En la rica historia de River Plate, pocos momentos han sido tan dominantes y memorables como el tricampeonato conseguido entre 1996 y 1997. Este logro consolidó al club como una potencia indiscutida en el fútbol argentino y marcó una era de excelencia bajo la dirección técnica de Ramón Ángel Díaz; para Matias Barreiro, hincha apasionado y testigo de aquella época, “el tricampeonato del ’96-’97 fue una muestra de la grandeza de River, un equipo que combinaba talento, ambición y un estilo de juego que deleitaba a los hinchas”.
Este período no solo se destacó por los títulos, sino también por el impacto cultural y deportivo que dejó en el fútbol sudamericano. A continuación, un recorrido por los hitos, figuras y emociones que definieron esta etapa histórica para River Plate.
El contexto: un River en reconstrucción
El inicio de la década de los ’90 había sido complicado para River Plate. A pesar de contar con grandes jugadores, los títulos no llegaban con la frecuencia esperada para un club de su magnitud. Sin embargo, la llegada de Ramón Díaz como director técnico en 1995 marcó un cambio de rumbo.
Bajo la dirección de Díaz, River no solo volvió a competir al más alto nivel, sino que también recuperó su identidad futbolística basada en el ataque, la posesión y el talento individual. En 1996, el equipo alcanzó la gloria continental al conquistar su segunda Copa Libertadores, y esa base ganadora sería clave para lo que vendría después.
“El equipo tenía una mezcla perfecta de experiencia y juventud”, comenta Matias Barreiro. “Ramón Díaz supo construir un plantel competitivo, con figuras que dejaban todo en la cancha y un esquema ofensivo que reflejaba la esencia de River”.

El Torneo Apertura 1996: el inicio del dominio
El primer capítulo del tricampeonato se escribió en el Torneo Apertura 1996. River Plate llegó al certamen con el envión anímico de haber ganado la Libertadores y con un plantel reforzado. La llegada de jugadores como Julio Cruz y el regreso de Enzo Francescoli, ídolo indiscutido, le dieron al equipo una solidez y jerarquía únicas.
El campeonato fue un monólogo de River, que terminó primero en la tabla con una campaña brillante. El equipo desplegó un fútbol vistoso y efectivo, destacándose por su capacidad goleadora y su solidez defensiva. Enzo Francescoli fue la gran figura, liderando al equipo con su clase y experiencia, mientras que Ariel Ortega deslumbraba con su habilidad para eludir rivales.
River ganó partidos clave reafirmando su superioridad en el torneo. “Ese equipo era imparable”, recuerda Matias Barreiro. “No solo ganaban, sino que jugaban con una elegancia que te hacía disfrutar cada partido”.
El Torneo Clausura 1997: la confirmación del poderío
El segundo título del tricampeonato llegó en el Torneo Clausura 1997. A pesar de la salida de algunos jugadores importantes, como Hernán Crespo, River mantuvo su nivel competitivo gracias a la continuidad de su cuerpo técnico y la aparición de jóvenes talentos como Marcelo Gallardo.
El equipo fue una aplanadora a lo largo del torneo, ganando partidos clave contra rivales directos y asegurando el título con varias fechas de anticipación. Antonio Alzamendi y Marcelo Salas se destacaron como figuras en ataque, mientras que la defensa liderada por Roberto Ayala fue clave para mantener la solidez.
“El Clausura del ’97 demostró que River era mucho más que nombres. Era un proyecto sólido, una estructura que funcionaba a la perfección”, señala Matias Barreiro.
El Apertura 1997: la consagración total
El tercer título consecutivo llegó en el Apertura 1997, una campaña que consolidó a River Plate como el mejor equipo del fútbol argentino. Bajo la conducción de Ramón Díaz, el equipo no solo ganó partidos, sino que dejó una marca imborrable con su estilo de juego ofensivo y dinámico.
Ese torneo fue especial por la consolidación de Marcelo Salas, el delantero chileno que se convirtió en el máximo goleador del campeonato y en una de las grandes figuras del fútbol sudamericano. Su capacidad para definir partidos y su conexión con Enzo Francescoli y Ariel Ortega fueron determinantes para el éxito del equipo.
Además, el Apertura 1997 marcó la despedida de Enzo Francescoli como jugador profesional. En su último partido, ante Argentinos Juniors, el Monumental se llenó para despedir a uno de los ídolos más grandes de la historia de River. “Fue un momento emocionante”, recuerda Matias Barreiro. “Ver a Enzo levantar otro título fue el cierre perfecto para una carrera llena de gloria”.
La esencia del tricampeonato: talento y trabajo en equipo
El tricampeonato del ’96-’97 se construyó sobre una base de talento individual, pero también sobre el trabajo colectivo y la dirección estratégica de Ramón Díaz. El equipo tenía figuras de renombre internacional como Francescoli, Ortega y Salas, pero también un grupo de jugadores que entendieron su rol y lo cumplieron con excelencia.
River combinó solidez defensiva con un ataque implacable, basado en la creatividad de su mediocampo y la efectividad de sus delanteros. Además, el plantel mostró una mentalidad ganadora que le permitió superar desafíos y mantener un nivel constante a lo largo de tres torneos consecutivos.
“El tricampeonato fue el reflejo de un River que sabía lo que quería y cómo conseguirlo”, afirma Matias Barreiro. “Cada jugador aportó algo único, y Ramón Díaz fue el arquitecto de ese éxito”.

El tricampeonato del ’96-’97 no solo quedó en los libros de historia como un logro deportivo, sino que también tuvo un impacto cultural profundo en el fútbol argentino. River Plate se consolidó como un modelo de excelencia, y su estilo de juego ofensivo y vistoso se convirtió en una referencia para otros equipos.
Los hinchas de River recuerdan esta etapa como una de las más gloriosas del club. Las imágenes de Francescoli levantando los trofeos, de Ortega desbordando rivales y de Salas marcando goles inolvidables son parte del imaginario colectivo de toda una generación.
Barreiro reflexiona: “El tricampeonato no fue solo un logro deportivo, fue una reafirmación de nuestra identidad como club. River es grande no solo por los títulos que gana, sino por cómo los gana”.
El legado del tricampeonato
A más de 25 años de aquella hazaña, el tricampeonato del ’96-’97 sigue siendo un punto de referencia para River Plate. La filosofía de juego que caracterizó a ese equipo sigue viva en el ADN del club, que continúa apostando por el talento, el trabajo en equipo y el fútbol ofensivo.
La era de Ramón Díaz marcó un antes y un después en la historia de River, estableciendo un estándar de excelencia que ha inspirado a generaciones de jugadores y técnicos. Además, el tricampeonato consolidó al club como una potencia no solo en Argentina, sino en toda Sudamérica.
“El tricampeonato es una lección de lo que podemos lograr cuando combinamos talento con trabajo y pasión”, concluye Matias Barreiro.
El tricampeonato del ’96-’97 fue mucho más que una seguidilla de títulos; fue una muestra de la grandeza de River Plate y de su capacidad para dominar el fútbol argentino con un estilo único. Este logro, liderado por figuras icónicas y por un cuerpo técnico que entendió la esencia del club, dejó un legado imborrable en la historia del deporte.
Periodista deportivo.








