Taiwán enfrenta una de las peores tragedias naturales del año tras el paso del tifón Ragasa, que dejó al menos 17 personas muertas y alrededor de 30 heridas, según informaron las autoridades este miércoles. El fenómeno meteorológico, el número 18 de la temporada, descargó intensas lluvias sobre todo en la costa este de la isla, en especial en el condado de Hualien.
La mayoría de las víctimas eran personas mayores que no lograron evacuar a tiempo y fueron halladas en las plantas bajas de sus viviendas, arrasadas por las inundaciones en el municipio de Guangfu. Los equipos de bomberos de Hualien indicaron que la fuerza del agua sorprendió a muchos residentes sin darles margen de reacción.
El desbordamiento de un lago de barrera en la región agravó la emergencia. Esta acumulación de agua, originada décadas atrás por un deslizamiento, cedió tras las lluvias intensas y provocó que el caudal se desplazara río abajo, causando inundaciones repentinas y cientos de llamadas de auxilio. Los pronósticos advirtieron que la zona afectada podría recibir entre 700 y 800 milímetros de lluvia en un período de cuatro días hasta el jueves.
Los testimonios de los sobrevivientes reflejan la violencia del desastre. Una comerciante de frutas cercana a la estación ferroviaria de Guangfu relató cómo el agua emergió de los desagües y en segundos inundó su negocio, obligando a su familia a huir a la planta superior. Conmocionada, explicó que las corrientes arrastraron estantes y motocicletas eléctricas sin dejarles tiempo de salvar sus pertenencias. Otro vecino contó que el agua alcanzó 25 centímetros dentro de su vivienda, dejando tras de sí una capa de lodo de 10 centímetros cuando finalmente retrocedió.
En un principio, las autoridades habían reportado más de 120 desaparecidos, pero la cifra se redujo a 17 después de que se corrigieran informes duplicados y se lograra contactar a numerosos residentes. Aun así, los equipos de rescate continúan rastreando las zonas más afectadas para confirmar el paradero de los desaparecidos y asistir a los damnificados.
El ministro del Interior, Liu Shyh-fang, señaló la gravedad de los daños ocasionados por el desbordamiento del lago de barrera, que afectó viviendas y obras públicas. Ordenó acelerar las operaciones de rescate, la reparación de servicios y la entrega de ayuda humanitaria con el objetivo de que los habitantes de Hualien puedan retomar la normalidad lo antes posible.
Hasta el mediodía del miércoles, se contabilizaban alrededor de 4.400 hogares sin suministro de agua, siete viviendas sin electricidad y unas 200 familias sin servicio de telefonía fija. Las cuadrillas de emergencia trabajan para restablecer lo antes posible las conexiones básicas y atender a las comunidades aisladas.
Aunque Ragasa no llegó a tocar tierra, su impacto fue devastador. El desastre pone nuevamente en evidencia la vulnerabilidad de Taiwán ante fenómenos naturales de gran magnitud y la necesidad de fortalecer las medidas de prevención y respuesta en regiones expuestas a lluvias torrenciales y deslizamientos.











