Semiconductores: ¿es posible que Paraguay como aliado de Taiwán tenga su lugar en este sector?

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Paraguay sufre presión desde distintos segmentos de poder, internos y externos, para abandonar su alineación diplomática con Taipei. Pero la llegada de Santiago Peña a la presidencia en agosto del año pasado, representando al conservador Partido Colorado, confirmó que el Ejecutivo con sede en Asunción mantendría su posición internacional histórica. 

Mucho se piensa que un cambio de orientación diplomática hacia Beijing podría generarle a Paraguay incontables oportunidades comerciales. Ciertamente este tipo de modificaciones del status quo genera muchas expectativas, por la magnitud que tiene la economía china. Lo estamos viendo en estos momentos en el Caribe, donde China está llevando adelante múltiples diálogos con países que, en forma reciente, han modificado su posición diplomática pasando a ver en Beijing a su interlocutor oficial. 

También en Colombia y en Perú la presencia de China implica grandes proyectos de tecnología y telecomunicaciones, infraestructura, energía y trading; en el país que preside Gustavo Petro, los esfuerzos de China se acoplan a intentos locales por sumar más presencia del gigante asiático, buscando equilibrar la influencia estadounidense; en el caso de la nación que preside Dina Boluarte, la química con China le permite al país andino expandir su influencia geopolítica al posicionarse como el principal puerto sobre el Pacífico para hacer negocios con clientes chinos y con Asia en general. Esto se concretará con la inauguración del puerto de Chancay, con la presencia ya confirmada de Xi Jinping, durante la celebración de la Cumbre Presidencial del Foro de Cooperación Económica del Asia-Pacífico (PEC), que se realizará en territorio peruano entre octubre y diciembre de este año.

Pero, volviendo a Paraguay, de las iniciativas que pueda realizar con la República Popular China, ninguna sería tan estratégica, comercial y geopolíticamente, como la que representan los semiconductores, o “microchips”. Sucede que  esta tecnología es dominada enteramente por Taiwán, y por ahora, el gobierno que lidera Xi Jinping no participa del I+D ni tiene las patentes de las versiones más avanzadas ni las últimas máquinas para fabricar los generaciones más recientes de estos pequeños cerebros que se diseñan y producen mayormente en suelo taiwánes y en unos pocos países más. 

Sucede que, en el desarrollo de la actual guerra comercial entre Estados Unidos y China, el país que preside Joe Biden incluyó a varias empresas chinas, como Semiconductor Manufacturing International (SMIC), el mayor mercado de chips de China, en una lista negra comercial, alegando preocupaciones de seguridad. Esto significa que los principales fabricantes de chips de EE. UU., como Nvidia y AMD, ahora enfrentan restricciones en las ventas y exportaciones de chips a China. Antes, Donald Trump ya había impuesto sanciones a ciertas empresas chinas bajo sospecha de espionaje.  

En este mismo sentido, en enero de este año se pudo ver cómo la empresa holandesa ASML, con sede en Veldhoven, el proveedor líder mundial de la industria de semiconductores, anunció que el gobierno de los Países Bajos le impidió exportar sus equipos de fabricación de chips de primera línea a China. Desde la compañía, se explicó que la comercialización de ciertos sistemas de litografía se verían afectados por la decisión del gobierno de revocar parcialmente su licencia de exportación, que surge de las restricciones de exportación actualizadas impuestas por Estados Unidos. 

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En consecuencia, las imposiciones de Estados Unidos sobre este sector complican, nada menos, que los ambiciosos proyectos de China en IA, energías renovables y nuevas tecnologías. 

Mientras tanto, Taiwán es el líder mundial indiscutido en la producción de semiconductores, siendo TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company), la compañía de fabricación independiente de semiconductores más grande del mundo. Este gigante tuvo ingresos equivalentes a US$70,35 mil millones en 2023. Atiende a una amplia base de clientes y produce chips para empresas de tecnología líderes como Apple, Qualcomm y NVIDIA. Mientras tanto, Samsung Electronics de Corea del Sur es la segunda empresa de semiconductores más grande del mundo y un importante proveedor de chips de memoria.

Cabe preguntarse entonces si Paraguay, como aliado de Taiwán, tiene un lugar que ocupar en este sector. Son varias las razones para pensar que esto es posible y deseable. Desde la pandemia de Covid-19 se está viendo un rearmado del mapa geopolítico y geoeconómico del mundo, con capitales moviéndose de un punto geográfico a otro, buscando ampliar su presencia en distintos continentes y subregiones. Esto hizo que la inversión extranjera que se destinaba a China empiece a dirigirse a otros mercados, en un fenómeno que el Fondo Monetario Internacional (FMI) describe como “fragmentación geoeconómica” o el el proceso de reforzar los vínculos manufactureros y comerciales mediante la diversificación del suministro y la producción regional o local.   

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Términos como “decoupling”, “friendshoring” y “nearshoring” son un signo de los tiempos que corren: “desacople”, a costas más “amigables” y “más cercanas”. Esta separación se da principalmente entre intereses estratégicos de Occidente y China, y está marcado por la drástica disminución de la inversión extranjera directa (IED) que se inyecta en la economía china, que en 2023 mostró su menor flujo desde la década de 1990, cuando los pasivos de inversión directa de China -un indicador del capital extranjero que ingresa al país- totalizaron alrededor de 33 mil millones. Se trata de un descenso del 82% respecto al año anterior. 

