Medicamento para el TDAH puede afectar el peso infantil, advierte estudio australiano

Un nuevo estudio de la Universidad de Sídney, publicado en el Journal of Paediatrics and Child Health, advierte que cierto medicamento para el TDAH puede influir significativamente en la ganancia de peso de los niños tratados. La investigación comparó la dexanfetamina y el metilfenidato en 100 pacientes pediátricos, mostrando diferencias relevantes en los cambios corporales durante el primer año de uso.

Dos fármacos, un mismo objetivo: tratar el TDAH

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una condición neurobiológica que afecta las funciones ejecutivas, la atención y el control de impulsos en niños y adolescentes. Se estima que 47 millones de personas menores de 20 años conviven con este diagnóstico en el mundo, de acuerdo con cifras de la OMS y el Institute for Health Metrics and Evaluation. En Australia, las tasas de prescripción de medicamentos estimulantes para el TDAH aumentaron un 250 % entre 2013 y 2023, lo que genera preocupación sobre los efectos secundarios a largo plazo.

El nuevo estudio, encabezado por la pediatra Alison Poulton, analizó a 100 niños recientemente diagnosticados con TDAH. El grupo fue dividido aleatoriamente: la mitad recibió dexanfetamina y la otra mitad metilfenidato, ambos medicamentos ampliamente usados en el tratamiento del trastorno. Tras 12 meses de seguimiento, los investigadores observaron que, aunque ambos grupos mostraron mejoras notables en la conducta y capacidad de concentración, los niños medicados con dexanfetamina perdieron en promedio 1,4 kilogramos más de peso que aquellos tratados con metilfenidato.

¿Qué mostró exactamente el estudio sobre el impacto corporal?

Durante los primeros tres meses, los niños que tomaban dexanfetamina perdieron aproximadamente 3 libras (1,36 kg), frente a poco más de 0,6 libras (0,27 kg) en el grupo con metilfenidato. Aunque no se observaron diferencias sustanciales en la estatura o en la masa muscular, el hallazgo lleva a considerar la necesidad de un monitoreo nutricional más estricto en etapas tempranas del tratamiento.

La dexanfetamina actúa estimulando la liberación de dopamina y noradrenalina, neurotransmisores clave en la autorregulación y la atención. No obstante, este mecanismo también reduce el apetito y acelera el metabolismo, efectos que podrían explicar la pérdida de peso observada. El metilfenidato, aunque comparte vías neuroquímicas similares, tiende a presentar una menor supresión del hambre en la infancia.

La doctora Poulton subrayó que “el crecimiento debe ser vigilado al mismo tiempo que se evalúan los beneficios conductuales”. En declaraciones al portal de la Universidad de Sídney, añadió que la pérdida significativa de peso durante el primer año de tratamiento podría representar un desafío clínico, especialmente en niños con bajo índice de masa corporal al inicio.

¿Por qué la elección del medicamento influye de manera diferente?

La comparación entre ambos fármacos no es nueva en la comunidad médica. Desde la década de 1990, distintas investigaciones en Estados Unidos y Europa han intentado establecer cuál ofrece una mayor eficacia y menor riesgo para el desarrollo infantil. Sin embargo, los resultados han sido dispares.

La dexanfetamina se absorbe más rápido en el organismo y presenta un efecto estimulante sostenido durante varias horas. Ello puede traducirse en un control más prolongado de los síntomas de TDAH, pero también en una reducción más marcada del apetito. Por otro lado, el metilfenidato se metaboliza con mayor rapidez y tiende a presentar fluctuaciones más suaves en los niveles de dopamina, lo que podría explicar una menor incidencia de pérdida de peso.

Investigadores del Hospital Infantil de Melbourne, que analizaron registros de más de 12.000 prescripciones entre 2015 y 2024, detectaron un patrón similar: los pacientes tratados con dexanfetamina exhibían un peso corporal promedio un 6% menor tras un año, en comparación con quienes recibían metilfenidato. Estas diferencias, aunque clínicamente pequeñas, adquieren relevancia cuando la medicación se mantiene de manera prolongada.

TDAH infantil: tendencias globales y políticas de salud

La prevalencia del TDAH en niños ha crecido en la última década, impulsada por un mayor reconocimiento diagnóstico y cambios en los criterios clínicos. En Estados Unidos, uno de cada ocho menores entre 3 y 17 años ha recibido un diagnóstico, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). En América Latina, la cifra varía entre el 5% y el 10%, dependiendo de la región y el acceso a servicios de salud mental.

El aumento de casos ha tenido un paralelo casi directo con el crecimiento del mercado farmacológico. En Australia, la cantidad de menores medicados con estimulantes pasó de 73.000 en 2013 a más de 182.000 en 2023. Las autoridades sanitarias han reforzado las pautas para la prescripción, requiriendo controles trimestrales de peso, talla y presión arterial.

