Una reciente investigación internacional muestra que cerca del 34 % de las mujeres mayores de 35 años no sabe si está atravesando la perimenopausia. El estudio, realizado por Flo Health Inc. y publicado el 20 de julio de 2026, plantea interrogantes sobre el acceso a información médica, los estigmas sociales y la falta de herramientas de diagnóstico claras para esta etapa de transición hormonal.
La incertidumbre de una etapa transicional
El estudio encabezado por la científica Yihan Xu, de Flo Health Inc. en Londres, encuestó a más de 7.600 mujeres estadounidenses y reveló que un 34 % no estaba segura de su estado reproductivo actual. La indecisión alcanzó un máximo del 42 % entre las mujeres de 40 a 44 años, edad en la que la perimenopausia suele iniciarse. Lejos de ser una etapa súbita, este periodo puede extenderse entre cuatro y ocho años, marcando el camino hacia la menopausia definitiva.
La perimenopausia representa la transición biológica hacia el final de la vida fértil. Sin embargo, para millones de mujeres, sigue siendo un concepto poco comprendido, tanto en el ámbito médico como en el cultural. Su diagnóstico no depende de una prueba de laboratorio certera, sino de la interpretación de una serie de síntomas que pueden confundirse con otras afecciones, como el síndrome premenstrual o los trastornos tiroideos.
¿Por qué tantas mujeres desconocen que están en perimenopausia?
El desconocimiento tiene varias causas interrelacionadas. Según la doctora Stephanie Faubion, directora médica de The Menopause Society, “la confusión de síntomas, los mitos persistentes y las barreras de atención médica privan a muchas mujeres de la claridad y del acompañamiento necesario durante esta transición”. A ello se suma una brecha informativa significativa entre distintas generaciones y clases sociales.
Históricamente, los cambios hormonales femeninos han sido tratados en la esfera privada, y muchas mujeres carecen de información médica adaptada a sus experiencias. Algunas confunden los sofocos, el insomnio o los cambios de humor con estrés laboral o sobrecarga emocional. Otras interpretan sus síntomas como un signo de envejecimiento prematuro o enfermedad.
El estudio muestra que el 56 % de las encuestadas encontró dificultades para discernir si los cambios que experimentaban eran originados por la perimenopausia o por otro factor fisiológico. Este hallazgo refleja una brecha educativa persistente en torno a la salud reproductiva femenina, en la que los temas del ciclo hormonal tienden a trivializarse o a presentarse de forma fragmentada.
Cómo se define y mide la perimenopausia en la actualidad
Los expertos coinciden en que la perimenopausia suele comenzar entre los 40 y 45 años, aunque puede adelantarse incluso a los 35. Los marcadores comunes incluyen irregularidades menstruales, sofocos, sudoración nocturna, alteraciones del sueño y sequedad vaginal. Sin embargo, los niveles hormonales fluctúan de manera tan variable que establecer un patrón clínico universal resulta complicado.
A falta de un biomarcador definitivo, los médicos dependen de las evaluaciones clínicas y de la historia de síntomas. Algunas herramientas digitales, como las aplicaciones de seguimiento menstrual, han intentado llenar ese vacío, pero continúan enfrentando críticas por su falta de validación científica. El trabajo de Flo Health pretende contribuir a una mayor base de datos que permita mejorar el asesoramiento digital y presencial.
Según datos de la revista Menopause, donde fue publicado el estudio, este enfoque busca desplazar el énfasis desde el diagnóstico hacia la educación personalizada y el apoyo médico integral. De esta forma, se intenta ofrecer a las mujeres no solo información, sino también validación y acompañamiento.
¿Qué impacto social y psicológico tiene la confusión de síntomas?
El efecto trasciende el ámbito biológico. La incertidumbre sobre lo que está ocurriendo en el cuerpo incide en la autoestima, en la percepción de salud mental y en las relaciones personales. Cuando los síntomas no son reconocidos ni explicados, la ansiedad aumenta. Diversas investigaciones han vinculado esta desinformación con mayores niveles de depresión y con una menor búsqueda de cuidado preventivo.
En consecuencia, algunas mujeres terminan tratándose por afecciones que no padecen, mientras otras dejan pasar alteraciones médicas reales. La ausencia de una narrativa social clara sobre la perimenopausia refuerza la idea de que es un proceso silenciado, asociado a la vejez o a la pérdida de feminidad, lo que desincentiva la consulta.
Un estudio paralelo de la Universidad de Toronto estimó que las mujeres que reconocen los cambios asociados a la perimenopausia tienen un 40 % más de probabilidades de acceder tempranamente a la atención médica, lo que reduce la evolución de síntomas severos. Este dato refuerza la necesidad de incorporar esta temática en los programas de salud pública y educación sexual.
¿Qué papel juegan la tecnología y la educación médica?
