Argentina, pionera global: cómo lideró el desarrollo de internet en el mundo

Argentina

Antes de la inteligencia artificial, antes de los smartphones y antes de Starlink, Argentina ya había entendido que el poder del siglo XXI se mediría en redes.

Hay décadas que un país recuerda por sus crisis. Y hay décadas que deberían recordarse también por sus ambiciones. La Argentina de los años noventa fue ambas cosas. Tuvo tensiones, debates, errores y controversias, como toda etapa histórica intensa. Pero también tuvo algo menos reconocido y quizás más importante: una voluntad explícita de jugar en la gran liga del cambio global.

No se conformó con administrar inercias. Quiso disputar el futuro.

Eso significó abrir la economía, integrarse al mundo, modernizar sectores estratégicos, atraer inversiones, reformular instituciones y comprender, antes que muchos, que el nuevo poder del siglo XXI no se mediría únicamente en fábricas, ejércitos o recursos naturales. También se mediría en redes.

Redes de telecomunicaciones. Redes digitales. Redes satelitales. Redes de conocimiento. Redes logísticas. Redes de talento.

Lo comprendí con particular claridad en enero de 1999, cuando fui invitado a representar a la Argentina en el Foro Global de la Reinvención del Gobierno, celebrado en Washington D.C., una de las grandes capitales intelectuales y políticas del cambio de siglo. Participaban delegaciones oficiales, expertos en políticas públicas, académicos, reformadores del Estado y representantes de países de América, Europa, Asia y otras regiones. En la apertura estuvieron el presidente Bill Clinton y el vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, impulsor de la célebre idea de la Autopista de la Información, la metáfora temprana de internet como red mundial de conocimiento, comercio y poder.

Y en ese escenario ocurrió algo que todavía conserva fuerza simbólica.

Fui presentado por Al Gore, quien destacó las políticas públicas que la Argentina venía llevando adelante en materia de telecomunicaciones, modernización estatal e inclusión digital.

Por unas horas, Washington no observaba a la Argentina por sus fragilidades, sino por su capacidad de anticipación.

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El Presidente Carlos Menem recibe en el Salón Blanco de la Casa Rosada al Vice Presidente Al Gore.

La gran liga no era un lugar: era una conversación

A veces se cree que ingresar en la gran liga internacional depende solo del tamaño económico. No siempre es así. También depende de estar presente en las conversaciones correctas en el momento correcto.

En los años noventa, la gran conversación global no era únicamente comercial o financiera. Era tecnológica. Era institucional. Era geopolítica.

¿Quién construiría las redes del nuevo siglo?¿Quién conectaría a sus ciudadanos primero?¿Quién adaptaría su Estado a la era digital?¿Quién transformaría la educación, la salud y la productividad mediante tecnología?

Argentina decidió sentarse en esa mesa, no fue como un oyente sino como un actor con agenda propia.

El foro donde se discutía el futuro

El programa oficial del evento lo definía con claridad: se trataba de un foro mundial sobre la reinvención del gobierno, celebrado los días 14 y 15 de enero de 1999, bajo la moderación de Al Gore, uno de los principales promotores globales de la idea de la Autopista de la Información, la metáfora temprana de internet como red planetaria de conocimiento, comercio y poder.

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Auspiciantes del evento.

El propio listado de auspiciantes muestra la magnitud intelectual y política del encuentro. Entre las instituciones organizadoras y patrocinadoras figuraban Innovations in American Government, John F. Kennedy School of Government, Harvard University, The Ford Foundation, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), National Partnership for Reinventing Government, Office of Management and Budget (OMB), U.S. Information Agency, The Brookings Institution.

Era un evento gubernamental en el que convergían el poder público, la academia global, los think tanks, los organismos multilaterales y las fundaciones estratégicas. En otras palabras: la gran liga donde se discutía cómo sería el mundo que venía.

Cuando Argentina superó a varios países europeos

Conviene recordarlo sin complejos.

En los avances vinculados al despliegue de internet, apertura del mercado de telecomunicaciones, expansión del acceso y dinamismo digital, la Argentina mostró en los años noventa desempeños que, en distintos indicadores y ritmos de adopción, la colocaron por delante de varios países tradicionalmente considerados más desarrollados.

En esa etapa, la Argentina logró avances que la hicieron competir e incluso superar en velocidad relativa de transformación a países como España, Francia e Italia, y también ubicarse en una posición de liderazgo frente a gran parte de América Latina.

Era decisión estratégica. Mientras algunos sistemas más pesados avanzaban con lentitud burocrática, la Argentina combinaba reformas regulatorias, inversión privada, expansión de infraestructura, innovación institucional y políticas de inclusión digital.

Se trataba de un momento histórico concreto en el que el país entendió anticipadamente la dirección del cambio. Y eso merece ser reconocido.

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Participación del Secretario de Comunicaciónes German Luis Kammerath en el evento

Hoy el continente tiene nombre: internet

Hoy aquel continente ya no es una metáfora. Tiene nombre. Se llama internet.

Y mirando en perspectiva, Argentina fue uno de sus conquistadores más firmes y sólidos. Lo fue por capacidad de adaptación, por talento, por creatividad emprendedora y por una combinación poco frecuente entre políticas públicas modernas e iniciativa privada innovadora.

Mientras muchos países discutían si internet cambiaría algo, la Argentina ya estaba produciendo hitos. Hitos públicos, con programas de inclusión digital e infraestructura. Hitos privados, con empresas capaces de competir en la nueva economía global.

De la política pública al emprendimiento privado

Una de las enseñanzas más importantes de aquella etapa es que el desarrollo digital no nace solo del Estado ni solo del mercado. Nace cuando ambos entienden el cambio de época.