Mientras tanto, países como México gracias al auge del nearshoring registran un incremento de la inversión extranjera cercano al 48% interanual, posicionándose como uno de los emergentes más abiertos a la inversión extranjera directa y el undécimo mayor receptor de IED del mundo. Según el Informe sobre las inversiones en el mundo 2023 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), las entradas de IED registraron el año pasado un 11,9% interanual, hasta alcanzar los 35.300 millones de dólares.

De pronto, además, esta reubicación de los capitales internacionales viene acompañada con narrativas que ponen a los valores y principios compartidos entre los países como una condición favorable al desarrollo de negocios. Por valores y principios  compartidos se entienden a sociedades que tengan, de base, una axiología similar, en la que prevalezcan los sistemas de gobierno democráticos, el respeto por la división de poderes del Estado, la libertad de expresión y culto, el respeto por los derechos humanos, el imperio de la ley, el respeto por el mantenimiento del status quo internacional, el compromiso con el comercio libre y abierto, etcétera. 

La canciller argentina, Diana Mondino, lo expresó claramente al declarar, en su viaje a Japón en marzo pasado, que: «No hay mucho para ganar trabajando con algunos países que no tienen democracias liberales». Sus palabras a Nikkei Asia Review parecieron, más que nada, estar enfocadas a China, a quien más sino, cuyas autoridades veían desde Beijing como la canciller del país del Sur comentaba en Tokio que, por una cuestión filosófica y moral, el gobierno de Javier Milei no iba a fomentar los diálogos comerciales desde el Estado hacia China, país que hoy es el segundo socio comercial de Argentina, dejando ese impulso al rol de los privados.

El tema de los valores compartidos está en el espíritu de esta nueva alineación geopolítica y de negocios que estamos viendo a nivel internacional. Esto se destaca en industrias sensibles como la de los semiconductores o microchips, de los que dependen desde maquinaria de uso civil hasta aeroespacial, pasando por las telecomunicaciones, la Defensa, la minería, la industria automotriz, etcétera. 

Y Paraguay lo sabe. No por nada, Gustavo Villate, ministro de Comunicaciones y Tecnologías de la Información, realizó el mes pasado un viaje a Taiwán que estuvo centrado en asuntos tecnológicos. Durante su periplo, el funcionario estuvo comentando en varias ocasiones sobre la posibilidad que Taiwán, que controla el 65% global del mercado de semiconductores más avanzados (aquellos fabricados con procesos de 16 nanómetros o más pequeños), pueda localizar en suelo paraguayo alguna parte de la cadena de valor global en este sector. Villate pudo también recalcar, en varias ocasiones, la relación de más de 6 décadas que une a ambos países, una prueba de la estrecha alianza que existe entre estos aliados, la cual justifica pensar que, para la geopolítica de Taiwán, Paraguay es estratégico, lo mismo que para sus industrias más valoradas, como las tecnológicas.   

Cabe preguntarse entonces si Paraguay, como aliado de Taiwán, tiene un lugar que ocupar en este sector. Son varias las razones para pensar que esto es posible y deseable

En la isla también conocida como Formosa, Villate visitó el Parque Científico de Hsinchu, hogar de las principales empresas de semiconductores de la isla, entre ellas TSMC, el mayor fabricante de chips del mundo. También accedió al Instituto de Investigación de Semiconductores de Taiwán (TSRI, por sus siglas en inglés) y la compañía de dispositivos de memoria no volátil Macronix. El ministro paraguayo culminó su agenda con una visita al Instituto de Investigación de Tecnología Industrial (ITRI, por sus siglas en inglés), ubicado también en la localidad de Hsinchu, y cenando con Terry Tsao, director de marketing global de la Asociación Global de la Industria de Semiconductores (SEMI) y presidente de SEMI-Taiwán.

Por todo esto, se entiende que en el diálogo con Taiwán en la región de América del Sur, Paraguay tiene una posición prioritaria porque defiende, nada menos, que la soberanía de su aliado asiático, su mera existencia. Es lógico entonces que sea el que logre mejores resultados en un intento por sumarse a las industrias relativas a “high tech” que promueve Taipei. Además, los excedentes de energía eléctrica y agua que posee Paraguay, fundamentales para la industria de los microchips, proponen otra serie de ventajas comparativas que lo hacen todavía más valioso a la hora del análisis de la oportunidad.     

Por otra parte, la industria global de los semiconductores es una red de empresas repartidas por todo el mundo, que se sigue ampliando producto de la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China y la presión que impone Beijing sobre Taiwán. Para la isla que preside Tsai Ing Wen por unas pocas semanas más, la industria de los semiconductores que funciona allí es un “escudo de silicio” que la protege de los intentos de la República Popular China de tomarla por la fuerza, por las consecuencias que tendría esta maniobra sobre la economía global. Esta situación única, al mismo tiempo, fomenta la interacción internacional taiwanesa en términos de transferencia tecnológica, cooperación en I+D, inversión cruzada en el sector de semiconductores en general, llevando de esta manera al “Escudo” a tener una entidad cada vez más global. Esto es patente en el caso de Japón, donde TSCM abrió una planta de fabricación de chips junto a Japan Advanced Semiconductor Manufacturing Inc.,y planifica abrir otra en Arizona, Estados Unidos, durante este año. 

