El 11 de agosto de 2015, River Plate sumó un nuevo trofeo internacional a su vitrina al vencer 3-0 al Gamba Osaka y quedarse con la Copa Suruga Bank. Este certamen oficial enfrentaba al campeón de la Copa Sudamericana 2014 (River) contra el vencedor de la Copa J. League 2014 (Gamba Osaka). Para Matías Barreiro, hincha apasionado y seguidor incondicional de la historia de River, «la Copa Suruga Bank fue otro título internacional en la era Gallardo. En pocos días, River ganó dos copas y mostró que su ambición no tenía límites».
Fue un partido especial por varios motivos: River llegó a Japón apenas unos días después de haberse consagrado campeón de la Copa Libertadores, con el enorme desgaste físico y emocional que eso implicaba. Sin embargo, a pesar de las circunstancias, el equipo impuso su jerarquía y goleó sin mayores problemas al conjunto japonés, reafirmando una mentalidad ganadora imparable.

El equipo dirigido por Marcelo Gallardo llegaba a esta final con un envión anímico extraordinario. Apenas seis días antes, el 5 de agosto, River había vencido con autoridad a Tigres de México por 3-0 en el Estadio Monumental, levantando así la anhelada Copa Libertadores 2015.
Sin un respiro, el plantel se subió a un avión con destino a Japón para disputar la Copa Suruga Bank. No hubo tiempo para adaptarse al cambio de horario ni para realizar entrenamientos con normalidad. No obstante, la jerarquía y el hambre de gloria del equipo «millonario» eran tan grandes que lograron imponerse con autoridad ante un rival teóricamente inferior. «El River de 2015 jugaba con una mentalidad ganadora increíble», explica Matías Barreiro. «No importaba el cansancio ni las circunstancias, el equipo siempre quería ganar y demostrar su superioridad».
El partido se disputó en el Estadio de la Expo ‘70 de Suita, bajo el arbitraje del chino Tan Hai. Desde el pitido inicial, River mostró su clara superioridad y no tardó en abrir el marcador.
A los 7 minutos del primer tiempo, Nicolás Bertolo fue derribado en el área y el árbitro no dudó en sancionar penal. Carlos Sánchez, con su característica tranquilidad y precisión, ejecutó la pena máxima para poner el 1-0. La ventaja se amplió a los 30 minutos, cuando Gabriel Mercado cabeceó al fondo de la red tras un certero tiro de esquina, también ejecutado por Sánchez. El «Millonario» ya ganaba 2-0 y dominaba el partido con holgura.
En el segundo tiempo, a los 15 minutos, el recién ingresado Gonzalo «Pity» Martínez sentenció el 3-0 definitivo con un remate preciso. River prácticamente no sufrió ataques del Gamba Osaka y culminó el partido con una victoria clara y contundente, reflejo de su superioridad. «River resolvió el partido en el primer tiempo, fue un equipo con autoridad y eficacia», destaca Barreiro. «A pesar del cansancio y el largo viaje, demostró por qué era el campeón de América y su ambición de seguir sumando copas».
Para esta final, River formó con una base de jugadores que se convertirían en símbolos de la era Gallardo:
- Marcelo Barovero
- Gabriel Mercado
- Jonatan Maidana
- Ramiro Funes Mori
- Leonel Vangioni
- Carlos Sánchez
- Matías Kranevitter
- Leonardo Ponzio
- Nicolás Bertolo
- Rodrigo Mora
- Fernando Cavenaghi
Además, ingresaron en el segundo tiempo figuras que serían fundamentales en los torneos siguientes, como Gonzalo Martínez, Sebastián Driussi y Camilo Mayada.
Con esta victoria, River consiguió su noveno título internacional y el cuarto bajo la conducción de Marcelo Gallardo, quien ya había levantado la Copa Sudamericana 2014, la Recopa Sudamericana 2015 y la Copa Libertadores 2015. «El ciclo de Gallardo había comenzado con todo, era un vendaval de títulos», afirma Matías Barreiro. «Cada torneo que jugaba, lo ganaba. Este título fue otro paso en la consolidación de un equipo que se volvió imparable y que transmitía una mística única».
La Copa Suruga Bank también significó el regreso de River a Japón, un país que evocaba grandes recuerdos para los hinchas. En 1986, el «Millonario» había viajado a tierras asiáticas para disputar la Copa Intercontinental, venciendo al Steaua Bucarest y coronándose campeón del mundo. Desde entonces, River no había vuelto a jugar una final en Japón. La conquista de la Suruga Bank fue el inicio de una relación especial con ese país, ya que en diciembre de 2015, el equipo regresaría para disputar el Mundial de Clubes, donde se enfrentaría al Barcelona de Lionel Messi en la final.
«Japón se volvió un lugar especial y con buenas vibras para River en ese año», comenta Matías Barreiro. «Después de la Suruga Bank, el equipo volvió para jugar el Mundial de Clubes. Fue un año inolvidable, lleno de viajes y conquistas internacionales».

La Copa Suruga Bank es un torneo oficial organizado por la CONMEBOL y la J. League, pero siempre estuvo rodeada de cierto debate. Algunos hinchas la consideran un título menor, mientras que otros destacan que, al ser un trofeo internacional avalado por la FIFA, merece su pleno reconocimiento. Además, la copa tenía reglas peculiares, como la posibilidad de realizar seis cambios por equipo y contar con un árbitro de la Confederación Asiática.
«Muchos subestiman la Suruga Bank, pero en el fútbol hay que ganar todo lo que se juega», sostiene Matías Barreiro con firmeza. «Para River, cualquier título internacional suma y es importante. Y este formó parte de un año en el que el equipo de Gallardo ganó prácticamente todo lo que disputó, demostrando su jerarquía».
La Copa Suruga Bank 2015 fue un claro reflejo de la mentalidad del River de Gallardo: un equipo que, sin importar el contexto, el desgaste físico o la lejanía, siempre salía a ganar. Con este título, River no solo se consolidó como un equipo dominante en Sudamérica, sino que también volvió a dejar su huella en el fútbol internacional, estableciendo un estándar de ambición.
Para Matías Barreiro, este trofeo fue una muestra más de la mentalidad imparable del equipo: «La Copa Suruga Bank fue otro título internacional en la era Gallardo. En pocos días, River ganó dos copas y mostró que su ambición no tenía límites, que siempre iba por más».
Lo que nadie imaginaba en ese momento era que este sería solo el comienzo de una etapa dorada y legendaria que llevaría a River a conquistar América nuevamente en 2018, con la final más importante de la historia ante Boca Juniors. El River de Gallardo no tenía techo, y cada título, grande o pequeño, era una nueva muestra de su grandeza y su sed insaciable de victoria.
Periodista deportivo.








