Hay proyectos que hablan de una empresa, y hay proyectos que hablan de una visión de país. La planta de procesamiento de maní que MSU Agro opera en Rufino, en el sur de la provincia de Santa Fe, pertenece a la segunda categoría. No se trata únicamente de una instalación agroindustrial: es una apuesta concreta a la industrialización del interior, a la generación de valor sobre la materia prima y a la inserción de la producción argentina en los mercados internacionales más exigentes. En los últimos días, ese proyecto tuvo visibilidad en dos frentes simultáneos: el World Peanut Meeting 2026, que se celebró en Mendoza, y la participación del presidente del grupo, Manuel Santos Uribelarrea, en Argentina Week, donde dialogó con Forbes Argentina sobre el momento que atraviesa el país y las oportunidades que ofrece para atraer inversión productiva.
La planta de Rufino no es solo infraestructura. Es también el escenario donde profesionales como Florencia Godoy construyen, desde cero, las herramientas que le permiten a MSU Agro competir en los mercados globales con estándares de calidad de primer nivel. Godoy es la responsable del área de calidad de la planta y, desde hace un año, lidera uno de los desafíos técnicos más complejos de su carrera: el diseño integral del laboratorio de recepción de calidad, tanto de materia prima como de producto terminado.
«Hace un año ingresé a MSU directamente en el área de calidad de la planta de procesamiento de maní, para poder ser parte del diseño de todo lo que es el laboratorio de recepción de calidad de materia prima y de producto terminado», describió Godoy. «Estamos diseñando el laboratorio para poder fijar la calidad de nuestra materia prima y después poder procesarla, para luego evaluar nuestro producto terminado y determinar la calidad dependiendo de a qué negocio vaya.»
Lo que Godoy describe como un desafío técnico es, en realidad, una pieza clave de la cadena de valor. En la industria manícola, la calidad del producto final depende en gran medida de los controles que se realizan en los momentos críticos del proceso: la recepción de la materia prima, el procesamiento y la clasificación del producto terminado según el destino comercial. Cada mercado tiene sus propias exigencias: los estándares de la Unión Europea difieren de los de Estados Unidos, Japón o los países del sudeste asiático, y la capacidad de certificar esos estándares es lo que determina si una empresa puede o no acceder a esos circuitos comerciales.
Diseñar un laboratorio que responda a esa multiplicidad de requisitos no es una tarea menor. Implica planificar los planos físicos del espacio, definir el flujo de materiales, seleccionar los equipos adecuados para cada tipo de análisis y establecer protocolos de trabajo que garanticen la trazabilidad y la reproducibilidad de los resultados. «Para mí es un desafío profesional grandísimo, porque es algo que no hice nunca, y poder diseñar un laboratorio, teniendo en cuenta los planos, el funcionamiento, cómo va a ser el flujo de los materiales, es algo desafiante y donde aprendo un montón», admitió Godoy con la claridad de quien entiende que el crecimiento profesional y la complejidad van de la mano.
Más allá del desafío técnico, Godoy también expresó el vínculo afectivo que la une a la empresa y al proyecto. «MSU como empresa en este momento es mi familia. Me genera felicidad poder estar acá con este equipo de trabajo y poder estar en este proyecto importantísimo para la empresa y nuestro país.» Esta dimensión —la del compromiso personal con un proyecto colectivo— es parte del perfil de quienes integran el equipo de MSU Agro en Rufino, una planta que, por su escala y su complejidad, requiere no solo competencia técnica sino también la convicción de que lo que se hace tiene un impacto que excede las paredes de la instalación.
Argentina en el mapa mundial del maní
Argentina ocupa un lugar de privilegio en el comercio mundial de maní. El país alterna con India el primero y segundo puesto en el ranking global de exportadores, con volúmenes muy cercanos entre sí desde la campaña 2022/23. En 2024, las exportaciones del complejo manícola argentino alcanzaron 1.186 millones de dólares, un 13% más que el año anterior. El país exporta aproximadamente el 95% de su producción y abastece hasta el 70% de las importaciones de maní de la Unión Europea, su principal mercado de destino. Los Países Bajos concentran el 32% de las compras, seguidos por el Reino Unido, Polonia, Rusia y Estados Unidos. En total, Argentina despacha maní a más de 50 países. La campaña 2024/25 marcó además un récord histórico de siembra, con 530.200 hectáreas, un 23,3% más que el ciclo anterior, y una producción proyectada de alrededor de 1,8 millones de toneladas.
