América Latina y el Caribe llevan más de dos décadas como proveedores estructurales de materias primas para Asia, particularmente para China. El comercio total con el país asiático pasó de representar solo el 1,7% en 2000 al 17% en 2023, según el informe Las relaciones entre América Latina y el Caribe y China de la CEPAL. En ese mismo período, las exportaciones de la región a China crecieron 50 veces en valor real, representando ya el 14% del total exportado. El problema es la composición: soja, litio, cobre y carne fluyen hacia Asia en volúmenes crecientes, pero la región sigue en el mismo lugar de la cadena de valor —la de tomadora de precios— sin capacidad de influir en las cotizaciones internacionales ni de capturar el margen que sí retienen los países que procesan o industrializan esos mismos recursos.
La inversión china ya no es solo comercial
Entre 2005 y 2024, China ejecutó 294 proyectos de infraestructura en la región, con una inversión superior a los 129.000 millones de dólares y la generación de casi un millón de empleos.
Brasil, Argentina, Perú y México concentran el 88% de esa inversión, y el dato reciente es elocuente para el caso argentino: en el período 2020-2024, Argentina incrementó su participación en los proyectos de infraestructura de China al 27% del monto invertido, seguida por Brasil (16%), Chile (11%) y México (10%).
La CEPAL confirma además que China se consolidó desde 2019 como el segundo socio comercial de la región, superando a la Unión Europea.
Vaca Muerta: el caso que rompe el molde, con China de por medio
El desarrollo del GNL de Vaca Muerta ofrece hoy un ejemplo poco frecuente de un país de la región intentando escalar en la cadena de valor energética en tiempo real, y con Asia como socio explícito del financiamiento y la logística.
El proyecto de Southern Energy (de Pan American Energy) confirmó una inversión total estimada de más de US$15.000 millones a lo largo de 20 años de operación, que abarcará toda la cadena de valor, con la primera unidad flotante llegando en 2027. Un dato revelador de la interdependencia con Asia: YPF trabaja en la construcción de cuatro barcos de GNL en China, dos en asociación con la italiana Eni y dos con la angloholandesa Shell.
La escala del desafío de infraestructura es considerable: un informe privado reciente estimó que Vaca Muerta necesita USD 22.000 millones de inversión adicional para sostener el salto exportador, y ya se negocia un crédito de USD 1.000 millones con un grupo de bancos para financiar un nuevo gasoducto exclusivo desde la cuenca hasta la costa.
El horizonte a 2030 es ambicioso: la meta es una capacidad total de 25 MTPA que posicionaría a Argentina como proveedora de cerca del 4% del mercado mundial de GNL, con un flujo de divisas proyectado de 200.000 millones de dólares en dos décadas.

Lo interesante, en clave de «agregado de valor local», es que el proyecto no se limita a exportar el gas crudo: entre las iniciativas asociadas figura una planta para producir urea en Bahía Blanca utilizando gas de Vaca Muerta, pensada explícitamente para agregar valor localmente antes de la exportación. Es, a pequeña escala, el tipo de salto que el diagnóstico regional reclama desde hace años: no vender solo la materia prima, sino procesarla antes de que salga por el puerto.
Tres condiciones que faltan, y una brecha que se mide en dólares
A nivel regional, ese salto sigue siendo la excepción. Subir en la cadena de valor requiere capital de largo plazo, estabilidad macroeconómica e infraestructura, y sobre este último punto existen cifras precisas: según el BID, la región necesita invertir 2.220.736 millones de dólares hasta 2030 en agua, energía, transporte y telecomunicaciones para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, lo que implica incrementar más de un 70% la inversión actual, de 1,8% a 3,12% del PBI regional.
El costo de no hacerlo ya fue cuantificado: la falta de inversión en infraestructura le costó a la región en promedio 15 puntos porcentuales de crecimiento a lo largo de una década, una pérdida agregada cercana a los 900.000 millones de dólares.
El eslabón perdido: la propia región
Hay un dato que rara vez se menciona cuando se habla de la relación con Asia, y es que Latinoamérica tampoco comercia consigo misma. El comercio intrarregional pasó de representar cerca del 21% del comercio total latinoamericano en 2008 a aproximadamente 14% en 2024, mientras que en Europa el comercio intrarregional supera ampliamente el 60% del total.
El FMI llega a una conclusión similar: el comercio entre países de la región se mantiene por debajo del 20% del comercio total, equivalente a menos de la mitad del nivel de Europa oriental y Asia central, y a un tercio del de Asia oriental, en parte porque los países están más volcados a exportar materias primas que bienes intermedios o finales —con México como excepción parcial por su integración con Estados Unidos.
La pregunta de fondo para los próximos años es si el caso de Vaca Muerta —con financiamiento, tecnología y astilleros asiáticos ya integrados al proyecto— logrará replicarse en otros sectores, o si quedará como una excepción puntual en un patrón regional que, en lo estructural, sigue sin resolverse.
Fanático de Asia, periodista part-time.












