristol, Inglaterra, en 1977, cuando el periódico Bristol Evening Post recibió decenas de cartas de vecinos preocupados por un zumbido persistente que perturbaba su descanso. Estudios iniciales atribuyeron la causa a ventiladores industriales en un almacén; sin embargo, el ruido siguió aun después del cierre de las instalaciones. Desde entonces, los reportes se multiplicaron en distintas regiones del Reino Unido, especialmente en zonas costeras como Plymouth y Southampton.

¿Qué explica realmente el origen del fenómeno The Hum?

A más de cuarenta años de aquellos primeros reportes, investigadores aún debaten si se trata de un fenómeno acústico ambiental, un efecto físico del oído humano o incluso una manifestación psicológica colectiva. La diversidad de teorías se ha ampliado con los avances tecnológicos y la creación de bases de datos globales.

El profesor Markus Drexl, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), lideró uno de los estudios más amplios sobre el tema en Europa. Su equipo examinó a 28 personas de Alemania que reportaban oír un zumbido similar. Mediante análisis audiológicos y medición de frecuencias bajas, determinaron que la mayoría no poseía una audición excepcional. Solo dos participantes mostraron sensibilidad superior a los promedios en rangos por debajo de los 100 hercios.

Las conclusiones de Drexl apuntan a dos causas posibles: en algunos individuos, el fenómeno podría ser un caso de audición especialmente aguda a bajas frecuencias; en otros, se trataría de una forma de tinnitus de baja frecuencia, una condición en la que el cerebro interpreta estímulos internos como sonidos externos.

Historia reciente y geografía del zumbido

El fenómeno The Hum trascendió fronteras en la década de 1990 con reportes en Estados Unidos, particularmente en Taos (Nuevo México) y Kokomo (Indiana). En ambas ciudades, equipos de ingenieros y científicos instalaron micrófonos subterráneos y sensores de vibración sin resultados concluyentes. En Taos, más de 140 residentes firmaron una petición solicitando una investigación federal. Los estudios revelaron ruidos de origen industrial y tráfico, pero las frecuencias no coincidían exactamente con las descritas por los afectados.

Años después, los reportes se multiplicaron en Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Noruega. En 2012, el profesor canadiense Glen MacPherson fundó The World Hum Map and Database Project, una plataforma interactiva que reúne testimonios y localizaciones de quienes afirman oír el zumbido. Hasta 2026, esta base de datos acumulaba más de 17.000 registros de 80 países, concentrados en zonas urbanas densamente pobladas y regiones costeras.

¿Cómo detectan los científicos un zumbido sin fuente aparente?

Los investigadores emplean una combinación de sensores acústicos, análisis espectrales y mediciones de infrasound (ondas inferiores a 20 Hz). Sin embargo, las ondas de baja frecuencia presentan un problema físico complejo: se propagan a grandes distancias y rebotan en estructuras, lo que dificulta localizar su origen.

En el caso de Bristol, se descartaron fuentes industriales. En Taos, se identificaron instalaciones eléctricas y fábricas cercanas, pero ninguna emitía vibraciones continuas en el rango percibido. En Oslo, un estudio del canal noruego NRK recogió decenas de quejas vecinales entre 2023 y 2025, sin hallar correlación entre el ruido y fuentes medibles.

La dificultad radica en que el oído humano es especialmente impreciso en la localización de sonidos graves. Un zumbido de 50 hercios, por ejemplo, puede provenir de kilómetros de distancia o de un dispositivo doméstico en el edificio contiguo. Esta característica física explica por qué dos personas en la misma habitación pueden tener experiencias completamente distintas: una percibe el sonido; la otra, nada en absoluto.

¿Podría ser The Hum una construcción interna del oído humano?

La hipótesis más reciente apunta al interior de la cóclea, la estructura del oído interno que amplifica señales acústicas. En todos los humanos, la cóclea genera sonidos muy débiles conocidos como emisiones otoacústicas espontáneas. Su detección suele requerir equipos especializados, pero en casos raros, algunas personas pueden percibirlos conscientemente.

Drexl y su equipo analizaron esta posibilidad y hallaron que sus 28 participantes no producían emisiones otoacústicas medibles en las frecuencias bajas donde reportaban el zumbido. Esto refuerza la teoría del tinnitus de baja frecuencia, una alteración sensorial que el cerebro puede interpretar como sonido ambiental.

