Akira Kimura: “El manga logra que el lector se reconozca en los personajes y sus emociones”

Kimura

El editor japonés Akira Kimura visita Buenos Aires para la Bienal de Historieta y analiza el presente de la industria, su expansión global y los desafíos del sector.

En el marco de la Bienal de Historieta, que se desarrolla de 14 a 22 en la Casa de la Cultura (Av. de Mayo 575), el escritor y editor japonés Akira Kimura llegó a Buenos Aires para compartir su mirada sobre el manga y su proyección internacional. Su visita se inscribe, además, en los 140 años de la migración japonesa a la Argentina.

Director de Ichijinsha —editorial del Grupo Kodansha—, Kimura ha acompañado el desarrollo de autores y la circulación global de obras. Entre los títulos asociados a su trayectoria se encuentra Wotakoi: Love is Hard for Otaku, uno de los fenómenos recientes que logró expandirse del manga al anime con gran repercusión.

Un lenguaje global basado en la identificación

Para Kimura, el manga se ha convertido en uno de los principales vectores de la cultura japonesa en el mundo gracias a una combinación de acceso, diversidad y calidad. La digitalización permite hoy que tanto el manga como el anime se consuman en casi cualquier país, mientras que la fuerte competencia entre editoriales en Japón ha elevado el nivel de las obras.

En ese contexto, el factor decisivo es emocional. “El manga logra que el lector se reconozca en los personajes y sus emociones”, afirmó. Según explicó, ese vínculo se construye a partir de experiencias universales. “Hay un reconocimiento personal —sentir que uno se parece a un personaje o comprende sus emociones—, una especie de superposición afectiva”, agregó.

A esto se suma la innovación narrativa. Nuevas ideas, formas de pensar y propuestas creativas poco frecuentes a escala global contribuyen a que el manga sea percibido como algo novedoso y atractivo.

Un ecosistema narrativo integrado

El editor describió una industria en la que manga, novelas ligeras y anime funcionan como un sistema interconectado. Las obras que logran popularidad en formato impreso suelen convertirse en anime, lo que incrementa su alcance global, especialmente a través de plataformas como Netflix.

“Cuando una obra ya tiene seguidores, el anime aumenta mucho la probabilidad de éxito comercial”, explicó. A su vez, ese proceso retroalimenta el consumo de los materiales originales y habilita el desarrollo de productos derivados.

En este esquema, cada formato cumple un rol específico, pero todos se articulan dentro de una estrategia de desarrollo de propiedad intelectual. “Hoy no alcanza con que el manga funcione por sí solo; también debe pensarse como base para futuras expansiones”, señaló.

El caso Wotakoi y la empatía generacional

—Wotakoi: Love is Hard for Otaku es una obra que logró cruzar del manga al anime con gran éxito. ¿Qué explica su alcance, incluso fuera de Japón?

—Cuando ese manga apareció, hace unos 10 u 11 años, ser otaku era algo difícil de expresar abiertamente, incluso podía resultar un poco vergonzoso. Sin embargo, ya existían muchas personas que se identificaban con ese mundo. Lo que ocurría es que no había obras donde esos personajes fueran protagonistas; solían aparecer como secundarios. En este caso, la autora del manga, Fujita, los colocó en el centro de la historia. Además, reinterpretó esa identidad como algo atractivo. Creo que esa mirada —mostrar al otaku como una personalidad interesante— generó empatía y permitió que la obra conectara con lectores en distintos países.

Kimura
Akira kimura sirvió como productor ejecutivo de la adaptación al anime de Wotakoi: Love is Hard for Otaku (Wotakoi: Love Is Hard for Otaku).

El proceso creativo: una construcción compartida

—¿Cómo es el proceso de creación de un manga desde la idea inicial hasta su publicación?

—En algunos casos una sola persona hace todo, y en otros hay división de tareas. Pero, en general, cada mangaka trabaja junto a un editor. Ambos funcionan como una unidad: el autor propone ideas y el editor responde, sugiere, orienta. Ese intercambio se repite constantemente. A lo largo del proceso se desarrollan la historia, los personajes y el mundo narrativo. Es fundamental que el protagonista tenga un crecimiento; si no hay transformación, la obra pierde interés. Por eso se incorporan distintos elementos —conflictos, obstáculos, ayudas inesperadas— hasta construir el relato final.