En este contexto, la advertencia de que un medicamento para el TDAH puede afectar el peso infantil reabre el debate sobre la pertinencia del uso prolongado de estimulantes y la necesidad de estrategias complementarias, como la terapia cognitivo-conductual y la intervención educativa.

¿Cómo se evaluó la satisfacción de los pacientes y sus familias?

Más del 80% de los participantes del estudio australiano continuaron tomando el fármaco asignado tras el primer año. Esto indica que, pese a las diferencias en el peso, los resultados conductuales fueron suficientemente favorables para mantener la adherencia. Los padres reportaron mejoras observables en la capacidad de concentración, reducción de impulsividad y mayor estabilidad emocional.

No obstante, los seguimientos médicos indicaron que algunos niños experimentaron inapetencia crónica, fatiga matinal y dificultades para mantener rutinas alimenticias regulares. El equipo de investigación propuso que, en casos con pérdida de peso superior al 5 % del valor inicial, los médicos evalúen modificar la dosis o incorporar pausas farmacológicas supervisadas.

Una encuesta paralela realizada en Canadá, con una muestra de 400 familias, apuntó que el 39 % de los padres había solicitado ajustes de dosis por efectos secundarios relacionados con el apetito. Este tipo de hallazgos refuerzan la noción de que la personalización del tratamiento es esencial y que las diferencias farmacodinámicas entre dexanfetamina y metilfenidato no pueden pasarse por alto.

Avances en investigación y nuevas formulaciones de estimulantes

El desarrollo de versiones de liberación controlada y combinada busca mitigar los efectos adversos asociados a los picos de concentración de estimulantes en sangre. En la última década, varios laboratorios han introducido formulaciones que liberan la sustancia activa de manera gradual, lo que reduce la pérdida de apetito y mejora la tolerancia gastrointestinal.

Investigadores de la Universidad de Queensland evalúan actualmente una variante sintética de dexanfetamina con un perfil farmacológico menos agresivo. Los ensayos preliminares, aún no publicados, muestran una reducción del 30 % en la pérdida de peso media durante el primer semestre de tratamiento. Si bien los resultados son incipientes, podrían marcar un giro en la forma en que se abordan los tratamientos pediátricos.

¿Qué medidas recomiendan los especialistas a los padres?

El control sistemático del crecimiento es fundamental. Las guías del Royal Australasian College of Physicians establecen que los médicos deben registrar cada tres meses el peso, la talla y el índice de masa corporal de los niños tratados con estimulantes. Además, aconsejan mantener una dieta equilibrada rica en proteínas y micronutrientes, así como horarios regulares de comida.

La alimentación con alto contenido calórico antes y después de las dosis farmacológicas puede ayudar a compensar la reducción del apetito durante el día. El uso de suplementos calóricos y el acompañamiento nutricional profesional son prácticas cada vez más frecuentes en clínicas pediátricas especializadas.

Los expertos coinciden en que la comunicación entre médicos, familias y escuelas es esencial para detectar señales de alarma tempranas. Una pérdida de peso persistente o un retraso en el crecimiento debe compartirse con el especialista tratante para reajustar la dosis o el tipo de fármaco.

Debate ético y proyecciones futuras

El uso de estimulantes en menores ha generado un debate transversal que involucra a la medicina, la ética y la política pública. Mientras algunos profesionales defienden su eficacia comprobada en la reducción de los síntomas, otros alertan sobre la medicalización de conductas infantiles normales. Los hallazgos sobre diferencias de peso podrían darle nuevos argumentos a quienes abogan por un enfoque integral, que priorice tanto la salud mental como el crecimiento físico.

Un comité del Ministerio de Salud australiano revisará las recomendaciones oficiales para 2027. Entre las propuestas figura reforzar la capacitación médica en monitoreo nutricional y establecer un registro nacional de efectos adversos asociados al tratamiento farmacológico del TDAH.

El caso de este estudio resalta la complejidad de balancear eficacia terapéutica y seguridad en un contexto donde el diagnóstico temprano se ha vuelto más común. Las familias, los profesionales y las autoridades sanitarias deberán trabajar de manera coordinada para garantizar que los tratamientos sean tan efectivos como seguros a largo plazo.

Impacto en políticas de salud y educación

El crecimiento sostenido de diagnósticos de TDAH y la demanda de medicamentos estimulantes plantean nuevos desafíos para los sistemas educativos. La adaptación pedagógica en aulas con alto número de estudiantes medicados requiere estrategias que contemplen pausas, movimiento y acompañamiento psicopedagógico. El componente farmacológico, aunque útil, no debe sustituir la promoción de entornos inclusivos y medidas de apoyo psicoemocional.

Ya sea con dexanfetamina o con metilfenidato, el objetivo primario del tratamiento es mejorar la funcionalidad cotidiana sin comprometer el bienestar general. Este equilibrio permanece en el centro del debate público, mientras nuevas evidencias, como las presentadas en el estudio australiano, invitan a reconsiderar los protocolos vigentes en el abordaje del TDAH infantil.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.