Beijing busca contener el desgaste de imagen después de choques entre turistas chinos y personal de seguridad en Bangkok.
La Embajada de la República Popular China en Tailandia emitió el sábado un comunicado dirigido a sus ciudadanos que viajan al país por espectáculos culturales, eventos deportivos y encuentros con artistas, pidiéndoles que sigan estrictamente las leyes y regulaciones locales y que respeten a la población tailandesa. El pedido llega en medio de una temporada cargada: desde el inicio de las vacaciones escolares de verano en China, Tailandia viene recibiendo un volumen alto de eventos masivos, y con ellos, una serie de fricciones que escalaron rápido en las redes sociales de ambos países.
El comunicado es bastante específico en lo que pide: que los visitantes chinos observen las leyes y regulaciones tailandesas, respeten las creencias religiosas, costumbres y tradiciones locales, y sigan las normas de orden público y de gestión de los recintos. También los insta a comportarse de manera responsable, tratar con cortesía a los demás y proyectar una imagen positiva de los ciudadanos chinos en el exterior. En caso de disputas, la embajada pide mantener la calma y recurrir a canales oficiales —personal del evento o policía local— en lugar de resolver los conflictos por mano propia.
Detrás del texto diplomático hay una sucesión de episodios puntuales que se fueron acumulando en el último mes y medio (ver recuadro).
Del lado tailandés la respuesta fue matizada pero firme. El canciller Sihasak Phuangketkeow señaló que el embajador chino tiene un rol que jugar explicando las leyes y costumbres tailandesas a sus connacionales, mientras que el ministro de Turismo, Surasak, fue más directo al remarcar que el dinero que gastan los turistas no compra privilegios sobre los ciudadanos tailandeses, y que las autoridades no van a ser indulgentes con quien infrinja la ley, sin importar la nacionalidad.
Sus declaraciones llegaron en un contexto donde, en paralelo, también se investigaban roces con turistas rusos e italianos, lo que sugiere que el fenómeno no es exclusivamente bilateral sino parte de una tensión más amplia entre el boom turístico post-pandemia de Tailandia y su capacidad de gestión de multitudes.

Lo que hace interesante este episodio es el tono elegido por Beijing. El comunicado insiste en la fórmula de «hermandad» entre ambos pueblos —la embajada citó la idea de que tailandeses y chinos «no son extraños sino hermanos»— en lugar de una postura de reclamo unilateral, algo que contrasta con episodios previos de diplomacia china más asertiva en la región.
La lectura geopolítica es doble: por un lado, China depende del turismo de sus ciudadanos como termómetro de la relación bilateral y como fuente de ingresos crucial para la economía tailandesa, que en los últimos años vio caer justamente la llegada de turistas chinos por percepciones de inseguridad. Por otro, Beijing necesita evitar que estos incidentes puntuales se conviertan en un problema de imagen que alimente el discurso interno chino sobre maltrato a sus ciudadanos en el exterior, algo que históricamente ha sido sensible para el Partido Comunista.
El comunicado, en ese sentido, funciona tanto hacia adentro —mostrando que el Estado cuida a sus nacionales— como hacia afuera, en un gesto de buena vecindad que busca preservar una relación económica y estratégica que a Beijing le interesa mantener estable en el sudeste asiático..
Periodista. Colaborador Junior en ReporteAsia.













