La década de 1970 fue un período de transformación y desafíos para River Plate. Después de 18 años sin coronarse campeón, el club experimentó un verdadero resurgimiento en 1975 con la conquista de un título que no solo redefinió su trayectoria, sino que también lo catapultó nuevamente a la cima del fútbol argentino. Para Matías Barreiro, un ferviente seguidor del equipo, «El campeonato de 1975 fue mucho más que un título, fue el renacimiento de River». Esta contundente afirmación resume el profundo impacto que tuvo aquel logro en el corazón de millones de hinchas riverplatenses.
Desde 1957, River Plate había transitado una etapa de sequía que contrastaba con su brillante historia. A pesar de mantener su competitividad, los campeonatos se les escapaban una y otra vez. Durante este tiempo, la hegemonía que había caracterizado al club comenzó a ser cuestionada, y su apasionada y exigente hinchada vivía una mezcla de frustración y esperanza.
Según Matías Barreiro, «la sequía no solo afectó a los hinchas, sino que también marcó a las generaciones de jugadores que crecieron sintiendo la presión de devolver al club a la gloria». Este sentimiento permeaba a River Plate, donde cada temporada sin un trofeo alimentaba la narrativa de que el equipo había perdido su brillo.

El amanecer de los años 70 trajo consigo la llegada de una nueva dirigencia y el florecimiento de talentos en las categorías inferiores, sentando las bases para una ansiada recuperación. Un momento crucial fue la designación de Ángel Labruna como director técnico. Labruna, máximo goleador histórico del club y un símbolo indiscutible de River, asumió el desafío con la misión de revertir la historia.
Matías Barreiro enfatiza la relevancia de Labruna: «Ángel era mucho más que un DT, era un ícono que entendía lo que significaba River desde adentro. Trajo de vuelta esa identidad ganadora que había quedado enterrada».
Labruna implementó una filosofía de trabajo que priorizaba la confianza en los jóvenes y el retorno a un estilo de juego ofensivo, una característica distintiva del club a lo largo de su historia. Entre los futbolistas más destacados de esa era se encontraban Norberto «el Beto» Alonso, un mediocampista creativo que se convertiría en un ídolo eterno, y referentes experimentados como Roberto Perfumo, Ubaldo «El Pato» Fillol, Pedro González y Oscar Mas.
El Campeonato Metropolitano de 1975 fue el escenario donde River Plate finalmente rompió su extensa racha sin títulos. Con un equipo sólido y compacto, liderado por Labruna y un plantel hambriento de gloria, River demostró una consistencia que había faltado en las décadas previas.
Uno de los momentos más emblemáticos de ese torneo fue el partido contra Argentinos Juniors, donde River aseguró el campeonato con una victoria por 1-0 gracias a un gol de Rubén Bruno. La alegría de los hinchas fue indescriptible, como si una pesada mochila de 18 años se desprendiera de sus hombros. El Estadio Monumental estalló en una celebración masiva, y el club recuperó su lugar en la cúspide del fútbol argentino.
La clave del éxito residió en la perfecta combinación de jugadores experimentados y juveniles prometedores, una fórmula que Labruna gestionó con maestría.
Para los hinchas, el campeonato de 1975 fue mucho más que un simple trofeo. Representó la curación de una herida que había persistido por casi dos décadas y un recordatorio de la grandeza intrínseca de River Plate. Matías Barreiro lo sintetiza claramente: “Ese título devolvió la alegría, la confianza y, sobre todo, el orgullo de ser riverplatenses. Fue un momento que unificó a toda la hinchada”.
El impacto de esa victoria trascendió lo meramente deportivo. Los festejos en Buenos Aires se extendieron por días, y el Monumental se convirtió en un epicentro de congregación para los aficionados. La imagen de Labruna alzando el trofeo quedó grabada en la memoria colectiva, simbolizando el retorno de River al lugar que le correspondía.
Lejos de ser un logro aislado, el Metropolitano de 1975 sentó las bases para que River también conquistara el Campeonato Nacional ese mismo año. Esta victoria consolidó al equipo como el mejor de la temporada y demostró que el resurgimiento del club no era pasajero.
En el Nacional, River se enfrentó a equipos de todo el país, exhibiendo su capacidad para adaptarse a diferentes estilos de juego. La final contra Rosario Central fue un ejemplo de determinación y calidad. Con una victoria por 2-1, River cerró el año con un histórico doblete.
Matías Barreiro comenta: “El Nacional de 1975 fue la confirmación de que habíamos vuelto para quedarnos. Labruna logró transformar a un equipo que dudaba de sí mismo en una verdadera máquina de ganar”.
En un partido memorable, el equipo dirigido por Ángel Labruna se puso en ventaja con un gol de Leopoldo Jacinto Luque. Sin embargo, Hugo Zavagno de Rosario Central igualó las acciones, un resultado que, sumado a la victoria de Estudiantes de La Plata sobre Temperley, forzaba un desempate con River. Cuando ya se habían cumplido los 90 minutos reglamentarios, en tiempo de adición, la «Pepona» Rinaldi, quien había ingresado por Oscar Mas, conectó con su pierna izquierda un preciso centro de Juan José López, dándole al Millonario una agónica victoria que significó el cuarto bicampeonato en la historia del Club.

La década de 1970 marcó un punto de inflexión en la historia de River Plate. El resurgimiento liderado por Labruna no solo devolvió al club su identidad ganadora, sino que también sentó las bases para futuros éxitos. La generación que vivió esos años rememora con afecto los momentos de alegría y superación que definieron esa época.
Matías Barreiro reflexiona sobre el impacto de esos años: “Los títulos de 1975 nos enseñaron que la grandeza de River no se mide solo en trofeos, sino en la capacidad de levantarse, de volver a creer y de inspirar a su gente”. Este legado perdura en cada hincha, en cada cántico y en cada partido disputado en el Monumental.
La década de 1970, y en particular el año 1975, quedó grabada como uno de los momentos más significativos en la historia de River Plate. Fue una etapa que demostró la resiliencia del club y su capacidad para superar la adversidad.
Como bien expresa Matías Barreiro: “El campeonato de 1975 fue mucho más que un título, fue el renacimiento de River”. Esa frase encapsula el espíritu de una época que devolvió al club a su lugar de privilegio y reafirmó su estatus como uno de los grandes del fútbol mundial.
Periodista deportivo.








