La lucha contra la discriminación: Laxmi Badi

Para Laxmi Badi, una mujer de 40 años de Nepal, la discriminación no es nada nuevo. A lo largo de su vida, sus docentes, amistades y vecinas y vecinos han evitado activamente el contacto con ella por miedo a sufrir mala suerte, esto porque pertenece a la comunidad dalit, la base de un arcaico “sistema de castas”, que se extiende a lo largo de varios países del Asia Meridional, por el cual es considerada una «intocable».

En una ocasión Badi visitó un templo para ofrecer sus oraciones, pero las personas de su comunidad se opusieron a este hecho. “Una mujer dalit no contaminará el templo con sus ofrendas”, manifestaron. Una turba se aproximaba amenazando con agredir a Badi.

Sin embargo, en aquella ocasión Badi decidió alzar la voz porque era consciente de que este tipo de discriminación era ilegal y sabía dónde denunciarla.

Armándose de valor, le dijo al sacerdote: “acepte esta ofrenda o presentaré una denuncia por discriminación basada en la casta”. Se preparó para recibir la esperada lluvia de golpes furiosos, pero el sacerdote aceptó su ofrenda sin pronunciar una palabra más.

Poco después de este incidente, Badi se unió a la Organización Feminista Dalit y ofreció apoyo a las mujeres dalit para que criaran ganado y adquirieran independencia económica.

Badi se propuso como objetivo librar la lucha contra la desigualdad cada día, y poco a poco, fue convirtiéndose en un rostro de liderazgo para miles de mujeres.

Como siguiente paso en su trayectoria profesional, estaba ansiosa por dar el salto a la política.

En junio de 2017, Badi ganó las elecciones locales como representante del distrito de su municipio.

En 2020 participó en un programa de ONU Mujeres, financiado por el Gobierno de Finlandia, que proporcionaba capacitación en materia de liderazgo y gobernanza.

La pandemia del COVID-19

En 2020, durante el confinamiento causado por el COVID-19, el municipio de Badi recibió un influjo de trabajadoras y trabajadores migrantes nepaleses que regresaban de la India.

Según el protocolo, las personas migrantes retornadas debían guardar cuarentena durante catorce días en un centro local.

Sin embargo, la aparición del COVID-19 agravó la discriminación preexistente contra la comunidad dalit.

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Las personas pertenecientes a las “castas superiores” en el centro de cuarentena se negaron a permitir que las y los migrantes dalit accedieran a las instalaciones y bloquearon las entradas, alegando que podrían propagar la COVID-19.

Cuando Badi se enteró de lo ocurrido, se dirigió al lugar con un martillo y rompió la cerradura.

Les explicó a las personas que se encontraban allí que cualquiera de ellas, incluidas aquellas pertenecientes a las “castas superiores”, podían dar positivo en una prueba de COVID-19. Les aconsejó que mantuvieran la distancia física y les advirtió de que, si alguna persona ejercía discriminación contra los dalit, las denunciaría a la policía.

También ofreció apoyo a las sobrevivientes de violencia de género en el centro de cuarentena. A puerta cerrada, la violencia contra las mujeres aumentó.

Cuando Badi se enteró de una mujer que en el centro de cuarentena estaba sufriendo malos tratos por parte de su marido, se aseguró de que la víctima recibiera asistencia médica y actualmente aún mantiene el contacto con ella de manera regular para garantizar su seguridad y proporcionarle información sobre sus derechos.

Su imagen política

Los continuos esfuerzos de Badi por abordar la desigualdad le han ganado el respeto en su municipio. Como representante de distrito, su prioridad han sido las personas más marginadas de su región.

Antes de la pandemia de COVID-19, el equipo de Badi acudía puerta a puerta para asegurar que las personas con discapacidad contaban con documentos de identidad y que todas las personas de edad avanzada poseían documentos de ciudadanía, que son necesarios para poder beneficiarse de los servicios.

Badi también facilitó la simplificación de los procesos para que estas personas pudieran acceder a las prestaciones y pensiones estatales mediante la oficina de distrito más cercana a sus hogares.

Además, Badi ha apoyado el despliegue de programas de capacitación para mujeres solteras con el objetivo de que estas puedan generar y mejorar sus ingresos. Durante la pandemia, Badi también se aseguró de que aquellas personas que lo necesitaran recibieran paquetes de ayuda con alimentos y productos sanitarios.

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Ella cree que las cuotas de género obligatorias para los cargos electivos, junto con los programas de capacitación favorables, han maximizado su impacto en la vida pública.

La Ley de elecciones locales de Nepal (2017) exige reservar dos de cada cuatro escaños para las mujeres –uno de los cuales debe ser ocupado por una mujer dalit– en cada distrito de los 753 municipios.

La ley obliga asimismo a que al menos uno de los cargos del poder ejecutivo a nivel municipal esté ocupado por una mujer; en el caso de los ayuntamientos, por ejemplo, la alcaldía o la vicealcaldía debe ser desempeñada por una mujer.

“Sin el sistema de cuotas, no estaría donde estoy ahora”, afirma Badi.

Badi está decidida a crear un entorno propicio para que un mayor número de mujeres de su comunidad acceda a cargos de poder. “La mejora de la situación de las mujeres y la comunidad dalit sólo podrá llegar con un cambio de mentalidad”, manifiesta.

Florencia Masri
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Florencia Masri es co-fundadora de Rimas Producciones, presidente de Falcon Properties, y madre de 6 hijos.