El editor como aliado creativo

—La relación entre mangaka y editor es clave. ¿Dónde está el equilibrio entre orientar y no condicionar?

—El editor debe ser un aliado, casi un compañero. Es importante que haya confianza y comunicación constante. También tiene que pensar en cómo hacer que la obra llegue a más personas. Pero no se trata de imponer. En lugar de decir “esto está mal”, se propone: “quizás podría funcionar mejor de esta manera”. Esa diferencia es fundamental, porque permite que el autor reciba las sugerencias sin sentirse limitado.

Del manga al anime: entre mercado e intuición

—¿Qué define que una obra tenga potencial para convertirse en anime?

—Muchas veces ya se piensa en esa posibilidad desde el inicio, porque una adaptación amplía el alcance. Sin embargo, no es fácil que ocurra. Las obras que venden bien desde el primer volumen tienen más probabilidades. Pero también influye el interés del estudio de animación. A veces, incluso un título con ventas moderadas puede ser elegido porque alguien percibe que funcionará muy bien como anime. En general, cuando el interés surge desde el estudio, las chances de éxito son mayores.

Digitalización, acceso y tensiones

—¿La digitalización democratiza el manga o genera nuevos problemas, como la piratería?

—Plataformas como Manga Plus permiten leer capítulos en simultáneo con Japón, incluso de forma gratuita. Eso amplía el acceso, pero no necesariamente significa una democratización total. También puede generar concentración. En cuanto a la piratería, sigue siendo un problema constante. Las editoriales trabajan para cerrar sitios ilegales y desarrollar estrategias para reducirla, aunque es un desafío permanente en un mercado global.

Inteligencia artificial y creatividad

—¿La inteligencia artificial es una herramienta o una amenaza para el manga?

—Hoy la IA todavía no alcanza el nivel de un mangaka. El manga se basa en ideas inesperadas, incluso extrañas, mientras que la IA produce respuestas dentro de patrones aprendidos. Puede ser útil, pero le cuesta generar originalidad real. Además, hay un problema con la autoría: no está claro de quién sería una obra creada por IA. Por eso, más allá de su avance, será necesario establecer límites claros.

Director de Ichijinsha —editorial del Grupo Kodansha—, Kimura ha acompañado el desarrollo de autores y la circulación global de obras

Condiciones laborales en la industria

—Se habla cada vez más del agotamiento de los mangakas. ¿Está cambiando esa situación?

—Las largas jornadas existen desde hace mucho tiempo. El proceso creativo —especialmente el desarrollo del guion o “name”— depende completamente del autor, y eso hace que los tiempos sean variables y muchas veces extensos. En ese contexto, el editor acompaña para organizar el trabajo y ayudar a acortar los procesos.
Por otro lado, en las etapas técnicas hubo avances importantes gracias a lo digital. Hoy los asistentes pueden trabajar a distancia, intercambiar archivos y optimizar tiempos. Eso ha permitido mejorar ciertas condiciones, aunque el desafío sigue presente.

Diplomacia cultural y vínculos con Argentina

—En el marco de los 140 años de la inmigración japonesa en Argentina, ¿qué rol pueden jugar el manga y el anime?

—Son herramientas muy claras de diplomacia cultural, porque llegan a muchísima gente. Pero no deberían usarse como propaganda directa. En cambio, pueden generar intercambio cultural y económico. No son armas, son entretenimiento, y eso los vuelve positivos. Sería interesante, por ejemplo, crear un manga basado en Argentina. La historia de Lionel Messi en el último Mundial —después de muchos intentos, lograr finalmente la victoria— tiene un gran potencial narrativo. También podrían impulsarse proyectos vinculados al fútbol o a figuras destacadas de ambos países, aunque no siempre sea fácil llevarlos a la práctica.

A lo largo de la conversación, Akira Kimura deja ver una industria en plena transformación, atravesada por la expansión global, la innovación tecnológica y nuevos desafíos laborales. Sin embargo, detrás de ese entramado complejo, persiste una lógica esencial: la construcción de historias capaces de generar identificación.

Entre estrategias editoriales, circulación internacional y cruces culturales, su mirada sugiere que el manga no solo funciona como producto de exportación, sino como un lenguaje que conecta experiencias humanas. En ese cruce entre lo local y lo universal, entre lo íntimo y lo masivo, reside —todavía— la clave de su vigencia.

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Co-fundador de ReporteAsia.