En este escenario, el fenómeno The Hum no requeriría una fuente externa para manifestarse. Bastaría con una leve disfunción en la forma en que las neuronas auditivas procesan señales infra-auditivas. Es un fenómeno similar al zumbido crónico o tinnitus clásico, pero en un rango de frecuencia mucho menor.

Factores ambientales y tecnológicos en discusión

Más allá de la percepción individual, la contaminación acústica de baja frecuencia se ha convertido en un tema de investigación creciente. Los generadores, molinos eólicos, sistemas de calefacción y transporte urbano producen un espectro sonoro entre 20 y 250 hercios, el mismo rango donde los testigos afirman oír The Hum. En 2025, la Agencia Europea de Medio Ambiente estimó que más del 22% de los residentes urbanos en Europa están expuestos de forma constante a ruidos de baja frecuencia por encima de los 40 decibelios.

Expertos en acústica sostienen que el oído humano no está adaptado para procesar prolongadamente este tipo de frecuencias. Las vibraciones continuas pueden inducir fatiga auditiva, sensación de presión y, en algunos casos, generar respuestas psicosomáticas. Así, aunque no todos los afectados escuchen realmente un sonido físico, el malestar puede ser auténtico.

¿Qué papel juega la psicología en el fenómeno The Hum?

Diversos psicólogos sugieren que el carácter global del fenómeno podría deberse a un efecto de sugestión o atención selectiva. Personas informadas sobre el tema tienden a concentrarse en sonidos ambientales leves, amplificando su percepción interna. Este mecanismo, documentado también en otros fenómenos auditivos, explicaría la aparición de nuevos casos tras la difusión mediática.

Sin embargo, la teoría psicológica no resuelve casos donde se ha comprobado presencia real de vibraciones medibles. La coexistencia de explicaciones físicas y perceptivas indica que The Hum podría no ser un único fenómeno, sino una categoría que agrupa distintas experiencias auditivas bajo un mismo nombre.

Un desafío para la ciencia del sonido en el siglo XXI

En los últimos años, el interés científico por el rango de frecuencias bajas se ha ampliado. El desarrollo de nuevas ciudades sostenidas por energía eólica, sistemas de transporte subterráneos y convertidores térmicos ha introducido niveles constantes de vibración que antes eran marginales. A medida que la sociedad aumenta su exposición a ruidos tecnológicos, la línea entre sonido ambiental y percepción subjetiva se vuelve más difusa.

Especialistas en neurociencia auditiva afirman que el estudio del infrasound es hoy una prioridad. Comprender cómo el cerebro procesa estímulos auditivos inferiores a los 20 hercios podría aportar no solo una explicación al fenómeno The Hum, sino también avances en el tratamiento del tinnitus y la hipersensibilidad sonora.

Las próximas investigaciones, según indicó Drexl en una entrevista reciente, se centran en desarrollar mapas acústicos tridimensionales que integren mediciones en tiempo real de vibración atmosférica, actividad industrial y respuestas fisiológicas humanas. La meta es construir un modelo predictivo que diferencie entre fuentes objetivas y procesos perceptivos internos.

Hacia una comprensión integral del fenómeno

El fenómeno The Hum trasciende disciplinas: combina física del sonido, neurociencia, ingeniería ambiental y psicología perceptiva. Su persistencia durante más de medio siglo y su distribución mundial lo han convertido en un caso de estudio de referencia sobre cómo los humanos interpretamos nuestro entorno acústico. En 2026, todavía no existe una teoría unificadora, pero sí una certeza: lo que las personas oyen, ya sea causado por máquinas, por su propio oído o por el entorno, tiene efectos sociales y sanitarios verificables.

Los esfuerzos actuales buscan cerrar esa brecha entre percepción y realidad. Mientras tanto, los informes continúan llegando desde lugares tan diferentes como Buenos Aires, Osaka o Vancouver, todos describiendo el mismo eco lejano que nadie puede identificar del todo. La ciencia avanza despacio, pero cada nuevo caso –registrado, analizado o descartado– aporta un fragmento más en la búsqueda de respuestas sobre el misterioso zumbido que el mundo aprendió a escuchar.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.