Hay estadios que no necesitan presentación y hay momentos que no necesitan adorno. El Estadio Azteca, el Coloso de Santa Úrsula, es las dos cosas a la vez: un templo que ya vio dos finales de Copa del Mundo, que recibió a Pelé y a Maradona, que presenció el Gol del Siglo y que este jueves 11 de junio se convirtió en el único recinto en la historia en albergar tres partidos inaugurales de un Mundial. El tercero le tocó a México. Y México, por primera vez en su historia, lo ganó.
El resultado fue 2 a 0 ante Sudáfrica. Los goles los firmaron Julián Quiñones a los nueve minutos y Raúl Jiménez a los 66. Pero el partido —como suele ocurrir en los grandes escenarios— fue mucho más que eso. Fue un espejo de lo que México puede ofrecer en este torneo: presión alta, intensidad temprana, efectividad en las ocasiones justas y una fragilidad disciplinaria que asomó cuando menos se la necesitaba. Tres tarjetas rojas en noventa minutos, dos para Sudáfrica y una para el capitán azteca, convirtieron a este debut mundialista en el más polémico de la historia en términos disciplinarios.
El minuto 9 que cambia una vida
El juego empezó con toda la euforia de los aztecas, que se fueron con todo a presionar al rival, a ahogarlo, y esa fue la clave para que con solo nueve minutos en el reloj, a pase de Erik Lira, Quiñones marcara el primer gol del torneo.
Fue un gol que nació de la presión, que es exactamente la filosofía con la que Javier Aguirre quiere que su equipo viva este Mundial. México no esperó, no midió fuerzas, no tanteó al rival. Fue a morderle el tobillo a Sudáfrica desde el primer segundo y la recompensa llegó rapidísimo. El delantero, nacido en Magüí Payán, en el Nariño más profundo y remoto de Colombia, donde las canchas de tierra y los partidos a pie limpio forjan a los jugadores de otra manera, aprovechó la oportunidad dentro del área para vencer al guardameta Ronwen Williams y convertirse en el autor del primer gol del Mundial 2026.
Hay algo poético en ese dato que va más allá del fútbol. Julián Quiñones llegó a este torneo por la puerta de atrás. Con sed de revancha, porque a lo largo del proceso clasificatorio no había tenido toda la confianza de Javier Aguirre. Su naturalización como mexicano fue cuestionada por sectores de la prensa y la afición. Su presencia en la convocatoria fue debatida hasta el último momento. Y cuando el mundo entero miraba al Azteca por primera vez en este Mundial, fue él quien gritó. El niño de Nariño que jugó descalzo, que cruzó fronteras, que compitió en Arabia Saudita y que nunca dejó de insistir. En el minuto 9 de la Copa del Mundo 2026, toda esa historia cobró sentido.
El Azteca rugió y Jiménez respondió
Después del gol, México no especuló. La presión sobre la salida sudafricana continuó siendo el eje del juego y el Tri tuvo situaciones para ampliar la ventaja antes del descanso, aunque la definición no estuvo a la altura de la generación de oportunidades. Desde los primeros minutos, el conjunto dirigido por Javier Aguirre tomó el control del partido con una intensa presión en campo rival y un dominio claro en la posesión del balón. Sudáfrica, por su parte, nunca encontró el camino hacia la portería de Guillermo Ochoa —quien vivió su noche más especial sin mancharse los guantes— y se limitó a intentar reacciones individuales que la defensa mexicana desactivó sin mayores sobresaltos.
Al minuto 49, Sithole vio la tarjeta roja tras una acción sobre Brian Gutiérrez, dejando a su equipo con diez hombres. Fue el momento en que el partido debió abrirse y convertirse en un festival mexicano. Sin embargo, el Tri —y esto es una señal de alerta que el cuerpo técnico deberá analizar— no supo administrar la superioridad numérica con la fluidez esperada. Los 80.000 espectadores del Azteca lo notaron. Aguirre lo notó desde la banca. El marcador siguió en 1 a 0 durante demasiado tiempo con un rival reducido.
