Asia y América Latina: cuánto vale el trabajo que hacés según dónde naciste

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Dos regiones, dos realidades salariales y una misma variable: el lugar de nacimiento sigue siendo uno de los factores más determinantes de cuánto gana un trabajador, por encima del esfuerzo o la productividad.

Pasó el 1° de mayo y ciertas preguntas quedaron flotando: qué le hace la inteligencia artificial al empleo, cómo cambia la tecnología la relación entre trabajo y salario, qué queda de las viejas certezas laborales.

Son preguntas globales, válidas. Pero debajo de ellas hay una más concreta y más incómoda, que no depende de ningún algoritmo: ¿cuánto gana un trabajador según el lugar del mundo en que vive? Dos trabajadores. Mismo turno de ocho horas. Distinta cuenta bancaria al final del mes. No porque uno trabaje más que el otro, sino porque nació en un lugar diferente. Asia y América Latina comparten cadenas productivas globales, pero viven realidades salariales que pocas veces se comparan con honestidad.

El mito del «barato asiático»

La imagen del trabajador asiático mal pago es real, pero incompleta. Si es cierto que en Vietnam o Indonesia, un operario industrial puede cobrar entre 250 y 400 dólares mensuales. Y en la India, menos aún se percibe monetariamente en el sector informal, que es donde trabaja la mayoría. Más del 90% de todos los trabajadores se encuentran en situaciones informales, a menudo como autónomos o en puestos ocasionales. Este inmenso sector informal abarca a más de 400 millones de trabajadores y representa casi el 50 % del PIB de la India. Hasta ahí, el dato conocido.

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Dos regiones, dos realidades salariales y una misma variable: el lugar de nacimiento sigue siendo uno de los factores más determinantes de cuánto gana un trabajador.

Pero China, el gran mercado laboral de Asia, modificó ese esquema hace una década. Allí los salarios industriales urbanos chinos hoy se ubican entre 600 y 1.200 dólares mensuales, y en Japón o Corea del Sur superan los 2.000 o 3.000.

Por esto mismo, se entiende que Asia no es un bloque homogéneo: es un continente donde conviven la manufactura de exportación y la economía de alto valor agregado, a menudo dentro del mismo país.

América Latina: mejor en papel, más volátil en la práctica

Por su parte, un trabajador formal en Argentina, Brasil o México gana nominalmente más que su par vietnamita. Entre 400 y 800 dólares mensuales, según el sector y el momento del ciclo económico. Chile y Uruguay se acercan a los 1.000. Los números parecen favorables.

El problema es que esos números son difíciles de sostener en el tiempo. La inflación erosiona el salario. La devaluación reduce su valor real. Y la informalidad —que según la OIT afecta al 47,6% de los trabajadores latinoamericanos— deja a casi la mitad de la fuerza laboral sin protección social ni estabilidad contractual.

Como podemos ver, un sueldo nominalmente más alto hoy puede rendir menos que uno más bajo en un país con moneda estable dos años después.

¿Cuánto vale el trabajo según dónde naciste? Asia y América Latina frente al espejo del 1° de mayo

La variable que los números brutos no capturan

La pregunta no es cuánto se gana, sino cuánto queda después de que la economía hace su parte.

Un trabajador en Hanói con 350 dólares sabe, con razonable certeza, qué podrá pagar el mes que viene: el alquiler, el transporte, la comida. El número es bajo, pero es predecible. Un trabajador en Buenos Aires con 600 dólares gana más en términos nominales y vive con más incertidumbre: no porque trabaje menos, sino porque su moneda puede valer un 10% menos antes de que llegue el próximo sueldo.

Pensemos así que ganar 500 dólares no presenta una suma estable en todo el planeta. Esa cifra es solo una relación entre distintas realidades y entre qué se puede hacer con ese dinero según la ubicación en el mundo de diferentes trabajadores, su poder adquisitivo. Con moneda estable y costo de vida previsible, rinde. Con inflación estructural y alquiler dolarizado, no alcanza aunque el número parezca mayor que el de su par asiático.

Desde ya la estabilidad macroeconómica no aparece en ninguna tabla  de composición salarial, pero sin lugar a dudas opera en la práctica como una variable de bienestar tan determinante como el salario mismo.

Lo que viene y no distingue fronteras

La automatización avanza sobre los empleos de manufactura de bajo valor agregado en ambas regiones. La economía de plataformas redefine la relación entre trabajador, empleador y Estado tanto en São Paulo como en Yakarta. Y el trabajo remoto empieza a desafiar la lógica geográfica del salario: un profesional latinoamericano o asiático que presta servicios a clientes de mercados de mayor poder adquisitivo puede acceder a ingresos que antes estaban fuera de su alcance.

Esa posibilidad, sin embargo, todavía alcanza a una minoría. Para la mayor parte de los trabajadores de ambas regiones, la geografía sigue siendo una de las variables más determinantes de cuánto vale su trabajo.

 

 

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Co-fundador de Reporte Asia.