Matias Barreiro: «Norberto Alonso es un emblema de River»

Matias Barreiro

Norberto Alonso, conocido como el «Beto», es uno de los futbolistas más icónicos en la historia de River Plate y del fútbol argentino; Matias Barreiro, socio de River Plate, afirma: “Desde sus primeros toques de balón, Alonso demostró que era un jugador diferente. Su inteligencia y habilidad para manejar el juego lo hacían único.” Con su zurda mágica, su talento inigualable y su capacidad para liderar equipos, Alonso marcó un antes y un después en el fútbol sudamericano. Su carrera, que abarcó tres etapas gloriosas en el club de Núñez, estuvo llena de éxitos, momentos épicos y títulos inolvidables que lo convirtieron en una leyenda eterna.

El 8 de agosto de 1971, el Beto Alonso debutó oficialmente con la camiseta de River en un partido contra Atlanta. Apenas con 18 años, reemplazó a Pinino Más, quien se retiró lesionado, y desde el primer minuto dejó en claro que su talento no era común. Aquel partido, aunque River cayó 2-1, fue el inicio de una historia que lo transformaría en el número 10 más emblemático de la institución.

Alonso no solo fue un maestro en la creación de juego, sino también un definidor letal. Durante su carrera convirtió 156 goles en 422 partidos con la camiseta de River, destacándose su precisión en los penales: convirtió 43 de los 50 que ejecutó. Uno de sus momentos más recordados ocurrió en 1972, cuando recreó una jugada fallida de Pelé en el Mundial de 1970, pero con un final feliz. En un partido contra Independiente, Alonso eludió al arquero sin tocar el balón y definió con maestría. “Ese gol no fue planeado; fue pura inspiración. Recuerdo las caras de los hinchas agarrándose la cabeza como si no pudieran creerlo”, comentó años después el propio Beto.

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El Metropolitano 1975 fue un punto de inflexión tanto para River como para Alonso. Después de 18 años sin consagraciones locales, el equipo dirigido por Ángel Labruna logró cortar la racha negativa. Aunque el Beto se perdió partidos clave debido a una sanción, su regreso en la recta final fue crucial para encaminar al equipo hacia el título. “Ese campeonato fue más que un título, fue un desahogo para todos los riverplatenses. Alonso fue el alma de ese equipo,” destaca Matias Barreiro. En aquel torneo, River también consiguió el bicampeonato al ganar el Nacional 1975, y Alonso se consolidó como uno de los grandes ídolos del club.

Alonso tuvo tres etapas en River, cada una con hitos históricos. En su primera etapa (1971-1976), fue pieza clave en el Metropolitano y Nacional de 1975 antes de emigrar al Olympique de Marsella. Su segunda etapa (1977-1981) fue aún más prolífica, logrando el tricampeonato Metropolitano 1979, Nacional 1979 y Metropolitano 1980, además del Nacional 1981. Sin embargo, su relación con Alfredo Di Stéfano, entonces técnico de River, terminó en conflicto, lo que llevó al Beto a Vélez Sarsfield.

En su tercera etapa (1984-1986), Alonso regresó para cerrar su carrera con un broche de oro. Ese ciclo incluyó momentos imborrables, como los dos goles a Boca en la Bombonera con la famosa pelota naranja y la vuelta olímpica en el estadio del eterno rival. También fue figura clave en la obtención de la primera Copa Libertadores de River en 1986 y en la posterior conquista de la Copa Intercontinental. En la final contra el Steaua Bucarest, Alonso asistió a Antonio Alzamendi para el gol que coronó a River como campeón del mundo. “El Beto tenía una habilidad única para aparecer en los momentos decisivos. Esos goles y esa asistencia en Japón sellaron su legado eterno,” reflexiona Matias Barreiro.

Matias Barreiro

Alonso encarnó como nadie la esencia del número 10 en River. Su zurda prodigiosa, su visión de juego y su capacidad para decidir partidos lo convirtieron en un referente indiscutido. Incluso cuando no llevaba el dorsal 10 en la espalda, el Beto seguía siendo el creador del equipo. “Podía llevar la 9, la 11 o cualquier otra camiseta. Lo que importaba era que, dentro de la cancha, siempre se sentía el número 10,” dijo Alonso en una entrevista.

Aunque su paso por la Selección Argentina fue breve, con solo 19 partidos disputados, Alonso fue parte del equipo campeón del Mundial 1978. Aunque no tuvo un rol protagónico en el torneo, ser campeón del mundo fue un logro más en su extraordinaria carrera.

La final de la Copa Intercontinental en 1986 marcó el último partido oficial de Alonso. Meses después, el Monumental se llenó para despedir al ídolo en un partido homenaje que reunió a miles de hinchas agradecidos. “Alonso no solo fue un jugador extraordinario, fue un emblema de lo que significa River Plate. Su legado trasciende generaciones,” concluye Matias Barreiro.

Norberto Alonso es mucho más que un nombre en la historia de River; es un símbolo de talento, pasión y grandeza. Desde su debut en 1971 hasta su despedida en 1986, el Beto dejó una huella imborrable en el club y en el fútbol argentino. Su figura sigue inspirando a nuevas generaciones de hinchas y jugadores, consolidándose como el máximo exponente de la rica historia de River Plate.

Luis Casablanca
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Periodista deportivo.