La tranquilidad definitiva llegó recién a los 66 minutos. Raúl Jiménez apareció dentro del área para firmar el 2-0 tras una gran asistencia de Roberto «Piojo» Alvarado, y el Azteca se entregó por completo a la celebración. El cabezazo del nueve azteca fue exactamente lo que el partido necesitaba: claridad, presencia de área, el instinto de un delantero de clase mundial que sabe cuándo aparecer. Jiménez, un hombre que superó una fractura de cráneo para seguir compitiendo al más alto nivel, que cargó años de espera antes de brillar en un Mundial, celebró con la mesura de quien sabe lo que costó llegar hasta ahí.
El árbitro, los rojos y la sombra sobre el festejo
Con tres jugadores expulsados —César Montes por México y Siphephelo Sithole y Themba Zwane por Sudáfrica— este partido superó el registro de todos los partidos inaugurales anteriores y se convirtió en la inauguración mundialista más polémica en términos disciplinarios de la historia. El árbitro brasileño Wilton Sampaio fue la figura que nadie quería que fuera figura.
La segunda roja para los Bafana Bafana llegó a seis minutos del final, cuando Sampaio fue al monitor del VAR —la primera revisión del torneo— y expulsó al mediapunta Themba Zwane, que había agredido sin pelota a Alvarado. Si bien la decisión tuvo argumentos, la acción pudo haberse resuelto de otra manera. Y luego, en tiempo adicionado, el defensor central mexicano César Montes vio la tarjeta roja directa tras una dura e innecesaria entrada, sellando la inédita marca de tres expulsiones en noventa minutos.
La de Montes fue la más dolorosa para México. No solo porque era innecesaria —el partido ya estaba ganado, la clasificación no corría peligro en ese instante—, sino porque el capitán azteca no podrá estar en el duelo más importante del grupo: el 18 de junio ante Corea del Sur en Guadalajara. Los sudafricanos Sithole y Zwane tampoco estarán disponibles para enfrentar a República Checa.
Para buscar un precedente comparable en un debut mundialista hay que remontarse al 8 de junio de 1990, en San Siro, cuando Camerún se quedó con dos hombres menos ante Argentina —que ese día perdió el partido—, pero ni ese encuentro llegó a las tres expulsiones. El Mundial 2026 tiene, en su primer partido, más rojas que algunas ediciones completas del torneo.
Ochoa y el registro que trasciende el fútbol
En el banco, quieto, con los guantes puestos pero sin necesitar usarlos, Guillermo Ochoa vivió quizás la noche más especial de su extraordinaria carrera. El partido sirvió para que el arquero mexicano se convirtiera en el primer futbolista en la historia en disputar seis Mundiales, una marca que en los próximos días igualarán también Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.
Seis Mundiales. Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018, Qatar 2022, y ahora, en su casa, México 2026. Es un número que pertenece a la categoría de los imposibles hechos posibles, al territorio de los deportistas que desafían el tiempo porque su amor por lo que hacen es más fuerte que cualquier reloj. Ochoa no necesitó atajar un solo tiro para que su noche fuera histórica. Basta con haber estado ahí.
Lo que viene: el duelo que puede valer la clasificación
México llega a la segunda jornada en la cima del Grupo A junto a Corea del Sur, con tres puntos cada uno. El 18 de junio, en el Estadio Akron de Guadalajara, ambos se enfrentan en lo que puede ser el partido que defina el liderazgo del grupo y la clasificación anticipada de uno de los dos.
México tiene marcha perfecta contra equipos de Asia en los Mundiales: cinco victorias en cinco encuentros. Y los antecedentes directos con Corea del Sur también hablan a favor del Tri: dos victorias en dos cruces mundialistas. Pero este es otro equipo coreano, con más carácter y más recursos que en ediciones anteriores, como quedó demostrado horas después en Guadalajara con la remontada ante República Checa.
Javier Aguirre tendrá que resolver el rompecabezas defensivo sin su capitán. Y tendrá que resolver también algo que el propio partido inaugural dejó en evidencia: México fue brillante durante diez minutos, correcto durante otros cuarenta, y difuso en los momentos en que la superioridad numérica debería haberle permitido sentenciar el partido antes. Ese es el equipo que tiene el Vasco. Un equipo capaz de hacer mucho daño cuando el rival abre el primer espacio, pero que necesita aprender a matar los partidos cuando la ocasión lo exige.
El Azteca celebró. México ganó. Y la historia del primer gol del Mundial 2026 quedó en manos de un colombiano de Nariño que le debía una al fútbol —y al fútbol, finalmente, siempre le cobran.
Co-fundador de Reporte Asia.