Por un lado, la Argentina impulsaba conectividad, acceso social, regulación moderna, educación digital y nuevas redes satelitales. Por otro, emergía una generación de emprendedores y empresas que veían en internet, más que un experimento, una plataforma para crear valor. Ese cruce fue decisivo.

ElSitio.com, Mercado Libre, Despegar

Antes de que la palabra “startup” dominara el vocabulario empresarial, surgieron empresas que marcaron época.

ElSitio.com representó una primera ola digital latinoamericana con ambición regional.

Mercado Libre demostró que desde el sur podía construirse una plataforma continental basada en confianza, pagos, logística y escala.

Despegar.com entendió tempranamente que internet transformaría la industria del turismo y el consumo de servicios.

Luego llegarían otros unicornios que hoy enorgullecen a la Argentina. No surgieron de la nada. Fueron hijos de un ecosistema que eligió no temer al cambio tecnológico.

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Portada del reporte de Clinton y Gore sobre la política de Reinvención del Gobierno

Una nueva idea de país

Nuestra ambición no fue simplemente mejorar un servicio telefónico o incorporar computadoras, sino modernizar la idea misma de Argentina.

Una Argentina más integrada territorialmente, más federal, más abierta al mundo, más competitiva, más meritocrática en oportunidades, más justa en el acceso al conocimiento.

La geografía no debía condenar. La distancia no debía excluir. La pobreza no debía equivaler a desconexión.

Internet para todos

Toda revolución tecnológica plantea una decisión moral: ¿Será una escalera social o una nueva barrera?

En los años noventa, internet podía quedar reservada a grandes ciudades, sectores acomodados y empresas sofisticadas. Nosotros quisimos otra cosa.

Por eso impulsamos argentina@internet.todos.

El principio era sencillo: si el conocimiento comenzaba a circular por redes, todos debían tener la posibilidad de conectarse.

1.500 CTC y 1.800 bibliotecas

Desplegamos 1.500 Centros Tecnológicos Comunitarios (CTC) en todo el territorio nacional y modernizamos 1.800 bibliotecas populares con internet gratuito, computadoras, impresoras y herramientas digitales.

La primera experiencia con internet para miles de argentinos ocurrió en clubes de barrio, parroquias, comunas pequeñas, centros culturales, museos, universidades, centros de jubilados y barrios vulnerables.

No llevábamos solo tecnología, llevábamos posibilidad.

Escuelas, hospitales y barrios vulnerables

Impulsamos acceso móvil gratuito para maestras rurales, conectamos 12.000 escuelas rurales con contenidos educativos satelitales, desarrollamos hospitales en red e instalamos 2.000 teléfonos públicos sociales en villas y asentamientos precarios.

La inclusión digital era política pública concreta, no un eslogan.

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Evento sobre Reinvención del Gobierno organizado por la Vicepresidencia de USA. Expone Al Gore.

Antes de Starlink: mirar el cielo primero

Mucho antes de que el mundo hablara de Starlink, Kuiper o OneWeb, la Argentina ya participaba activamente en la UIT y adecuaba marcos regulatorios para nuevas redes satelitales.

En ese contexto, se habilitaron proyectos pioneros como Teledesic, Orbcomm, Globalstar y Latinsat.

La Argentina contribuía a abrir tendencias.

Después del foro: cuando ganamos un aliado

Tras mi exposición en Washington, el vicepresidente Al Gore me invitó a su despacho.

Le entregué un DVD sobre el tango y un informe en inglés sobre argentina@internet.todos. Recuerdo especialmente sus buenos deseos para el Presidente de Argentina Carlos Menem y su disposición explícita para colaborar con nuestro programa de acceso digital.

En ese encuentro, la Argentina ganó un aliado.

La verdadera lección de los noventa

La lección de aquella década no es que todo haya sido perfecto. Ninguna década lo es.

La verdadera lección es otra: Argentina puede jugar en la gran liga cuando decide hacerlo.

Puede pensar estratégicamente. Puede moverse antes que otros. Puede atraer atención global por sus ideas. Puede convertir tecnología en inclusión. Puede crear empresas que compiten con el mundo.

El problema argentino nunca fue falta de talento. Muchas veces fue falta de continuidad.

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Hoy el Séptimo Continente, Internet, es más vasto que nunca. Incluye inteligencia artificial, nube, automatización, satélites, plataformas, sensores y datos.

El futuro vibrante que aún es posible

Si aquella generación construyó la agenda de conectividad, la actual debe construir la agenda de inteligencia.

Argentina posee talento científico, creatividad empresarial, universidades sólidas, recursos energéticos y experiencia digital acumulada.

Con visión estratégica podría liderar nuevas fronteras: inteligencia artificial aplicada, educación digital avanzada, ciberseguridad regional, data centers competitivos, economía satelital, conectividad rural total, integración entre ciencia y producción.

El Séptimo Continente sigue abierto

Hoy el Séptimo Continente, Internet, es más vasto que nunca. Incluye inteligencia artificial, nube, automatización, satélites, plataformas, sensores y datos.

La pregunta para la Argentina: ¿Quiere habitar ese continente como protagonista o como espectadora?

Hubo una vez en que eligió llegar temprano. Más rápido que muchos. Más audaz que varios. Con menos recursos que otros pero con ambición y con ideas.

Washington lo vio. Al Gore lo reconoció. El mundo lo escuchó.

Y con 1.500 CTC, 1.800 bibliotecas populares conectadas, escuelas rurales digitalizadas y empresas como ElSitio.com, Mercado Libre, Despegar y otras que vendrían después, la Argentina demostró que el futuro no es solo para los grandes. Es para los audaces.

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Ex Secretario de Comunicaciones de la Nación. Ex Intendente de la Ciudad de Córdoba, 1999-2003.