La reforma adoptada en marzo elimina décadas de doctrina unitaria, refuerza el poder personal de Kim Jong Un sobre las fuerzas nucleares y redefine el territorio norcoreano sin lenguaje hostil hacia Seúl.
Corea del Norte suprimió de su Constitución toda referencia a la reunificación con Corea del Sur, según el texto difundido por el Ministerio de Unificación surcoreano en una conferencia de prensa.
El documento, adoptado en marzo y conocido públicamente esta semana, elimina la cláusula que establecía que Pyongyang «lucha por lograr la unificación de la patria» —una fórmula presente en todas las versiones anteriores de la carta magna norcoreana— y define por primera vez el territorio del país como el comprendido entre China y Rusia al norte y la República de Corea al sur, junto con sus aguas territoriales y espacio aéreo. La reforma consolida en el texto constitucional la doctrina de los «dos Estados» que Kim Jong Un viene impulsando desde 2024, cuando Pyongyang designó por primera vez al Sur como «Estado hostil».
La revisión va más allá de la cuestión intercoreana. Refuerza el poder personal de Kim al designarlo formalmente «jefe de Estado» y colocarlo por encima de la Asamblea Popular Suprema en el orden institucional, revertiendo la estructura que hasta ahora otorgaba al parlamento una función de contrapeso formal.
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La reforma le otorga además control directo sobre las fuerzas nucleares e incorpora la facultad de delegar ese mando, una cláusula sin precedentes en la historia constitucional norcoreana. En paralelo, el texto elimina las referencias a los legados de Kim Il-sung y Kim Jong Il, en un movimiento que concentra la legitimidad del régimen exclusivamente en la figura del líder actual.
Sin embargo, la nueva versión no incorporó lenguaje abiertamente confrontacional: no hay cláusulas que declaren a Seúl enemigo ni formulaciones que eleven el nivel de hostilidad retórica. Yang Moo-jin, profesor emérito de la Universidad de Estudios Norcoreanos de Seúl, interpretó ese matiz como una señal de que Pyongyang abandona la reivindicación del territorio sureño pero no busca escalar el conflicto en el corto plazo. «Al eliminar las referencias a la reunificación, Corea del Norte parece dejar claro que ya no pretende reivindicar el territorio surcoreano», señaló el analista. «A cambio, espera que el Sur no atente contra el territorio del Norte.»
El presidente surcoreano Lee Jae-myung, que desde su asunción ha insistido en reabrir el diálogo sin condiciones previas, no obtuvo respuesta de Pyongyang a sus llamamientos. Ambos países siguen técnicamente en guerra: el armisticio de 1953 nunca fue reemplazado por un tratado de paz definitivo, y la frontera más militarizada del mundo sigue dividiendo una península que su propia Constitución ya no contempla como una sola nación.
Co-fundador de Reporte Asia.














