Varias torres reconstruidas tras la Segunda Guerra Mundial llegaron al límite de su vida útil y presentan riesgos sísmicos. Los municipios debaten entre la restauración y la reconstrucción, entre reparar el hormigón o volver a la madera, con costos que pueden superar los 120 millones de dólares.
Los castillos de Japón son uno de los símbolos más reconocibles del país, pero muchos de los que hoy reciben visitantes no son las estructuras originales que sobrevivieron a los siglos feudales.
Tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, decenas de torres —conocidas en japonés como tenshu— fueron reconstruidas en hormigón armado durante los años 50 y 60.
Siete décadas después, esas estructuras muestran signos de deterioro severo y vulnerabilidad sísmica, y los gobiernos locales se enfrentan a una disyuntiva costosa: repararlas o demolerlas para reconstruir en madera, como eran originalmente.
Hiroshima: cerrada y sin solución a la vista
La torre homenaje de cinco pisos del castillo de Hiroshima cerró sus puertas en marzo de este año por no cumplir con los estándares de resistencia a terremotos. La estructura, que se cree fue erigida originalmente a fines del siglo XVI por el señor de la guerra Mori Terumoto, fue destruida en el bombardeo atómico estadounidense de agosto de 1945 y reconstruida en hormigón en 1958.
Funcionó como museo durante décadas hasta que los muros exteriores comenzaron a desmoronarse y el techo presentó filtraciones. Un estudio realizado en 2019 confirmó que el edificio podría derrumbarse ante un sismo de gran magnitud.

La ciudad evalúa dos alternativas: reparar la torre de hormigón existente o reconstruir una estructura de madera fiel al diseño original. Esta segunda opción, sin embargo, no estaría terminada antes del año fiscal 2049 y podría costar hasta 19.500 millones de yenes, equivalentes a unos 123 millones de dólares.
Para los visitantes habituales, la clausura es una pérdida concreta. «Aunque hay varias opciones, preferiría que pudiéramos volver a recorrer el interior», dijo un vecino de 35 años que visitó el lugar con su familia, según consignó Kyodo News.
Nagoya y el conflicto de la accesibilidad
La torre del homenaje del castillo de Nagoya lleva cerrada desde 2018. El municipio planea demoler la estructura de hormigón construida en 1959 para recrear la torre original de madera del siglo XVII, pero el proyecto sigue paralizado por una controversia puntual: la ciudad descartó instalar ascensores, argumentando que dañarían los pilares y vigas, lo que generó un debate sobre la accesibilidad para personas mayores y con discapacidades que aún no está resuelto.
Wakayama y Okayama: dos modelos distintos
En Wakayama, en el oeste del país, el debate entre renovar o reconstruir continúa abierto. La torre de hormigón de 1958 permanece abierta con medidas de seguridad adicionales mientras la ciudad no llega a una decisión.

Okayama, en cambio, ya tomó el camino de la renovación y completó obras de reparación entre 2021 y 2022 que incluyeron refuerzo sísmico, mejoras de accesibilidad y nuevas exposiciones interactivas. El resultado fue un aumento de aproximadamente 100.000 visitantes.
El costo total de la intervención fue de 1.800 millones de yenes, una fracción de lo que implicaría una reconstrucción en madera. «Que el castillo desapareciera aunque fuera temporalmente durante una reconstrucción nunca se consideró una opción», explicó un funcionario municipal a Kyodo News.
El valor del original
Yoshihiro Senda, arqueólogo especializado en castillos y profesor de la Universidad de la Ciudad de Nagoya, reconoce los méritos de ambas opciones pero subraya el valor histórico de la reconstrucción en madera: «Aunque es extremadamente costoso, permite a los visitantes hacerse una mejor idea de cómo era el sitio original, lo que realza el valor intrínseco de los monumentos históricos».
Senda también enfatiza la necesidad de transparencia con la ciudadanía en cualquiera de los dos caminos: «Es fundamental ofrecer explicaciones detalladas al público».
Co-fundador de ReporteAsia.













