De calamares y melodramas: una mirada retrospectiva al fenómeno de la televisión surcoreana

el juego del calamar

El 17 de septiembre pasado, Netflix estrenó Squid Game (El Juego del Calamar), serie que no solo escaló hasta convertirse en la más popular de la plataforma, sino que también despertó un interés global por aprender idioma coreano. A grandes rasgos, el argumento plantea una competición de supervivencia que enfrenta brutalmente a personajes sumergidos en diversas problemáticas sociales, las cuales buscan resolver mediante la cuantiosa cantidad de dinero ofrecido como premio.

Repasemos algunos datos recientes: entre 2015 y 2020, Netflix realizó una inversión de 700 millones de dólares abarcando tanto la adquisición de licencias coreanas como la realización de películas y series originales. Además, se asoció con el conglomerado de entretenimiento CJ Entertainment por un período de tres años. La introducción de este artículo, entonces, no busca sumarse a las muchas y variadas reseñas del show que ha estado en boca de todos. En cambio, nos da pie para adentrarnos en lo que se esconde detrás de este éxito particular: la evolución de la industria de la televisión surcoreana.

Televisión, historia y política

Si bien la televisión coreana nació en 1956, sería en 1961 cuando comenzaría a operar Korea Broadcasting System (KBS), la primera estación a gran escala. Le siguieron Tonyang Broadcasting Company (TBC) en 1964 y Munwha Broadcasting Company (MBC) en 1969. Esta época de primer desarrollo televisivo estuvo signada por la dictadura de Park Chung-hee y su estricto control y censura de contenidos.

El Juego del Calamar
El juego del Calamar. Cientos de concursantes con problemas de liquidez aceptan una invitación para competir en juegos infantiles por un premio tentador, pero lo que está en juego es mortal.

En los años ‘80, bajo el gobierno autoritario del General Chun Doo-hwan, se produciría el ingreso de la televisión a color. En este período la centralización se intensificó: los medios nacionales se concentraron bajo la señal KBS. De a poco, los ciudadanos comenzaron a manifestar su descontento hacia los boletines de noticias que siempre resultaban favorables al gobierno militar y se organizaron para boicotear el pago de los abonos por el servicio. Con el advenimiento de las elecciones democráticas en 1987 se revisa la ley de broadcasting que se hallaba vigente hasta entonces garantizando, entre otros asuntos, mayor libertad de programación. La emisión de los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988 fue la inauguración de estas nuevas políticas y tecnologías.

La década del ‘90 se caracterizó por la desregulación de medios y desembocó en la creación de una nueva ley para el sector, del canal educativo Educational Broadcasting System (EBS) en 1990 y el comercial Seoul Broadcasting System (SBS) en 1991, y en la expansión de la red de televisión por cable. Los canales que antes se hallaban al servicio y bajo el control de los distintos gobiernos, pasaban ahora con sus contenidos a competir por la audiencia.

netflix surcorea
Netflix impulsa el avance de la «ola coreana», transmitiendo varias series de ese país.

A la caza de los contenidos

En la época de reconstrucción e industrialización, la población realizaba duros esfuerzos en pos del crecimiento económico del país. En este contexto de opresión política y extensas jornadas laborales, las telenovelas melodramáticas brindaban entretenimiento familiar, lo que convirtió al género en uno de los favoritos y más explorados.

«Entre 2015 y 2020, Netflix realizó una inversión de 700 millones de dólares abarcando tanto la adquisición de licencias coreanas como la realización de películas y series originales»

En 1992 se vendieron las primeras telenovelas coreanas a Turquía y Hong Kong, aunque fue la crisis asiática de 1997 uno de los motivos que facilitó su ingreso en los mercados de la región debido a que costaban entonces entre un cuarto y un décimo menos que las ficciones de países vecinos. De hecho, ese mismo año, la emisión de la novela coreana What is Love en China sentó las bases del movimiento que pronto se conocería como hallyu (ola coreana).

ola coreana
La «ola coreana» propone contenidos de ficción para todo público, con muy buen recibimiento de parte del público occidental.

La década del 2000 trajo aparejada una televisión cuyo target ya no era exclusivamente el público local, sino mundial. Mientras KBS y MBC iniciaban un proceso de reorganización interna (incluyendo cambios en sus departamentos de marketing para una mejor relación con el mercado internacional) el melodrama Winter Sonata enamoraba al público japonés.

La imagen de Corea del Sur, ¿renovada?

De a poco, la percepción sobre Corea como un país azotado por guerras y hambruna fue siendo reemplazada por una imagen fresca y vanguardista gracias a las ficciones pero apoyada, además, en un fuerte y renovado star-system. Miles de espectadores (primero asiáticos, luego globales) comenzaron a viajar al país para visitar los sets de filmación de sus novelas favoritas, fomentando a su vez el sector turístico.

«Si bien la televisión coreana nació en 1956, sería en 1961 cuando comenzaría a operar Korea Broadcasting System (KBS), la primera estación a gran escala»

Sin embargo, no todo es color de rosas. Existen en la industria algunos temas en discordia relacionados al nacionalismo, que acaparan periódicamente la atención. Países de la región han manifestado quejas en torno a relatos del género histórico coreano que no coinciden con sus propias versiones de los hechos. En Japón se registraron manifestaciones en contra de lo que se consideraba una emisión exacerbada de contenidos coreanos por parte de las señales locales. Y recientemente, una telenovela en plena emisión fue cancelada por acusaciones de distorsión cultural e histórica favorables a China.

El fenómeno de las series «BL» asiáticas

A pesar de todo, la producción ha crecido y diversificado hasta el punto de ser apreciada y requerida, ahora también por inversionistas extranjeros. Además de los melodramas de siempre, hoy contamos con policiales, fantasía, historia y por supuesto, la exitosísima Squid Game, que es apenas una pieza de un “juego” más grande llamado televisión surcoreana.

Acerca del autor

Licenciada en Estudios Orientales (Universidad del Salvador). Especialista en Relaciones Públicas. Cuenta con una diplomatura superior en Educación, Imágenes y Medios (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Tiene una Maestría en Industrias Culturales, Política y Gestión (Universidad Nacional de Quilmes). Es profesora de la clase sobre Japón en la materia Procesos Interculturales, de la Maestría de Diversidad Cultural (Universidad Nacional de Tres de Febrero). Imparte cursos de capacitación sobre historia, cultura y protocolo de China, Corea y Japón (Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco).