La XVII Cumbre de los BRICS, celebrada en Río de Janeiro del 6 al 7 de julio de 2025 bajo el lema «Fortaleciendo la Cooperación del Sur Global para una Gobernanza Más Inclusiva y Sostenible», ha concluido con la esperada Declaración de Río, donde destacó la ausencia de Xi Jinping. Si bien el documento está repleto de aspiraciones y condenas, un análisis más profundo revela que, a pesar de la retórica de unidad y reforma, persisten puntos polémicos y vacíos significativos que podrían socavar su ambición de ser una fuerza de cambio genuina para el Sur Global. La tan cacareada «voz amplificada» de las economías emergentes parece, en la práctica, chocar con las realidades geopolíticas y las ambiciones individuales de sus miembros.
La bienvenida de Indonesia como nuevo miembro de pleno derecho y la incorporación de once países como «socios BRICS» es sin duda un titular. Sin embargo, la diversificación geográfica, que ahora incluye a naciones como Bielorrusia, Cuba, Nigeria y Vietnam, plantea interrogantes sobre la verdadera coherencia y los intereses compartidos del grupo. ¿Es esta expansión una señal de una inclusión genuina o una estrategia de contrapeso geopolítico, donde la mera acumulación de miembros diluye una agenda que ya es de por sí compleja? La disparidad de sistemas políticos y económicos entre los nuevos y antiguos integrantes podría generar más disonancia que sinergia en la toma de decisiones futuras.
La Declaración reitera con vehemencia el compromiso de los BRICS con la reforma de la gobernanza global, buscando un sistema internacional «más justo, equitativo, ágil, eficaz, eficiente, receptivo, representativo, legítimo, democrático y responsable». Se exige una mayor participación de los mercados emergentes y países en desarrollo en organismos como las Naciones Unidas, el FMI y el Banco Mundial.
No obstante, esta retórica, aunque noble, no es nueva. Año tras año, las declaraciones de BRICS claman por estas reformas, pero el progreso real sigue siendo glacial. El documento elogia la «adopción del Pacto del Futuro» de la ONU, pero ¿cuánta influencia real tienen los BRICS para impulsar cambios significativos en instituciones donde los poderes establecidos ejercen un veto implícito o explícito? La mención de que China y Rusia «reiteran su apoyo a las aspiraciones de Brasil y la India» para un mayor papel en el Consejo de Seguridad de la ONU es un eco de declaraciones pasadas que, hasta ahora, no se han traducido en acciones concretas por parte de Pekín o Moscú para ceder poder en el máximo órgano de seguridad global. La persistente parálisis en la reforma de las BWI, pese a las urgencias planteadas por los BRICS, subraya una brecha evidente entre las ambiciones declaradas y la capacidad de implementación.
La condena de los BRICS a las «medidas coercitivas unilaterales» y las «sanciones económicas» es un punto recurrente, especialmente por su impacto negativo en los derechos humanos y el desarrollo. La declaración afirma que «los estados miembros de BRICS no imponen ni apoyan sanciones no autorizadas por el Consejo de Seguridad de la ONU que sean contrarias al derecho internacional». Sin embargo, esta postura genera una incómoda cuestión sobre la coherencia. ¿Hasta qué punto esta condena se aplica internamente o a las acciones de algunos de sus propios miembros que han impuesto restricciones comerciales o medidas económicas que, bajo otras ópticas, podrían ser consideradas coercitivas? La proliferación de medidas proteccionistas, mencionada en la propia declaración, es un problema global, y los BRICS no están exentos de sus propias tendencias proteccionistas, lo que hace que esta crítica parezca selectiva.
La cuestión geopolítica, una deuda clara del BRICS
La sección sobre paz y seguridad es quizás una de las más polémicas. Si bien el documento condena «cualquier acto de terrorismo» y específicamente los ataques en Jammu y Cachemira (India) y en las regiones rusas de Bryansk, Kursk y Voronezh, la formulación general sobre otros conflictos parece carecer de la misma contundencia o, al menos, de una visión más equilibrada.
- Oriente Medio: La «grave preocupación» por la situación en el Territorio Palestino Ocupado, como lo llama el documento, la condena a los ataques israelíes y la obstrucción de ayuda, y el llamado a un alto el fuego, son esperables por el alineamiento de las naciones miembro. No obstante, la declaración de BRICS sobre los conflictos regionales a menudo se percibe como fuertemente influenciada por las perspectivas de sus miembros, y en algunos casos, puede ignorar complejidades o responsabilidades compartidas. La condena a los «ataques militares contra la República Islámica de Irán desde el 13 de junio de 2025» por «violación del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas» es notable, dada la falta de condenas de similar contundencia a otras acciones que también podrían interpretarse como violaciones en otros conflictos.
- Ucrania: La referencia al conflicto en Ucrania es llamativamente cautelosa. Los BRICS «notan con aprecio las propuestas relevantes de mediación y buenos oficios, incluida la creación de la Iniciativa de Paz Africana y el Grupo de Amigos por la Paz». Sin embargo, el texto se limita a esperar que «los esfuerzos actuales conducirán a un acuerdo de paz sostenible», evitando cualquier condena directa a la agresión rusa, un punto de fricción obvio entre sus miembros y el resto de la comunidad internacional. Esta ambigüedad calculada es un reflejo de las profundas divisiones internas del bloque sobre este tema crucial.
- Terrorismo: La condena «en los términos más enérgicos» de los ataques específicos en India y Rusia, contrasta con la generalidad de la «condena fuerte» para otros conflictos. Si bien la «tolerancia cero» y el rechazo a los «dobles raseros» en la lucha contra el terrorismo son principios loables, su aplicación selectiva en el texto final sugiere que los BRICS pueden, de hecho, estar aplicando sus propios dobles raseros en función de los intereses geopolíticos de sus miembros dominantes. La falta de un lenguaje uniforme y universalmente aplicable a todas las víctimas y perpetradores de la violencia socava la credibilidad de sus condenas.
Las iniciativas en Inteligencia Artificial y Salud Global son bienvenidas, reconociendo a la IA como una «oportunidad histórica» y apoyando el Acuerdo sobre Pandemias de la OMS. Sin embargo, la Declaración de Líderes BRICS sobre la Gobernanza Global de la IA, si bien busca un enfoque «más equilibrado», carece de los detalles operativos y los marcos regulatorios concretos que se necesitan desesperadamente en este campo en rápida evolución. En cuanto a la salud, el compromiso con una OMS «robusta y adecuadamente financiada» choca con las realidades de las contribuciones y políticas de salud de algunos miembros.
La Declaración de Río de Janeiro, a pesar de sus 1.200 palabras, deja la impresión de ser más un ejercicio de retórica política que una hoja de ruta con acciones tangibles y unificadas. Las «aspiraciones legítimas» del Sur Global siguen siendo eso: aspiraciones. Los puntos polémicos, como la expansión sin una cohesión clara, la tibia reforma de las instituciones globales, las condenas selectivas al terrorismo y la inquebrantable ambigüedad sobre conflictos geopolíticos clave, sugieren que el BRICS, a sus 17 años, aún lucha por traducir su peso demográfico y económico en una influencia decisiva y, lo que es más importante, coherente, en el escenario mundial.
La cumbre puede haber generado muchos titulares, pero queda por ver si realmente ha movido la aguja hacia una gobernanza global «más inclusiva y sostenible» o si simplemente ha consolidado un bloque con aspiraciones grandilocuentes y una capacidad de implementación limitada.
Colaboradora en ReporteAsia.