La difusión de información digital ha transformado la percepción de la salud hormonal femenina. Plataformas como Flo Health, Clue y Natural Cycles registran millones de usuarias y generan bases de datos útiles para la investigación poblacional. No obstante, su efectividad depende en gran medida de la calidad del contenido educativo y del acompañamiento profesional que ofrezcan.
Yihan Xu, líder del estudio, señaló que el análisis masivo de datos está permitiendo identificar patrones comunes en distintas poblaciones. “El siguiente paso será trasladar esos datos a entornos clínicos para predecir, con mayor precisión, cuándo una mujer podría entrar en la perimenopausia y qué factores influyen en la intensidad de los síntomas”, explicó.
Por otra parte, diversas instituciones, como la Clínica Mayo, recomiendan que los médicos generales reciban formación específica sobre los síntomas menos evidentes de esta etapa, como los cambios de humor, el dolor articular o las alteraciones cognitivas leves. En muchos países, el enfoque médico tradicional sigue limitado a la esfera ginecológica, dejando fuera los impactos emocionales y metabólicos.
Un desafío estructural para los sistemas de salud
A nivel global, las mujeres pasan casi un tercio de su vida en la etapa posreproductiva, y el manejo de la transición hacia esta fase tiene implicaciones directas para las políticas públicas. En América Latina, por ejemplo, la educación médica y comunitaria sobre menopausia y perimenopausia sigue siendo desigual. En varios países, los programas de salud sexual no incluyen módulos específicos sobre perimenopausia, y las consultas suelen concentrarse en la anticoncepción o la gestación.
La falta de protocolos integrales también afecta la investigación científica. Menos del 10 % de los estudios clínicos sobre hormonas femeninas publicados entre 2015 y 2025 analizan la transición perimenopáusica como una categoría diferenciada. Esto significa que gran parte de las guías se construyen con datos postmenopáusicos, sin contemplar el proceso previo.
La pandemia de COVID-19 intensificó este problema, ya que muchas mujeres reprogramaron o suspendieron sus controles ginecológicos. El resultado fue una menor detección de alteraciones hormonales y un aumento de la automedicación. En 2021, una encuesta del Institute for Women’s Policy Research reportó que el 48 % de las mujeres mayores de 40 años buscaban información sobre síntomas hormonales en redes sociales antes que en fuentes médicas verificadas.
Hacia una representación más precisa del ciclo vital femenino
La creciente atención mediática al tema ha impulsado investigaciones interdisciplinares que vinculan la perimenopausia con aspectos neurológicos, metabólicos y sociales. En los últimos años, varios equipos científicos han estudiado la relación entre la disminución del estrógeno y el riesgo de enfermedades cardiovasculares y cognitivas. Estos hallazgos subrayan que comprender la perimenopausia no solo es importante para el bienestar inmediato, sino también para la prevención de patologías futuras.
Los expertos coinciden en que mejorar la alfabetización hormonal implica un cambio cultural profundo. Instituciones como la Organización Mundial de la Salud y The Menopause Society promueven reformas en la formación profesional y en las campañas públicas. Su objetivo: normalizar la conversación sobre las transiciones del ciclo vital femenino, sin reducirlas a un estigma ni a un diagnóstico médico aislado.
El rol de la comunicación y del lenguaje
El modo en que se habla de la perimenopausia influye en cómo se vive. El lenguaje empleado por los medios y los profesionales de la salud puede reforzar prejuicios o, por el contrario, desmontarlos. La mayoría de los manuales médicos todavía la presentan como un “trastorno del climaterio”, una expresión que sugiere patología en lugar de describir una fase natural. Esta terminología está siendo revisada por sociedades médicas y comunicadores científicos que buscan un discurso más preciso y menos estigmatizante.
De igual modo, las redes sociales han permitido organizar comunidades de apoyo, donde las mujeres comparten experiencias sobre síntomas, tratamientos y emociones. Sin embargo, la ausencia de moderación profesional en algunos espacios digitales puede derivar en la propagación de información inexacta o terapias sin evidencia.
Un tema de salud pública que exige visibilidad
Los investigadores del estudio insisten en que no basta con identificar a las mujeres en perimenopausia; es necesario garantizar acceso a recursos adecuados, desde guías educativas hasta atención médica multidisciplinaria. En ese contexto, las políticas de salud deben integrar indicadores específicos para medir la calidad de vida durante esta transición.
El informe de Menopause concluye que aumentar el conocimiento sobre el proceso ayudaría a anticipar las necesidades médicas y emocionales de millones de mujeres. Mientras tanto, la conversación pública sobre la perimenopausia se expande y reclama su lugar en la agenda de salud global. La información, los datos y el acompañamiento son, hoy, las herramientas más efectivas para reducir las brechas de comprensión y devolver a las mujeres el control sobre su bienestar físico y emocional.
La perimenopausia, más que un diagnóstico, se consolida como un terreno de diálogo entre ciencia, cultura y sociedad. Entender esta etapa no solo mejora la calidad de vida de quienes la atraviesan, sino que redefine la forma en que los sistemas de salud abordan el ciclo vital femenino.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.







