China y la República de Corea celebraron este miércoles en el aeropuerto internacional de Incheon, en Seúl, la ceremonia de entrega del decimotercer lote de restos de soldados chinos caídos durante la Guerra de Corea. Los féretros de 12 combatientes de los Voluntarios del Pueblo Chino, cubiertos con la bandera nacional, fueron trasladados a un avión Y-20B de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación, que partió hacia Shenyang, capital de la provincia de Liaoning, en el noreste de China. Junto con los restos se repatriaron 146 efectos personales de los soldados.
El vuelo tuvo un componente simbólico añadido: al ingresar al espacio aéreo chino, el Y-20B fue escoltado por cuatro cazas J-20, el avión de combate de quinta generación más avanzado del arsenal chino. Al aterrizar en el aeropuerto internacional Taoxian de Shenyang, se rindieron los máximos honores militares con un saludo de agua, la distinción más alta que se otorga a las aeronaves en tierra.
La jornada también marcó un hito técnico: es la primera vez que el Y-20B —versión modernizada del transporte pesado Y-20— es desplegado para una misión de repatriación. Las entregas anteriores utilizaron el modelo base Y-20 o, en algunos casos, aviones de menor porte.
Doce años de repatriaciones conjuntas
El acuerdo bilateral entre China y Corea del Sur para la repatriación de restos de soldados chinos caídos en la guerra data de 2014, bajo el gobierno de la entonces presidenta Park Geun-hye. Desde entonces, ambos países han completado 13 ceremonias consecutivas, en las que el total de restos repatriados llegó a 1.023 combatientes. El proceso es sistemático: Corea del Sur excava los restos en zonas de antigua línea de frente —especialmente en la provincia de Gangwon, escenario de las batallas más intensas del conflicto—, los custodia temporalmente en un cementerio en Paju, cerca de la zona desmilitarizada, y luego los entrega con honores militares en Incheon.
Una vez en China, los restos son trasladados al cementerio de mártires de Shenyang, construido en 1952 específicamente para acoger a los soldados caídos en la contienda. La ciudad fue elegida por su proximidad estratégica a la frontera con Corea del Norte, a unos 350 kilómetros de distancia.
Una guerra que dejó cicatrices sin cerrar
La Guerra de Corea (1950-1953) fue el primer gran conflicto de la Guerra Fría en Asia y definió la geopolítica de la región durante décadas. China envió al conflicto a los Voluntarios del Pueblo Chino en octubre de 1950, cuando las fuerzas de la ONU, lideradas por Estados Unidos bajo el mando del general Douglas MacArthur, avanzaban hacia el río Yalu en la frontera con China. La intervención china cambió radicalmente el curso de la guerra y fue determinante para estabilizar la frontera entre las dos Coreas en el paralelo 38, donde se firmó el armisticio en julio de 1953.
Las cifras de bajas chinas son objeto de discrepancia histórica. Según cifras oficiales chinas, fallecieron 197.600 soldados, aunque estimaciones de fuentes occidentales elevan significativamente esa cifra. En total, China movilizó alrededor de 2,9 millones de combatientes, según la agencia oficial Xinhua. La gran mayoría de los soldados chinos fallecidos permanecen enterrados en territorio norcoreano, incluyendo a Mao Anying, hijo del entonces líder Mao Zedong.
El gesto diplomático detrás del protocolo
Las repatriaciones anuales se han convertido en uno de los pocos canales de cooperación estable entre Pekín y Seúl en un contexto de relaciones que oscilan según las tensiones regionales, la presencia militar estadounidense en la península y las disputas comerciales. Cada entrega implica coordinación de alto nivel entre ambos gobiernos y se desarrolla con un protocolo cuidadosamente coreografiado que incluye honores militares surcoreanos en Incheon y recepción con solemnidad equivalente en Shenyang.
Para China, las repatriaciones tienen una dimensión política doméstica considerable. La narrativa oficial describe la Guerra de Corea como la «Guerra de Resistencia contra la Agresión de Estados Unidos y Ayuda a Corea», y los soldados caídos son presentados como mártires patrióticos. La recuperación de sus restos forma parte de un relato de memoria histórica que el gobierno de Xi Jinping ha impulsado con especial intensidad en la última década, en paralelo al refuerzo del discurso nacionalista.
La elección del Y-20B —el transporte más moderno de la aviación militar china, presentado públicamente como símbolo del avance tecnológico de las fuerzas armadas— para esta misión no es un detalle menor. En el lenguaje de los gestos diplomáticos y militares que caracteriza a la política exterior china, el avión que repatría a los mártires comunica tanto hacia adentro como hacia afuera: es un mensaje de capacidad, de respeto a los caídos y de continuidad histórica entre la generación que combatió en Corea y la que hoy pilota los J-20.
Colaborador en ReporteAsia.







