Cuatro claves del nuevo plan económico de Takaichi: Japón apuesta a que el gasto público se convierta en productividad

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El gabinete de la primera ministra aprobó su primera hoja de ruta económica y fiscal, un documento que promete terminar con décadas de subinversión mediante una alianza entre Estado y sector privado por más de 370 billones de yenes hasta 2040. La letra chica revela que el plan incluye una redefinición profunda de la disciplina fiscal japonesa, mientras el mercado de bonos observa con creciente nerviosismo.

El gobierno de Sanae Takaichi dio este martes el paso más importante de su gestión económica hasta la fecha: la aprobación en gabinete de su primera hoja de ruta económica y fiscal anual, el documento conocido en Japón como Honebuto no hoshin. Detrás del lenguaje técnico se esconde una apuesta de fondo que define a esta administración: la convicción de que el gasto público, bien direccionado, puede transformarse en ganancias de productividad duraderas para la cuarta economía del mundo. Estas son las cuatro claves para entender el plan.

1. Una alianza público-privada de 370 billones de yenes

El corazón del documento es un compromiso de inversión conjunta entre el Estado y el sector privado que superaría los 370 billones de yenes, unos 2,28 billones de dólares, hasta el año fiscal 2040. La meta declarada es tan ambiciosa como el monto: llevar el producto bruto interno japonés a cerca de 1.100 billones de yenes hacia esa fecha.

El diagnóstico oficial es que Japón quedó empantanado en una tendencia crónica de subinversión que erosionó su competitividad global, y que el gobierno debe tomar la iniciativa junto al sector privado para revertirla en áreas estratégicas. Los sectores prioritarios ya están definidos: inteligencia artificial, semiconductores y construcción naval, industrias consideradas críticas para la productividad y la base industrial estratégica del país.

2. Adiós al presupuesto anual como lo conocíamos

La segunda novedad es institucional. Japón reestructurará su proceso presupuestario para crear un marco plurianual destinado a los sectores estratégicos, que convivirá con el presupuesto anual tradicional. El objetivo es dar previsibilidad de largo plazo a las empresas y mejorar la capacidad de respuesta ante crisis.

El gobierno también pondrá fin a la práctica de compilar presupuestos suplementarios todos los años: el gasto no urgente quedará incorporado al presupuesto anual, y cualquier partida extraordinaria a partir de este otoño boreal quedará limitada a emergencias genuinas. Para financiar la expansión, el plan cuenta con un aliado inesperado: la inflación, cuyo efecto sobre la recaudación nominal engrosa las arcas fiscales.

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La letra chica revela que el plan incluye una redefinición profunda de la disciplina fiscal japonesa, mientras el mercado de bonos observa con creciente nerviosismo.

3. La disciplina fiscal, redefinida

Aquí está el giro doctrinario más significativo. El documento abandona el lenguaje de administraciones anteriores sobre la restauración de la salud fiscal y elimina las metas anuales de superávit primario, que pasarán a gestionarse como indicador plurianual.

En su reemplazo, la brújula será reducir de manera estable la relación entre la deuda pública combinada (nacional y regional) y el PBI, bajo la fórmula que Takaichi repite desde que asumió en octubre: una política fiscal «responsable y proactiva» para el período 2027-2040. La primera ministra, reconocida admiradora del Abenomics de Shinzo Abe, retoma así la receta de gasto fiscal expansivo, aunque con un envoltorio de sostenibilidad pensado para calmar a los inversores.

4. El mercado de bonos, el convidado de piedra

Ese intento de calma, por ahora, tiene resultados mixtos. Los rendimientos de los bonos soberanos japoneses treparon a máximos de varias décadas desde junio, reflejando el temor de los inversores a una expansión del gasto financiada con más deuda y a presiones del gobierno sobre el Banco de Japón para demorar las subas de tasas.

La sensibilidad es tal que la administración debió retocar varias veces la redacción del capítulo monetario: una frase de los primeros borradores que reclamaba una política monetaria que apuntalara la demanda privada desapareció del texto final a medida que subían las tasas largas. El documento se limita ahora a pedir al banco central que alinee su política con los esfuerzos de crecimiento del gobierno, mientras promete monitorear de manera constante tasas, rendimientos, tipo de cambio y bolsa.

Lo que se juega Japón, y lo que mira el mundo

La apuesta de Takaichi condensa el dilema japonés de las últimas tres décadas: cómo estimular una economía envejecida y de bajo crecimiento sin dinamitar la confianza en la mayor montaña de deuda pública del mundo desarrollado. Si el plan funciona, Japón habrá encontrado la fórmula para convertir gasto en productividad y reforzar su posición en industrias donde compite de igual a igual con Estados Unidos, China, Corea del Sur y Taiwán.

Si fracasa, el mercado de bonos será el primero en pasar la factura. Para América Latina, y para la Argentina en particular, el experimento merece seguirse de cerca: un Japón que invierte agresivamente en semiconductores, inteligencia artificial y energía necesitará más minerales críticos, más alimentos y más socios confiables del otro lado del Pacífico.

 

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Co-fundador de ReporteAsia.