El asesor presidencial Santiago Caputo visitó Washington por 48 horas con un mandato explícito de Milei: reforzar el alineamiento geopolítico con Estados Unidos frente a la expansión china en la región.
Santiago Caputo llegó a la capital estadounidense como enviado especial del presidente Javier Milei con una misión clara: ratificar ante la administración Trump que Buenos Aires comparte su visión estratégica sobre la creciente influencia de Beijing en América Latina. En sus reuniones en la Casa Blanca, el Capitolio y el Departamento de Estado, el asesor presidencial recibió un mensaje que Washington no disimula: la ofensiva china sobre los recursos naturales argentinos es motivo de inquietud en los más altos niveles del gobierno de Donald Trump.
Caputo se reunió con Brian Mast, titular de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, y con Michel Jensen, asesor de Seguridad Nacional para América Latina. Sus interlocutores pusieron sobre la mesa el llamado Corolario Trump a la Doctrina Monroe, los acuerdos bilaterales sobre minerales críticos y la iniciativa Escudo de las Américas, tres pilares de la estrategia estadounidense para contener la expansión regional diseñada por Xi Jinping.
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El asesor presidencial expuso ante sus anfitriones las medidas adoptadas por el gobierno de Milei para bloquear la construcción de un puerto de aguas profundas chino en la Patagonia, limitar las inversiones de Beijing en minerales críticos y uranio, y frenar proyectos vinculados a telecomunicaciones y tecnología. En ese marco, también transmitió la posición argentina respecto al financiamiento disponible: una orden ejecutiva de Trump combina cerca de 1.700 millones de dólares en capitales privados con un crédito de 10.000 millones del Banco de Exportación e Importación estadounidense (EXIM Bank), estructurado bajo el denominado Project Vault para garantizar el suministro continuo de minerales estratégicos.
Uno de los puntos más delicados del encuentro fue la instalación china en Neuquén. Un asesor influyente de Trump transmitió a Caputo el deseo de Washington de clausurar esa estación, que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) clasifica como base de espionaje orientada principalmente contra Estados Unidos. Caputo argumentó que existe un contrato bilateral vigente y que una denuncia unilateral podría generar costos diplomáticos y económicos de difícil absorción para Argentina.
Más allá de los temas puntuales, Caputo subrayó ante sus anfitriones que el vínculo con Washington no es una apuesta táctica sino un proyecto estructural. El concepto que utilizó fue el de «relación sistémica»: la convergencia de los intereses nacionales argentinos con la agenda geopolítica de Estados Unidos, un objetivo que, según explicó, trasciende el horizonte electoral de 2027. En la Casa Blanca, sin embargo, el entusiasmo por el alineamiento argentino convive con la atención puesta en la merma de popularidad de Milei y en el proceso judicial abierto contra el jefe de Gabinete Manuel Adorni.
Caputo emprendió el regreso a Buenos Aires tras 48 horas de agenda intensa en una ciudad donde Argentina vuelve a ocupar un lugar en el tablero geopolítico global.
Periodista. Colaborador Junior en ReporteAsia.














