Ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Río en 2016. La televisión proyecta el video de presentación japonés augurando la edición 2020 a realizarse en Tokyo (que, coronavirus mediante, se concretó en 2021). Hay algo distinto en esa presentación. Intercalados en la demostración de las diversas disciplinas participantes y la estética tradicional japonesa, surge el Tokyo cosmopolita con imágenes de icónicos personajes de videojuegos, de manga (cómic japonés) y anime (animación japonesa). De pronto, el entonces primer ministro Shinzo Abe se traslada desde la capital nipona y emerge de un tubo vestido de Mario Bros. El público enloquece. Algunos nos pellizcamos para comprobar la realidad de lo atestiguado. Pero es que sí, se trata del mismo Abe que proviene de una familia de políticos de antaño. El de las consideradas “políticas conservadoras”. Shinzo Abe, vestido de Mario Bros, es una imagen que aquellos que abordamos los estudios culturales del Japón no podemos olvidar, ya que se trata de una marca de su gobierno: la aceptación de las industrias culturales como parte integral de la cultura japonesa y su expansión a modo de marca país.
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Sudamérica amaneció el viernes 8 de julio con la noticia del asesinato de Shinzo Abe. El atentado sorprendió no solo por su virulencia, sino también por la modalidad y el momento: el uso de un arma de fuego de aparente construcción casera en un país con rígidos controles a la posesión de armas, y a tan solo dos días de las elecciones legislativas. La comunidad japonesa en Argentina pronto se volcó a las redes sociales, expresando sus condolencias y tristeza por lo ocurrido. Abe visitó la Argentina en dos ocasiones (2016 y 2018), como hacía tiempo no ocurría, reforzando los lazos bilaterales.
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Como todo político, la figura pública de Abe no estuvo exenta de luces y sombras. Su postura revisionista del papel japonés en la Segunda Guerra Mundial y su insistencia en la modificación de la Constitución en pos de recuperar protagonismo militar generó tensiones con sus vecinos asiáticos. A pesar de las controversias, ostentó el récord de permanencia en el cargo de primer ministro hasta que, en 2020, dimitió por motivos de salud. Las Abenomics (reformas y reestructuraciones económicas características de su gestión), aunque con moderado éxito, apuntaron a sacar a Japón de la recesión que lo aquejaba desde hacía dos décadas. Su conservadurismo, al mismo tiempo, se expresaba en cuestiones como la oposición a la elección de una mujer para la sucesión imperial, o a la legalización del matrimonio igualitario.
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Durante años, la animación, los videojuegos y los cómics japoneses fueron sectores casi enteramente volcados al mercado doméstico (y es que con un promedio de 120 millones de habitantes, las necesidades y ganancias estaban cubiertas). Mientras tanto, estos productos llamaban la atención en el extranjero y penetraban en otros mercados sin un impulso particular.
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Hasta que a principios del 2000 surgió el concepto de Cool Japan, una suerte de manifiesto de un periodista occidental apostado en tierras niponas que observaba el carácter híbrido de la cultura japonesa expresado en lo “pop”. Ya no se podía (no se debía) pensar a Japón únicamente como cuna de geishas y santuarios sintoístas. Japón también era la cabeza de Godzilla que se asomaba entre los edificios del vecindario de Kabukicho, los cafés atendidos por las maids (camareras que utilizan disfraces de inspiración victoriana) y las infinitas salas de karaoke repartidas en edificios de varios pisos en múltiples ciudades. Esta nueva imagen fresca del Japón, ahora sí, iba a ser estudiada por el gobierno como estrategia de expansión para recuperar influencia internacional. La cúspide de esta idea es, justamente, Shinzo Abe vestido de Mario Bros.

Si bien los primeros esfuerzos en este sentido corresponden a su antecesor, Junichiro Koizumi, fue durante el gobierno de Abe cuando se profundizó el financiamiento para promover estos productos a través del Cool Japan Fund en 2013, de carácter público-privado, con el objetivo de apoyar y promover el desarrollo de la demanda en el extranjero. A partir de las expresiones culturales en sus diversas formas, se promovió también el turismo, logrando un crecimiento sostenido del sector durante su gestión (8,3 millones de visitantes en 2012 a 31,8 millones en 2019, de acuerdo a datos de Statista) hasta la irrupción de la pandemia de coronavirus.
En este sentido, la figura de Abe (con sus aciertos y desaciertos, con y sin vestimenta de Mario Bros) resulta de indiscutida relevancia en el análisis cultural, económico e histórico del Japón reciente, y deja la incógnita del alcance real que el impacto de su muerte dejará a nivel geopolítico. Algo que, al menos por ahora, solo nos es posible conjeturar.
Licenciada en Estudios Orientales (Universidad del Salvador). Especialista en Relaciones Públicas. Cuenta con una diplomatura superior en Educación, Imágenes y Medios (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Tiene una Maestría en Industrias Culturales, Política y Gestión (Universidad Nacional de Quilmes). Es profesora de la clase sobre Japón en la materia Procesos Interculturales, de la Maestría de Diversidad Cultural (Universidad Nacional de Tres de Febrero). Imparte cursos de capacitación sobre historia, cultura y protocolo de China, Corea y Japón (Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco).














