Cuando la cultura popular coreana se cuela en la política

Cultura Coreana

En su libro «Soft power. The means to success in world politics», Joseph Nye contó la siguiente anécdota: “Cuando el gobierno talibán cayó en Afganistán en 2001, el primer ministro indio voló hacia Kabul para dar la bienvenida al nuevo gobierno interino en un avión que no estaba repleto de armas ni de comida, sino de cintas de películas de Bollywood y música, las cuales fueron rápidamente distribuidas por toda la ciudad”.

En aquel libro, Nye desarrolló el concepto de soft power (poder blando) que había acuñado años antes, y que ya introdujimos en un artículo anterior al abordar la cultura popular coreana. Circunstancias como aquellas nos invitan, de todas formas, a enumerar ejemplos donde la hallyu se ha infiltrado, positiva o negativamente, en la geopolítica asiática.

Norte y Sur, hermanos y enemigos

La anécdota que acabamos de reproducir encuentra, de hecho, un paralelismo coreano. Según cuentan las crónicas, durante la reunión que mantuvieron el ex líder norcoreano Kim Jong-il y el ex presidente surcoreano Roh Mo-hyun en 2007, el intercambio de regalos incluyó la serie televisiva Dae Jang Geum (2003), pilar de la expansión de la oleada coreana en Asia.

Como nota de color, la telenovela ficciona la historia de la única mujer que llegó a ser médica oficial del rey durante la dinastía Joseon que se extendió de 1392 a 1910, período donde la península ni se imaginaba aun la división territorial que la sacudiría tiempo después. ¿Casualidad? ¿Metamensaje intencional? Quizás nunca lo sabremos.

Mientras tanto, de las incipientes presentaciones en Corea del Norte de bandas pioneras como Shinhwa a principios de 2000 a las más recientes de agrupaciones como Red Velvet, el K-pop fue ganando su lugar a modo de moneda de intercambio en las relaciones intercoreanas (aun ante la impavidez de la audiencia norcoreana, según los videos que circulan por la red).

China, del origen de la oleada a la disputa de misiles

Si bien China es considerada la cuna del término hallyu, en julio del año 2016 surgió entre esta nación y Corea del Sur un conflicto por la instalación del sistema antimisiles THAAD en tierras cedidas por el conglomerado Lotte al sudeste de Seúl. Acción que, además, contaba con apoyo estadounidense. Según informó el gobierno surcoreano a través de los medios, el objetivo era contar con un mecanismo de defensa contra posibles amenazas aéreas de Corea del Norte.

El camino del soft power surcoreano

China, en cambio, vio en esta acción una posible afrenta a su seguridad nacional. De esta manera, el gobierno chino habría impuesto una serie de sanciones económicas contra Corea del Sur, con especial énfasis en aquellas ligadas al soft power, que si bien no fueron confirmadas estrictamente como tales, así fueron interpretadas por algunos sectores.

Poco tiempo después y para entender las consecuencias de tales sanciones, el Ministerio de Cultura, Turismo y Deportes realizó un sondeo entre 160 empresas del sector del entretenimiento que arrojó, entre otros datos de interés, que el 35,3% de ellas sufrió pérdidas económicas directas y el 31,3% padeció un enrarecimiento de la atmósfera en la relación comercial con sus contrapartes chinas.

Japón y una tensa relación

Ni la mundialmente famosa agrupación de pop coreano BTS pudo escapar a las controversias. En 2018, a solo horas de presentarse en uno de los programas musicales más importantes de la televisión japonesa, el canal anunció la suspensión de la actividad. ¿Qué sucedió? Uno de los miembros del grupo había vestido una remera con imágenes de la bomba atómica de Nagasaki con una inscripción que, se interpretó, aludía al patriotismo y la liberación de la península coreana del control japonés al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Aunque la imagen pertenecía a un episodio de un reality show que la banda había grabado el año anterior, fue viralizada en los días previos a su presentación en Japón, decantando en la cancelación. Las relaciones tensas entre Corea y Japón, no obstante, registraban ya otro antecedente: en el punto más álgido del conflicto por el reclamo de las islas Dokdo (para Corea) / Takeshima  (para Japón) durante 2012, la telenovela Gaksital reflejó explícitamente la posición coreana de su soberanía sobre las islas disputadas con una placa previa a la emisión de su capítulo 21.

¿Otro dato de relevancia? La serie presentaba a un héroe coreano enmascarado luchando contra la ocupación japonesa durante la década de 1930. ¿Cuándo se emitió dicho capítulo? Nada menos que un 15 de agosto, el Día de la Liberación.

El K-pop no solo se baila en occidente

Con el desarrollo de internet y las redes sociales, el K-pop encontró canales de distribución inmediatos y efectivos. Sus seguidores se multiplicaron por todo el mundo sin importar la nacionalidad y, algunos de ellos, comenzaron a organizarse para causas benéficas… y políticas. Así fue que, en plena campaña electoral de 2020 por la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump auguró un estadio lleno de simpatizantes en Tulsa, Oklahoma, solo para finalmente encontrarse con un recinto en gran parte vacío.

Se supo entonces que miles de K-popers se habrían coordinado para registrarse y luego no asistir, demostrando el alcance de su activismo digital. En España, casi al mismo tiempo, los fans arremetían contra las redes sociales del partido de derecha Vox.

Los elementos de la hallyu llevan ya dos décadas no solo deleitando a fans y alimentando la economía surcoreana, sino también, sirviendo como herramienta diplomática o señal de protesta. Afín, en definitiva, a los ajetreados tiempos que corren.

 

 

Artículo desarrollado con información publicada en Fernández, Paula (en prensa). El rol de la Hallyu en la política de Asia. En P. M. Iadevito (compiladora), Corea en la globalización. Escritos sobre políticas culturales, prácticas de consumo, identidades e interculturalidad. Buenos Aires: Editorial Prometeo. ISBN en trámite.

Acerca del autor

Licenciada en Estudios Orientales (Universidad del Salvador). Especialista en Relaciones Públicas. Cuenta con una diplomatura superior en Educación, Imágenes y Medios (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Tiene una Maestría en Industrias Culturales, Política y Gestión (Universidad Nacional de Quilmes). Es profesora de la clase sobre Japón en la materia Procesos Interculturales, de la Maestría de Diversidad Cultural (Universidad Nacional de Tres de Febrero). Imparte cursos de capacitación sobre historia, cultura y protocolo de China, Corea y Japón (Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco).