Un ciudadano chino radicado en Sídney fue acusado de tráfico de personas en Australia y quedó detenido tras negársele la libertad bajo fianza, luego de que la Justicia desestimara su coartada de haber estado en un viaje de pesca al comprobarse que en su habitación de hotel había diez migrantes indocumentados y ninguna evidencia de que el acusado tuviera interés real en la pesca.
Hao Wang, de 30 años, fue detenido el 30 de junio en Weipa, en el oeste de la península de Cabo York, en el estado de Queensland. Según se acreditó en el Tribunal de Magistrados de Cairns, Wang había manejado un auto alquilado desde Cairns tres días antes, un trayecto de más de 800 kilómetros que puede demandar más de diez horas.
De acuerdo con la acusación, en la madrugada del 30 de junio un grupo de personas sin visa llegó a tierra en Pennefather River, a unos 50 kilómetros al noroeste de Weipa. El magistrado Michael Dalton señaló que agentes de la Policía Federal australiana (AFP) y de la Fuerza Fronteriza detuvieron a Wang esa tarde en el centro comercial Heritage de Weipa, bajo el cargo de ser él mismo un extranjero en situación irregular. Los diez migrantes fueron hallados poco después en una habitación del hotel Albatross, reservada por el propio acusado.
El magistrado Dalton rechazó el argumento de la defensa, a cargo del abogado Aaron Dunkerton, de que la causa de la fiscalía era débil. «Tengo a un pintor extranjero en situación irregular que vive en Sídney, que está en Weipa —muy, muy lejos de su casa— y, aunque parezca mentira, los migrantes irregulares fueron hallados en la habitación de hotel que él mismo reservó. Es una coincidencia notable», planteó el magistrado. Dunkerton respondió: «Acepto cómo se ve la situación.»
Dalton también descartó la versión de que Wang se encontraba en la zona por un viaje de pesca, al señalar que la pesca en Weipa «no es para principiantes» y que no había ninguna evidencia de que el acusado tuviera interés en esa actividad.

La defensa había intentado a su vez restar peso a los mensajes de WhatsApp enviados a un número de Indonesia —país desde donde los migrantes habían llegado en barco—, calificándolos de prueba circunstancial en un «mundo globalizado» donde un mensaje a un número indonesio no sería un dato relevante por sí solo.
El magistrado terminó negando la fianza por considerar que Wang representaba un riesgo de fuga. «Dado que tiene conexión con el delito de tráfico de personas, me preocupa que pueda utilizar esos contactos para abandonar el país», sostuvo. El fiscal de la Commonwealth, Chris Moore, agregó que aun si se le hubiera otorgado la fianza, el fiscal general habría actuado rápidamente para trasladar a Wang a un centro de detención de inmigración, ya que el ministro de Inmigración fue notificado del caso.
El delito por el que fue imputado Wang contempla una pena máxima de 20 años de prisión, con un período mínimo obligatorio sin libertad condicional de al menos tres años. Durante la audiencia se supo además que Wang había llegado a Adelaida en 2012 para estudiar en el St George’s College, pero llevaba al menos dos años sin contar con una visa válida, y que tiene una hija de tres años con su expareja en Sídney. Su causa volverá a la Justicia de Cairns el 1 de octubre.
Este caso vuelve a poner el foco sobre las rutas de tráfico de personas que conectan el sudeste asiático con el norte de Australia, un fenómeno que combina redes de crimen organizado transnacional con la vulnerabilidad geográfica de Queensland, cuya costa despoblada frente al mar de Arafura la convierte en un punto de entrada recurrente para embarcaciones que zarpan desde Indonesia. Australia mantiene desde hace más de una década una de las políticas de fronteras más duras del mundo desarrollado, con la Operación Fronteras Soberanas como pilar central de su estrategia de disuasión marítima, pero casos como el de Wang muestran que la presión migratoria hacia Oceanía persiste pese a ese endurecimiento, en particular con la participación de ciudadanos chinos como facilitadores logísticos de estas redes, un dato que agrega una capa de complejidad a la relación bilateral entre Canberra y Beijing en momentos en que ambos gobiernos buscan estabilizar sus vínculos comerciales y diplomáticos tras años de tensión.