Lo cierto es que, más allá de Taiwán, ciertas regiones han surgido como actores dominantes en la industria, por fuera de América del Norte y Europa.

La región de Asia y el Pacífico es el mercado más grande de semiconductores y representa más de la mitad de la cuota de mercado mundial. Esta región alberga algunas de las empresas de semiconductores más poderosas internacionalmente, incluidas Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), Samsung Electronics y SK Hynix.

China es actualmente el principal consumidor de semiconductores a nivel global y representa más del 50% del consumo mundial. Además, es también el quinto mayor fabricante de semiconductores del mundo, después de Taiwán, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos.

Pero, mientras tanto, la firma de inversión estatal de Singapur, Temasek, está en conversaciones con el desarrollador de inteligencia artificial OpenAI para invertir en la empresa, lo que indica la creciente importancia de Singapur en el panorama tecnológico global.

Y también Malasia se está transformando en un jugador de importancia creciente. Grandes empresas de chips han realizado sólidas inversiones allí: Intel ha inyectado más de 7.000 millones de dólares en una fábrica de empaquetado y prueba de chips en Malasia, cuya producción comenzará en 2024. Colosos como GlobalFoundries también ha establecido un centro en Penang, mientras que Infineon planea construir un tercer módulo de fabricación de obleas en Kulim.

En América Latina, con Costa Rica como uno de los actores más avanzados en esta industria debido a una temprana alianza firmada en 1996, también con la norteamericana Intel, la región no solo se está convirtiendo, paulatinamente, en un centro de producción de semiconductores, sino que interviene en forma más creciente en la tercerización de servicios a nivel regional y global. Brasil, asimismo, tiene una intervención ascendente en el sector, con intereses tanto de Estados Unidos como de China, destacándose en su ecosistema tecnológico la empresa local CEITEC. Así también en México, Guadalajara se perfila en un centro neurálgico para algunas de las empresas de tecnología más importantes del sector.

Queda entonces por atestiguar qué puede suceder en Paraguay considerando esta tendencia. La industria global de semiconductores enfrenta muchos desafíos, como el reciente terremoto en Taiwán y la crisis geopolítica que se desató desde la invasión de Rusia sobre territorio Ucraniano, que podría afectar la producción de chips y, a su vez, el progreso de la IA si mayoritariamente la industria de semiconductores se focaliza en esa isla. 

A esto se suma los conocidos planes de China de recuperar control de todo su territorio en el corto plazo, iniciativa comentada en varias ocasiones por el propio Xi y por otros portavoces del gobierno chino. Joe Biden ya avisó que ante ese caso, Estados Unidos intervendría militarmente, con apoyo de varios países en la región que abogan por un “Indo-Pacífico Libre y Abierto”, donde impere el gobierno de la ley, el respeto por el status quo en las relaciones internacionales y se condene los intentos unilaterales por modificarlo.  

América Latina tiene la oportunidad de destacar en el escenario mundial de semiconductores, aprovechando el “nearshoring” y “friendshoring”, y en el caso de Taiwán con Paraguay, el “farshoring”, una estrategia que implica ​​implantar en un país lejano parte del proceso industrial de un producto determinado. Para Taipei representa la oportunidad de ampliar su “escudo de silicio” hacia otras latitudes y proteger assets estratégicos en un país que, para más, es un reconocido aliado de Estados Unidos en política internacional.  

En este sentido, la construcción en conjunto de la Universidad Politécnica Taiwán Paraguay, que ofrece 4 especializaciones en Ingeniería, en colaboración con la prestigiosa National Taiwan University of Science and Technology, representa una muy valiosa la experiencia entre ambos países como base para avanzar hacia la conformación de una cooperación tecnológica más profunda.

Además de todo esto, Paraguay tiene un marco macroeconómico sólido basado en reglas fiscales, metas de inflación claras y un régimen cambiario flexible. A su vez, allí funciona un sistema económico de libre comercio y libre circulación de capitales. Tampoco existen controles de precios ni otros tipos de restricciones. 

Según los valores más recientes, Paraguay está ubicado en el puesto 120 (entre 190 países) en el ranking de Índice de facilidad para hacer negocios del Banco Mundial, y aunque su ambiente es cada vez más propicio para la inversión extranjera, tiene todavía que profundizar los cambios que viene llevando adelante para consolidar su posición como receptor de fondos y transferencia tecnológica estratégicos. 

Pero, más allá de Paraguay, la creciente demanda de semiconductores en América Latina impulsada por el aumento de la digitalización empresarial y la adopción de nuevos hábitos de trabajo, mayor conectividad y entretenimiento, también hace más evidente la necesidad de construir una cadena de suministro más diversificada y resiliente en zonas más cercanas. 

 

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