El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó este lunes un plan de veinte puntos respaldado por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu para poner fin a la guerra en Gaza y liberar a los rehenes que aún permanecen en manos de Hamas. La propuesta, transmitida a los negociadores del grupo islamista a través de Qatar y Egipto, ha sido descrita por la Casa Blanca como la “última, mejor oportunidad” para detener un conflicto que está cerca de cumplir tres años.
En una conferencia conjunta en Washington, Netanyahu advirtió que si Hamas rechaza el acuerdo, Israel continuará la ofensiva por su cuenta. “Esto se hará de la manera fácil o de la manera difícil, pero se hará”, declaró el mandatario israelí tras su reunión con Trump en la Casa Blanca. El presidente estadounidense, cada vez más impaciente con la prolongación de la guerra, confía en que el debilitamiento del movimiento islamista obligue a sus dirigentes a aceptar las condiciones.
El plan prevé la creación de un comité temporal encabezado por el propio Trump e integrado, entre otros, por el ex primer ministro británico Tony Blair. Una comisión palestina de tecnócratas asumiría la gestión de los asuntos civiles, antes de transferir la autoridad a una Autoridad Palestina reformada. Como gesto hacia los países árabes, la propuesta excluye la expulsión de habitantes de la Franja, planteada en borradores anteriores. Sin embargo, exige que Hamas entregue todas las armas, condición que hasta ahora el grupo ha rechazado de plano.
Entre las medidas inmediatas, Hamas debería liberar a todos los rehenes en un plazo de setenta y dos horas desde la aceptación del acuerdo. En contraparte, Israel excarcelaría a cientos de prisioneros palestinos, incluidos condenados a cadena perpetua. Trump aseguró que el proceso está “más cerca que nunca”, aunque reconoció que el desarme de Hamas sigue siendo el mayor obstáculo.
El plan recibió el respaldo de la Autoridad Palestina en Cisjordania y de varios países árabes, entre ellos Egipto, Jordania, Arabia Saudita, Turquía y Emiratos Árabes Unidos. No obstante, el proyecto ha generado escepticismo por la ausencia de una mención clara a la creación de un Estado palestino, considerado esencial para alcanzar una paz duradera.
La jornada estuvo marcada también por un gesto inusual de Netanyahu hacia Qatar, mediador clave en el conflicto. El primer ministro israelí ofreció disculpas a su homólogo por el ataque aéreo del 9 de septiembre contra dirigentes de Hamas en territorio qatarí, en el que murió un militar local. La ofensiva, que tensó las relaciones con un aliado de Washington, fue calificada por Trump como un error que perjudicó las negociaciones. Aun así, sectores de la coalición ultraderechista de Netanyahu defendieron la operación como un acto “justo y ético”.
El plan de Trump llega en un momento delicado para Israel, cada vez más aislado internacionalmente y con un gobierno frágil en el plano interno. En Estados Unidos, el presidente intenta equilibrar su respaldo incondicional a Netanyahu con la presión para encontrar una salida diplomática. Mientras Hamas evalúa la propuesta con mediadores árabes, el desenlace sigue siendo incierto: la viabilidad del acuerdo dependerá de si el grupo accede a desarmarse y de si Netanyahu logra convencer a su propio gabinete de aceptar un compromiso que podría alterar sus equilibrios políticos internos.












