Una paradoja de características chinas: Inmigración vs. Comunidad de Destino Compartido 

Muralla China Inmigración

Un tema que ocupó los espacios de noticias y análisis en los últimos días fue el de la situación poblacional en China ante la publicación de su nuevo censo. Tasa de fertilidad muy baja, envejecimiento creciente, costos para mantener a sus hijos, una mayor proporción de familiares en edad adulta e inefectividad de los cambios para aumentar la restrictiva política de un solo hijo.

Ante los impactos económicos negativos, ya consolidadamente estructurales, las autoridades preparan nuevas medidas aumentando la edad jubilatoria, subsidiando la educación y la salud de las familias más numerosas, incentivando la contribución de robots, entre otras. La evolución de los mercados laborales y la productividad, son la mirada obligada de los analistas y comunicadores que abrazan la Sinología Americana,  más empirista y economicista.

Sin embargo, hay otra perspectiva que adquiere más importancia en estos tiempos de tanta prensa sobre «Decoupling» (desacople) por un lado y Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad por el otro. Es es el tema de la inmigración. Como ocurre en otras partes del planeta ante situaciones similares, la inmigración es una variable ineludible para este tipo de situaciones. En China no.

La Sinología Francesa, más antigua y fundadora, que tiene una tradición más cultural, sociológica, resultará muy útil para el análisis, la explicitación de contradicciones y la predicción de escenarios.

Gran Muralla
La Gran Muralla tiene casi 7000 kilómetros de longitud y es uno de los símbolos de la cultura china.

La Sinología Francesa nace en 1814 en el College de France y se extiende hasta nuestros días con la Cátedra de Historia Intelectual de China, que dirige Anne Cheng. Sus cursos y conferencias deberían ser integradas a las herramientas de los expertos en China formados en la Escuela Americana. En su último libro, Penser en Chine, editado por Gallimard este año, presenta un conjunto de ensayos, con destacados especialistas que ayudan a entender estos tiempos de confrontaciones y sus posibles vías de solución, como plantea en su artículo publicado en Le Monde, titulado: «Le haría mucho bien a China no ser más este ‘Imperio Medio».

En la línea de la Escuela Francesa, el corresponsal de Le Monde en Beijing, Frederic Lemaitre, escribía hace unos días sobre el último censo resaltando el tema de la inmigración en China, titulando “Más que nunca los chinos desconfían de los extranjeros”.

Según el Censo 2020, en China solo hay 845.697 extranjeros residentes. En 1980 había 20.000 residentes y en 2010 esta categoría poblacional llegaba a 593.832.

La inmigración en China no parece ser una solución. Barreras culturales lo impiden. China es muy atractiva por su desarrollo y avances en la modernidad, pero es difícil integrarse.

La mentalidad «Gran Muralla» sigue consolidada en su población. La educación patriótica tiene sus ventajas para la unidad, pero limita el uso de políticas de inmigración de extranjeros que buscan integrarse para mejorar sus oportunidades de ingresos como ocurre en otros países más desarrollados y subdesarrollados del planeta.

En el año 2018 se crea en China la A.N.I. (Administración Nacional de Inmigración). Ante las primeras medidas que se pusieron en discusión para atraer inmigrantes, la reacción de la opinión publica no fue buena. Los chinos siguen desconfiando de los extranjeros a pesar de que fueron en busca de sus tecnologías para promover un desarrollo único en tan corto tiempo.

La Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad tiene una grieta entre los que están de un lado y del otro de la Muralla, la inmigración en china es muestra cabal de esto.

La reflexión final del periodista de Le Monde va a modo de pregunta:

Vouloir devenir la première puissance mondiale et se recroqueviller derrière sa Grande Muraille constituerait alors un paradoxe « aux caractéristiques chinoises » sans précédent ” (Querer convertirse en la primera potencia mundial y acurrucarse detrás de su Gran Muralla constituiría una paradoja de “características chinas” sin precedente).

Acerca del autor

Es licenciado en Economía con Diploma de Honor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina. Actualmente es consultor independiente, asesorando a instituciones financieras y empresas privadas de diferentes industrias. En los últimos 30 años ha desarrollado su actividad en instituciones financieras, públicas y privadas. Se ha desempeñado como Director del Banco de la Ciudad de Buenos Aires, Director del Banco de Corrientes, Vicepresidente del Banco de Inversiones y Extranjero (BICE) y Gerente General del Banco de Crédito Argentino, entre otras funciones. En el ámbito empresarial, dirigió la consultoría Macroeconómica, entidad especializada en economía y finanzas. Ha sido Director General del Ministerio de Hacienda de la Nación (1975-1977) y Economista Jefe de FIEL, Fundación Latinoamericana de Investigaciones Económicas (1971-1975). Desde el 2000 se ha especializado en Economía China y sus repercusiones globales y regionales.