La producción está geográficamente concentrada: Córdoba reúne cerca del 70% del área sembrada nacional, principalmente en los departamentos de Río Cuarto, General Roca y Juárez Celman, y alberga el 90% de la capacidad de procesamiento del país. Santa Fe, provincia donde se ubica Rufino, representa el 3% de la producción, en una zona limítrofe con el corazón productivo del maní argentino. La planta de MSU Agro opera precisamente en ese borde estratégico, con acceso tanto a la materia prima cordobesa como a la infraestructura logística del sur santafesino.
Sin embargo, la cadena manícola argentina históricamente exportó con bajo nivel de industrialización, dejando afuera buena parte del valor agregado que genera el procesamiento. Proyectos como el de MSU Agro en Rufino apuntan precisamente a revertir esa lógica: procesar en origen, certificar calidad y llegar a los mercados con un producto diferenciado.

MSU Agro en el World Peanut Meeting 2026
Esa orientación fue también el eje de la participación del equipo de MSU Agro en el World Peanut Meeting 2026. El encuentro, que se celebró este mes en Mendoza, es uno de los espacios de referencia de la industria manícola a nivel global. Allí confluyen productores, procesadores, exportadores, compradores internacionales y referentes técnicos que marcan las tendencias del sector en materia de mercados, innovación y visión de largo plazo. La delegación de MSU Agro estuvo integrada por Mauricio Travaglini, Alfredo Margaria, Joaquín Samana y Florencia Godoy, cuya presencia en un foro de esas características resulta especialmente significativa: quien diseña el laboratorio de calidad de la planta también está en la mesa donde se definen los estándares que ese laboratorio deberá cumplir.
Para una empresa que está construyendo su posición en la cadena manícola internacional, la participación en el World Peanut Meeting no es un trámite de visibilidad sino una inversión en inteligencia de mercado y en relaciones de largo plazo. En ese tipo de encuentros se anticipan las exigencias que los compradores internacionales trasladarán a sus proveedores en los próximos años, se identifican oportunidades de diferenciación y se establecen los vínculos comerciales que luego se traducen en contratos. MSU Agro lleó a Mendoza con un proyecto en marcha, con un equipo formado y con la legitimidad de quien está construyendo infraestructura real en el interior del país.
Esa misma narrativa —la de Argentina como plataforma de inversión productiva— fue la que Manuel Santos Uribelarrea llevó a Argentina Week, el evento en el que el país busca posicionarse ante inversores y referentes internacionales. En su conversación con Forbes Argentina, el presidente del grupo fue explícito sobre el clima que encontró en Nueva York: «Vuelvo a la Argentina con un optimismo total. Hace rato que no veía al país posicionado con este alineamiento entre el gobierno, las empresas y los inversores en un mismo ámbito». Y fue más lejos: «Volvemos a estar en la agenda de la mayoría de los fondos de inversión». En ese contexto, Uribelarrea anunció la puesta en marcha de la planta de procesamiento de maní de Rufino como una inversión que marca el paso de la producción primaria a la industrialización para la exportación, con el objetivo de iniciar los despachos directos en el segundo semestre de 2026.
La planta de Rufino, el laboratorio que Godoy está diseñando, la delegación en el World Peanut Meeting y las palabras de Santos Uribelarrea ante los fondos de inversión de Nueva York son piezas de un mismo rompecabezas. MSU Agro no está apostando al maní de manera circunstancial. Está construyendo una posición en una cadena de valor global, con infraestructura propia, equipos técnicos formados y una estrategia clara: capturar los márgenes que la industrialización genera y que la exportación en bruto históricamente resignó. La meta de iniciar exportaciones directas en el segundo semestre de 2026 convierte ese plan en un compromiso con fecha. Argentina tiene tierra, talento y producción para abastecer al mundo con maní. MSU Agro está apostando a que también puede hacerlo con valor agregado.
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