El régimen de Bashar al-Assad colapsa en Siria tras la toma de Damasco por fuerzas rebeldes

Siria

El gobierno del presidente sirio Bashar al-Assad llegó a su fin este domingo tras la captura de Damasco por una coalición rebelde liderada por la Organización de Liberación del Levante (HTS, por sus siglas en árabe). Este hecho histórico marca el final de más de cinco décadas de control autoritario de la familia Assad y pone fin a una era de represión en Siria.

Assad, quien asumió la presidencia en 2000 tras la muerte de su padre, Hafez al-Assad, abandonó el país y ha buscado asilo en Rusia, según confirmó el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso. Antes de su salida, Assad dio instrucciones para una transición pacífica del poder, aunque los detalles sobre su paradero se mantienen en reserva.

Celebraciones en las calles y el colapso del régimen

Tras el anuncio de la captura de Damasco por las fuerzas rebeldes, miles de personas salieron a las calles para celebrar el fin del régimen. Multitudes en la Plaza de los Omeyas derribaron estatuas de Assad mientras se escuchaban disparos al aire en señal de júbilo. Combatientes coreaban frases como “¡Siria es nuestra, no de la familia Assad!”, mientras tomaban control de edificios gubernamentales.

Ahmed al-Charaa, líder del HTS en la capital, calificó la victoria como el comienzo de «una nueva historia para toda la región». Por su parte, Hadi al-Bahra, presidente de la Coalición Nacional Siria en el exilio, aseguró que la estabilización de Damasco podría lograrse en los próximos días mientras las fuerzas rebeldes consolidan su control.

El palacio presidencial fue saqueado e incendiado por multitudes enardecidas, marcando el simbólico fin del régimen. Diplomáticos iraníes y miembros del grupo Hezbolá, aliados clave de Assad, se retiraron apresuradamente del país en medio del caos.

Reacciones internacionales

El colapso del régimen de Assad ha generado una serie de reacciones internacionales. Turquía, que respaldó a algunos grupos rebeldes, llamó a una transición pacífica y declaró estar en contacto con las fuerzas insurgentes para garantizar la estabilidad. Israel, por su parte, calificó la caída de Assad como un “día histórico”, con el primer ministro Benjamin Netanyahu describiéndolo como un «eslabón central del eje del mal» liderado por Irán.

Desde Estados Unidos, el presidente saliente Joe Biden celebró la caída de Assad como una “oportunidad histórica” y prometió que el exmandatario enfrentará justicia. El Comando Central del Ejército estadounidense anunció ataques contra objetivos del Estado Islámico en el centro de Siria, destacando que la lucha contra el extremismo seguirá siendo una prioridad.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, se refirió al fin del régimen como un momento clave para la paz en Siria. Geir Pedersen, enviado especial de la ONU, describió la transición como un “punto de inflexión” hacia un futuro de reconciliación e inclusión para el pueblo sirio.

La salida de Assad fue facilitada por su aliado Rusia, que ha sido un apoyo crucial para el régimen durante más de una década de guerra civil. Sin embargo, Moscú se ha visto distraído por su invasión en Ucrania, lo que debilitó su capacidad para sostener al régimen sirio en los últimos meses.

Hezbolá, el grupo armado libanés respaldado por Irán, también se ha retirado de varias posiciones en Siria, reflejando una pérdida de influencia tras años de intervención en el conflicto. Mientras tanto, la embajada iraní en Damasco fue evacuada antes de ser asaltada por grupos no identificados, según medios estatales iraníes.

Con la salida de Assad y el fin de un régimen que gobernó durante más de cinco décadas, Siria se enfrenta a un nuevo capítulo lleno de incertidumbre. Aunque la victoria rebelde ha traído esperanza para muchos, el camino hacia la estabilidad está plagado de desafíos. Las tensiones internas entre grupos insurgentes, la amenaza de extremistas como el Estado Islámico, y el interés geopolítico de potencias extranjeras seguirán moldeando el futuro de un país devastado por más de una década de guerra.

El colapso del régimen de Assad marca el fin de una era, pero el inicio de un difícil proceso de reconstrucción y reconciliación para el pueblo sirio.

 

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