Las relaciones entre China y América Latina en la Nueva Era

CHINA AMÉRICA brasil

América Latina es parte de la Periferia Lejana de China, sin embargo, esta región se ha convertido paulatinamente en un área relevante para la política exterior de la República Popular China.Este fenómeno guarda relación con el ascenso de China en las cinco últimas décadas: de manera gradual e ininterrumpida, la relación sinolatinoamericana se desarrolló comenzando por lo diplomático en la década de 1970, siguiendo por lo comercial en los 80s, avanzando hacia lo educativo, lo cultural y lo científico en los 90s; y prosiguiendo en los últimos 20 años hacia los aspectos tecnológico, sanitario, militar y estratégico.

Este proceso se vio reforzado por la existencia de perspectivas similares sobre cómo debe ser el ordenamiento internacional y la complementariedad económica: China necesita materias primas que posee América Latina en abundancia, a la vez que China cuenta con excedente de capital y sobrecapacidad industrial, de los cuales carece nuestra región.
Esta realidad económica evidencia el insuficiente desarrollo industrial y la dependencia en el sector primario de la mayoría de las economías latinoamericanas, los cuales son aspectos que se deben subsanar.

Asimismo, este proceso se vio favorecido porque EE.UU. relegó en las últimas décadas sus lazos con América Latina y, por ello, perdió paulatinamente presencia en la región. Mediante políticas proteccionistas y la postergación de acuerdos de comercio, la Casa Blanca contribuyó con que no sólo China sino también la Unión Europea (y en menor medida Rusia e India) desarrollen una presencia multidimensional en la región.

La conveniencia de que América Latina se afiance como abastecedor de alimentos a China quedó claramente evidenciada con la organización de la Primera Reunión de Ministerios de Agricultura de China y América Latina y el Caribe en el año 2013. Un año más tarde fue establecido del Foro ChinaCELAC, al cual asisten los respectivos Cancilleres. Y en ese año 2014 tres países latinoamericanos productores de insumos industriales, energía y
alimentos (Brasil, Argentina y Venezuela) fueron reconocidos como «socios estratégicos integrales» de la República Popular.

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En el año 2016, el país asiático publicó el segundo “libro blanco” de sus relaciones con América Latina y el Caribe, que definió la política de Beijing para con la región. Un año después, en el contexto del Primer Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional, se anunció que la iniciativa de la Franja y la Ruta se extendería a nuestra región. Hasta el momento, unos veinte países latinoamericanos han adherido formalmente
a la iniciativa.

este proceso se vio favorecido porque EE.UU. relegó en las últimas décadas sus lazos con América Latina y, por ello, perdió paulatinamente presencia en la región

La Iniciativa de la Franja y La Ruta ha generado interés en América latina, por abarcar proyectos de infraestructura (como la construcción de ferrocarriles, autopistas, puertos, ductos y viviendas), como así también emprendimientos de carácter comercial, financiero, tecnológico, e incluso el diálogo civilizatorio. Sin embargo, para que la iniciativa de la Franja y la Ruta resulte efectivamente beneficiosa, será esencial que las contrapartes acuerden proyectos favorables para los respectivos países, que no consistan exclusivamente en el otorgamiento de créditos por parte de China que estén destinados a la adquisición de insumos chinos.

Asimismo, los proyectos deberían basarse en el desarrollo de inversiones y transferencia tecnológica, la asociación con compañías locales, el empleo de mano de obra e insumos latinoamericanos, la realización de evaluaciones del impacto ambiental, etc. Todos estos desarrollos propios de la relación sino-latinoamericana revisten una profunda influencia estratégica, por lo cual afectan los intereses estadounidenses. Por tal motivo, la competencia estratégica entre Washington y Beijing incide en nuestra región.

Recordemos que ya en octubre del año 2018, el Secretario de Estado de los EE.UU. Mike Pompeo, calificó la expansión de China en América Latina como «actividad económica depredadora». Sin embargo, cuando a principios del año 2020 el mundo fue testigo de la
diseminación del Covid-19, la mayoría de las naciones latinoamericanas recibió ayuda de la República Popular China en materia sanitaria y médica, bajo la forma de equipamiento o asesoramiento. China sobresalió en el concierto de naciones por la asistencia brindada, convirtiéndose en un polo de cooperación global.

La Iniciativa de la Franja y La Ruta ha generado interés en América latina, por abarcar proyectos de infraestructura (como la construcción de ferrocarriles, autopistas, puertos, ductos y viviendas)

Visto desde el lado de China, a partir del desarrollo del comercio, las inversiones, la asistencia financiera, la transferencia tecnológica, la asistencia sanitaria y el desarrollo de Infraestructura, Beijing ha logrado construir más presencia en América Latina que cualquier otro estado que no sea EE.UU. en la historia contemporánea. Y desde el punto de vista de América Latina, la creciente vinculación con la República Popular ha traído aparejado algunas consecuencias: (1) atenuar la preeminencia estadounidense, (2) diversificar los socios económicos, (3) lograr un boom de exportación de commodities, (4) renovar las fuentes de financiamiento y transferencia tecnológica, y (5) ampliar las fuentes de
equipamiento militar. Sin embargo, este análisis sería incompleto si no incluyera otros efectos, a saber: (1) se profundizó el modelo primario exportador, (2) se afectó el desarrollo de la industria local y (3) se generaron fricciones con los EE.UU.

Los gobiernos latinoamericanos enfrentan el desafío de reducir los efectos sanitarios y económicos de la pandemia, a lo cual se suma el dilema de qué posición internacional asumir, como región que está ubicada en el área natural de influencia de EE.UU. y que tiene a China como uno de sus tres principales socio comercial, inversor extranjero, prestamista, constructor de infraestructura y transferente de tecnología.

Para los países latinoamericanos reducir la dependencia de los Estados Unidos, puede alcanzarse mediante la diversificación de los lazos políticos y económicos internacionales. Sin embargo, si las relaciones entre Washington y Beijing evolucionan hacia un conflicto abierto, la región se podría ver obligada a optar por un aliado. En consecuencia, los lazos con China representan un desafío diplomático cada vez más sensible para los
países latinoamericanos. Ante este panorama, América Latina podría valerse de esa ventana de oportunidad estratégica que permitiría evitar el alineamiento, buscando maximizar beneficios y reducir riesgos.

 

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Director del Comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales.