El debate sobre la configuración de una gobernanza financiera global cobró renovado vigor luego de la profunda crisis de 2008. Una vez más, la cuestión de la regulación financiera recuperó relevancia en medio de una grave debacle económica, de la cual prácticamente ningún país quedó exento.
El mercado hipotecario estadounidense se transformó en el epicentro de esta crisis, que se trasladó principalmente a los demás países desarrollados, pero también alcanzó al mundo en desarrollo bajo la forma de una pronunciada caída en la actividad económica (comercio, inversiones y flujos de capital).
Las características del sistema financiero actual vuelven ineludible la tarea de construir un nuevo modelo de gobernanza global, capaz de poner un coto a esta clase de comportamientos desmesurados que amenazan la estabilidad económica global. Su complejidad, opacidad y aparente homogeneidad lo tornan un sistema robusto pero frágil e incierto, que se está volviendo más propenso a crisis y donde la liquidez es una preocupación cada vez mayor.
Las características del sistema financiero actual vuelven ineludible la tarea de construir un nuevo modelo de gobernanza global
Es imperativo procurar construir un nuevo modelo global de gobernanza financiera que prevenga la repetición de crisis como la del 2008 y postule un paradigma regulatorio eficiente y efectivo. Para esto, es esencial que los países en desarrollo participen activamente y capitalicen su presencia en los foros de los que forman parte. Los procesos de integración regional, por ejemplo, son una excelente herramienta para alcanzar acuerdos y concertar posiciones que luego puedan ser proyectadas y sostenidas a mayor escala.
ASEAN a contracorriente de las tendencias actuales
La influencia de Asia en la gobernanza financiera global sigue sin ser consistente con su peso en la economía global. Asimismo, la presencia de países como India, China, Corea del Sur e Indonesia en el seno del G20 representa una ventana de oportunidad para influir en las altas esferas de decisión del escenario internacional.
A más de cincuenta años de su creación, la ASEAN es uno de los procesos de integración regional de larga data que en la actualidad conserva un dinamismo económico y político activo, en comparación a otros procesos de integración que se encuentran atravesando diversas dificultades al interior de sus estructuras. Basta mirar hacia Europa para ver los desafíos que ha planteado el Brexit en términos de unidad y costos políticos.
La distintiva situación macroeconómica de la que gozan las economías del Sudeste Asiático no es solo una particularidad favorable, sino que, a la vez, que se configura en una plataforma desde la cual estos países pueden construir las bases de una política exterior más proactiva desde la cual poder proyectarse más asertivamente. En este caso, uno de los hechos más notables que se da en el marco de la ASEAN es el progresivo y sostenido crecimiento económico que han alcanzado los países miembros, situando el promedio regional en un elevado 5,1%.
ASEAN es uno de los procesos de integración regional de larga data que en la actualidad conserva un dinamismo económico y político activo
Las economías emergentes asiáticas comenzaron su recuperación de la crisis financiera antes y más robustamente que sus contrapartes en otras regiones en desarrollo. Incluso podemos observar que el dinámico desempeño económico de los países miembros de la ASEAN se presenta como una excepción que contrasta el crecimiento ralentizado generalizado entre sus pares occidentales y de algunas economías vecinas, como Japón.
Si bien la ASEAN tiene un lugar estratégico en la cadena de valor global, el consumo doméstico y las inversiones jugaron un rol primordial para que el crecimiento en 2018 se mantuviera por encima del 5%. En algunos países miembros como Filipinas el consumo doméstico contribuye a alrededor del 70% de la producción nacional, por lo que, muchas veces, estos incrementos en el PMI responden a incrementos de la demanda interna, que reflejan el aumento del poder de compra de los ciudadanos y medidas impositivas expansivas, como la reducción de impuestos sobre los ingresos personales, como los implementados por el gobierno filipino en enero de 2018.
Por otro lado, los flujos de inversión externa directa (IED) son otro aspecto de relevancia a tener en cuenta. En las últimas décadas, la ASEAN se ha transformado en un destino atractivo para los flujos de capitales. Solamente entre 2016 y 2017, el total de flujos de IED hacia la ASEAN se elevó de 123.000 millones de dólares a 137.000 millones; en paralelo, el flujo de IED desde la ASEAN hacia economías en desarrollo aumentó de 18% en 2016 a 20% en 2017, y los flujos hacia sur y este de Asia subieron del 31% al 34% en los mismos años.
Integración monetaria y financiera en la ASEAN
Desde inicios del 2000, los países del este y sudeste de Asia se han inclinado por la cooperación regional en asuntos financieros y la integración monetaria. La introducción del euro y las repercusiones de la crisis asiática fueron importantes catalizadores de estas inclinaciones. Esto demostró que es posible implementar una divisa propia y dio origen a cuestionamientos en torno a la alta dependencia de estas economías con respecto al dólar.
De esta manera, monetarismo regional y acuerdos de libre comercio han cobrado particular importancia en el continente asiático.
El emergente monetarismo regional apunta a conservar la estabilidad financiera regional, incluso en un contexto de inestabilidad financiera global, prevenir ataques especulativos sobre las monedas nacionales y posibilitar a los países miembros un margen de maniobra con respecto al tipo de cambio, para formular políticas sostenibles y estables en un escenario de crisis y contagio.
monetarismo regional y acuerdos de libre comercio han cobrado particular importancia en el continente asiático
Más allá de las potencialidades de la ASEAN para influir en la gobernanza global, y más específicamente en la gobernanza financiera, primero es necesario que sus países miembros se planteen una estrategia coalicional viable con respecto a la potencia más cercana, China. Además, un desafío no menor se presenta al intentar alcanzar un consenso en relación con qué modelo de gobernanza promover como región, teniendo en cuenta la gran diversidad presente entre los países de la ASEAN.
Por lo pronto, los países del Sudeste parecen estar concentrando esfuerzos colectivos en la creación de mecanismos de cooperación financiera. Los primeros rastros de regionalismo financiero pueden rastrearse hacia 1977, cuando las autoridades monetarias de los cinco países originales de la ASEAN (Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia) implementaron acuerdos recíprocos de swaps, conocidos como ASEAN Swap Arrangements (ASA).
La Iniciativa Chiang Mai, además de una red de seguridad, fue pensada como una alternativa al Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo que despertaba profundo recelo y reparos luego de la crisis de los noventa, las políticas de ajuste que había requerido como condición por sus préstamos y las consecuencias de éstas.
En 2009, la Iniciativa Chiang Mai se multilateralizó, transformándose en la CMIM (Chiang Mai Initiative Multilateralization). Un acuerdo de pooling de reservas donde los países de la ASEAN contribuirían con el 20% de los fondos, y los +3 con el 80%, lo que en 2010 representaba 120.000 millones de dólares, accesibles a los países miembros como alternativa a otras fuentes de divisas estadounidenses.
los países del Sudeste parecen estar concentrando esfuerzos colectivos en la creación de mecanismos de cooperación financiera
Las marcadas diferencias en el tamaño de las economías al interior de la ASEAN pone en cuestión el tema del porcentaje de las reservas que deberá y podrá aportar cada miembro. Teniendo en cuenta que la protección de los socios más vulnerables y menos pudientes del esquema regional es esencial para la credibilidad y el funcionamiento de cualquier iniciativa.
No parece que las tendencias económicas favorables vayan a alterarse en un futuro cercano, aunque el mantenimiento de la trayectoria de éxito económico y social dependerá (más allá del contexto global) de cómo los países de la ASEAN enfrenten los desafíos que se plantean a mediano y corto plazo. Las perspectivas de crecimiento podrían verse afectadas si la región no puede alcanzar algún grado de coordinación política que le permita consolidar y expandir sus logros, y asegurar una prosperidad económica sostenible por medio del esquema regional.
Los países de la ASEAN pueden capitalizar sus logros socioeconómicos y aprovechar la coyuntura internacional para abogar por un nuevo paradigma de gobernanza, el cual sea capaz de proveer seguridad y estabilidad para que las economías en desarrollo se mantengan en la senda del crecimiento y el bienestar social.
El artículo es un resumen del original, publicado en la Revista Asia / América Latina.
Graduada de la carrera de Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Miembro del Grupo de Estudio de Finanzas Internacionales (GEFI) y del Grupo de Estudio de la Unión Europea (GEUE). Actualmente es becaria Stipendium Hungaricum en la Universidad Corvinus de Budapest en el Máster en Economía y Negocios Internacionales.














